MADRID, 13 May. (EUROPA PRESS) -
La Policía ha desarticulado una compleja organización dedicada al tráfico de seres humanos, a la explotación de mujeres, a la comisión de robos y otros delitos contra la salud pública, que se ha saldado con la detención de once rumanos y dos españoles. La red contaba con una amplía infraestructura en Rumanía y España y operaba en varios países de la Unión Europea, según informa el Ministerio de Interior.
Los integrantes de la red compraban y vendían a las víctimas y controlaban al estilo mafioso autovías y algunas calles de ciudades españolas, alquilando estos espacios a los proxenetas de otros grupos, en función de la rentabilidad obtenida por las mujeres en estos lugares.
En uno de los registros efectuados se ha recuperado, entre otros efectos, un violín Stradivarius Cremonensi del año 1715, de gran valor, y han sido detenidos once rumanos y dos españoles. En concreto, la operación ha sido desarrollada por Agentes de la Dirección General de la Policía adscritos a la UCRIF-Central, al Grupo de Operativo Especial de Seguridad (GOES) de la Jefatura Superior de Policía de Cataluña y de la UCRIF de Málaga.
LA INVESTIGACION SE ABRIO EN MARZO
Según señala Interior, las investigaciones se iniciaron el pasado mes de marzo con la detención en Málaga y Castellón de 15 personas, integrantes de un grupo delictivo organizado, y de 46 más por estancia ilegal. Varios miembros de la red lograron huir en un primer momento y se establecieron en la localidad de Castelldefels (Barcelona).
Las investigaciones posteriores realizadas en Cataluña determinaron que estos individuos formaban parte de una organización internacional, con infraestructura en España y en Rumania, cuyos miembros se movían en otros países de la Unión Europea, como Alemania, Suiza, Francia y Holanda. Sus integrantes se lucraban de la explotación, de la inmigración ilegal y de la prostitución de mujeres. A estos delitos habría que unir otros colaterales como falsedad documental, lesiones, amenazas y delitos contra la propiedad.
Además, explica que la organización contaba en varias ciudades de España con lo que ellos denominaban "territorios conquistados" en la calle. Se trataba de lugares donde colocaban y explotaban a las prostitutas, algunas de las cuales eran sus propias novias. En estos territorios, las mujeres eran vendidas o alquiladas por los jefes a otros proxenetas, recaudando semanal o mensualmente por estas prácticas elevadas cantidades de dinero, llegándose así a la máxima expresión de explotación del "trafico de mujeres o trata de blancas".
Así, uno de los detenidos cobraba 300 euros por admitir en su territorio de la autovía de Castelldefels la presencia de una nueva chica.
Otras mujeres eran prostituidas en clubes de alterne de la autovía catalana donde eran llevadas por sus "chulos", obligándolas en ocasiones a vender drogas a sus clientes. De este modo se multiplicaban las ganancias obtenidas por la organización.
VIAJE A ESPAÑA DESDE RUMANIA
La estructura de esta red contaba en Rumanía, con una serie de transportistas que acompañaban a las mujeres hasta España, simulando su entrada como turistas (encargándose incluso de justificar los requisitos exigidos por la legislación de extranjería para entrar en nuestro país). Los captadores recibían un anticipo del proxeneta remitido desde España de 200 euros, con los que habían de pagar la manutención de las chicas, comprarles ropa y conseguirles la documentación para poder viajar.
Dicho viaje a España se realizaba en autobuses "piratas" o en vehículos particulares, utilizando conductores de confianza que dejaban a las chicas en los puntos convenidos. Allí, sus nuevos "dueños" se hacían cargo de ellas dándoles un destino definitivo. Las mujeres de este modo contraían con la organización una deuda que no podían pagar. Las que se revelaban y se negaban a trabajar o no cubrían las expectativas de los proxenetas que eran objeto de amenazas, agresiones físicas y todo tipo de extorsiones.
Según añade Interior en su comunicado, las chicas eran alojadas en casas de alquiler, lejos de sus "chulos", estando siempre vigiladas.
Otra prostituta, que se había ganado la confianza de los explotadores y que hacía las funciones de "mami", controlaba a todas las chicas a su cargo. Esta última recogía el dinero obtenido por las mujeres al final de la jornada y se lo entregaba cada tres o cuatro días al "chulo". Los horarios de trabajo de las victimas eran de unas diez horas diarias, todos los días de la semana.
Los proxenetas transmitían las ganancias a su jefe máximo, Catalín, internado en la Prisión de Topas (Salamanca). Este último marcaba las directrices del "negocio", organizando la llegada de nuevas mujeres y ordenando el ajuste de cuentas de las que ya estaban trabajando para la organización.