¿Cómo puedo perdonar a alguien que me hizo mucho daño?

Actualizado 19/01/2017 11:48:28 CET
Perdon
EUROPA PRESS

MADRID, 19 Ene. (Teresa Barrera, psicóloga) -

¿Cuándo fue la última vez que alguien te pidió perdón? ¿Y cuándo fue la última vez que te perdonaron? Quizá no nos damos cuenta de la importancia de este acontecimiento. Ahora párate, haz silencio, respira, date un tiempo y di...PERDÓN.

¿Cómo resuena en tu cabeza? y ¿en tu corazón?, es una palabra fuerte. ¿Te trae recuerdos? Probablemente sí. Algunos serán dolorosos, otros traerán a tu memoria una gran decepción, o incluso engaño.

Sin embargo también puede recordarte buenos momentos y sentimientos agradables como aquella vez que te aceptaron con tus limitaciones, aquella vez que después de una gran discusión con tu pareja, padres, hermanos o amigos aceptasteis vuestros errores y un sin fin de situaciones en las que gracias a esta palabra restableciste la relación con otros e incluso contigo mismo.

Ahora párate a entender su verdadero significado. La palabra perdón viene del latín per-donare que significa regalar totalmente. Y así es, el perdón es un regalo al que nos ha ofendido.

Es un cambio en la respuesta hacia la persona que nos ha herido que va de la rabia, rencor o reproche a la aceptación del otro en su debilidad y en su forma de ser.

Este cambio se convierte en un acto generoso el cual permitimos al otro equivocarse y aceptamos lo sucedido, lo que abre la puerta a la reconciliación. Es un cambio que necesitamos hacer con la cabeza para ver con objetividad la situación y con el corazón porque es una disposición interna que incluye nuestros afectos hacia la otra persona.

El perdón es curativo, nos ayuda a aceptar nuestra historia, nuestras heridas y aunque la otra persona no quiera restablecer la relación o incluso no quiera aceptar ser perdonado, no implica que el proceso no sea adecuado.

No podemos obligar al otro a aceptar el perdón pero sí podemos aceptar lo que ha ocurrido y tener la puerta abierta a la reconciliación, la cual eliminará el rencor, el reproche y al aceptar lo ocurrido podremos aceptar el dolor que nos provoca, que irá disminuyendo con el tiempo.

Cuántas veces nos han dicho de pequeños "dale un beso a tu hermano y perdónale". En ese momento ¿Estábamos preparados para ello? ¿Realmente perdonábamos o era lo que nos decían que teníamos que hacer?

Perdonar es un proceso en el cual cada uno tiene un tiempo diferente. No solo basta con decir "te perdono" sino que necesita de una actitud interna de aceptación de lo ocurrido, que requiere de tu voluntad.

Hay quien dice que perdonar es olvidar, esto es un error muy común. No existe el borrón y cuenta nueva. Los hechos que suceden en nuestra vida forman parte de ella, los buenos y los no tan buenos, de todos podemos sacar un aprendizaje y no necesitamos olvidar todo aquello que nos duele.

Tenemos miedo a sentirnos mal, tendemos a querer olvidar todo aquello malo que nos sucede como si al hacerlo parece que todo se ordena y dejamos de sentirnos mal. Sin embargo no podemos olvidar el dolor, precisamente porque para poder superarlo necesitamos hacernos conscientes de él y de por qué nos duele.


¿QUÉ NECESITAMOS PARA PODER PERDONAR?

1- Lo primero es aceptar lo que ha ocurrido, darle su importancia, no ignorarlo. Permítete sentir el dolor, el enfado o la rabia que surge en función del grado del daño recibido. Pero tampoco le des más importancia de la que tiene. Para ello es bueno mirarlo con perspectiva para tener más objetividad.

2- Considera el punto de vista del otro. A veces necesitas ponerte en el lugar del otro para comprender el porqué de lo que ha hecho. Generalmente hay una explicación, pero tendemos a juzgar la intención del otro desde nuestra visión, no desde la suya, ni desde su contexto. No se trata de justificar sino de comprender las circunstancias que han llevado al otro a cometer la ofensa.

3- También te puede ayudar el recordar aquellas veces que te han perdonado a ti. Esto te ayudará a ver tu propia debilidad y reconocer que tú también has necesitado a veces que te perdonen y has recibido ese regalo.

4- Expresa lo que sientes a la persona que te ha ofendido para que se pueda dar un diálogo en el que el otro pueda expresarse también y así puedas comprender mejor la situación. Si la persona no quiere hablar, exprésalo con alguien que te quiera, te ayudará a aceptar el dolor y a sobrellevarlo mejor. No podemos negar el dolor de la ofensa, sería como negar la realidad.

Hay situaciones en las que no podrás expresar lo que sientes a las personas que nos han hecho daño. Bien porque esas personas hayan fallecido y y no estén, o porque el daño recibido por ellas es tan grande que a veces puede percibirse no puedes incluso ni acercarte a ellas. Por ejemplo un maltrato, un abuso.

Quizá debas plantearte si ese dolor es tan fuerte que te resulta imposible de perdonar e incluso genera en ti sentimientos tan fuertes que no puedas aceptarlos. Te recomendaría pedir ayuda profesional para poder analizar lo ocurrido y aceptar que forma parte de tu vida y así también ver las fortalezas que esas situaciones han generado en ti.

5- A partir de aquí entonces puedes decidir perdonar. Pero el perdón no es automático a veces requiere de tiempo según la gravedad del daño recibido. Pero teniendo en cuenta lo anterior puedo poner mi corazón en disposición de perdonar y en el tiempo que yo necesite aceptar la realidad de lo ocurrido, de los sentimientos generados y valorar si quiero restablecer la relación con el otro.

A veces el otro no quiere restablecer la relación. Para esto debes contar con su libertad, pero aunque este no quiera no significa que el perdón no sea verdadero porque la actitud del que perdona ha cambiado y está abierto a la reconciliación.

A veces las ofensas del presente nos recuerdan heridas del pasado y se junta el dolor presente y pasado. Por eso compartirlo con alguien nos puede ayudar a definir realmente lo que nos pasa, a ver que “no pasa más de lo que pasa” y a centrarnos en el presente aceptando también nuestras heridas del pasado como parte de nuestra historia de lo que somos y de las bondades de la vida.

A veces el corazón necesita más tiempo que la razón. Hay situaciones como por ejemplo una infidelidad que necesitan de tiempo y de conductas por parte del que ha cometido la ofensa que ayuden a restablecer la confianza, pero siempre hay que aceptar el dolor de la herida.

No tengas miedo a reconocer el dolor y a expresarlo, acéptalo y compártelo para que la herida causada no se infecte y puedas ver con más claridad los hechos y no mezclarlos con otros acontecimientos de tu vida.

Yo te animo a vivir esa experiencia del perdón como algo nuevo, teniendo en cuenta su verdadero significado, el de regalar totalmente, el de aceptar nuestra limitación y la de los demás. Eso sí, no tengas prisa, tómate tu tiempo para poder hacer ese regalo con la cabeza y con el corazón. Lo mismo te llevas una sorpresa y otros también quieren hacerte a ti ese gran regalo y aún diría más, a lo mejor te lo quieres hacer tú a ti mismo.