Archivo - Hotel Santa Catalina- MANOLO YLLERA - Archivo
MADRID 13 Oct. (EUROPA PRESS) -
Hay edificios que no solo alojan viajeros: custodian la memoria de una ciudad y de una isla. Santa Catalina, a Royal Hideaway Hotel 5* GL, en el corazón del Parque Doramas de Las Palmas de Gran Canaria, es uno de ellos. Inaugurado en 1890 según el proyecto del arquitecto escocés James MacLaren, es el hotel en funcionamiento más antiguo del archipiélago. Tras su rehabilitación integral, se ha convertido en un caso de estudio de cómo el patrimonio puede generar valor económico, cultural y turístico sin renunciar a su esencia.
La reforma no fue un simple lavado de cara. Conservó y rehabilitó los elementos más icónicos del edificio --ejemplo significativo del regionalismo arquitectónico del siglo XX y parte del Patrimonio Arquitectónico y Cultural de la capital canaria-- y los actualizó con criterios contemporáneos de confort y sostenibilidad.
El resultado permite viajar a otra época y, al mismo tiempo, disfrutar de instalaciones de última generación. En 2025 recibió el reconocimiento como Hotel Líder de España en los World Travel Awards, un aval que refuerza su posición en el segmento del lujo español.

UNA NÓMINA DE LEYENDA Y UN PATIO QUE ABRAZA LA HISTORIA
Entre sus muros se han refugiado Gregory Peck tras las sesiones de rodaje de Moby Dick en la playa de Las Canteras bajo la dirección de John Huston, Winston Churchill, la soprano María Callas, Ava Gardner, Agatha Christie, el entonces Príncipe Carlos de Inglaterra, primeros ministros y una larga lista de artistas, deportistas y celebridades internacionales. Todos eligieron el mismo punto de encuentro de la alta sociedad grancanaria, epicentro cultural y símbolo del refinamiento.
El establecimiento fue adquirido por el Ayuntamiento en 1923 y, en 1951, se inauguró el nuevo edificio diseñado por el arquitecto grancanario Miguel Martín-Fernández de la Torre, cuyo sello se conserva hasta hoy. Una de las joyas recuperadas es el emblemático Patio de las Tortugas, uno de los jardines que abrazan el salón principal y ofrecen un retiro natural de relajación en pleno centro de la ciudad.

ARTE EN LAS PAREDES, RESTAURACIÓN COMO COMPROMISO
Lo que diferencia a Santa Catalina de muchos establecimientos de cinco estrellas es su compromiso deliberado y documentado con el arte canario. El proyecto de restauración, dirigido por la restauradora Beatriz Galán, ha tratado lienzos del siglo XIX y murales de la década de 1950 en espacios como el Bar Carabela, el Salón Arencibia y el Salón Miguel Martín-Fernández de la Torre.
La mayoría de las obras pertenecen a Jesús Arencibia, uno de los grandes muralistas de Canarias. A su legado se suman el óleo Roque Bentayga del paisajista Manuel Martín González y lienzos de Santiago Santana, último gran exponente del indigenismo canario.
Como puente entre la parte histórica y la nueva terraza cubierta abierta al Parque Doramas, el hotel incorpora un conjunto de piezas murales del artista contemporáneo Fernando Álamo, Premio Canarias de las Bellas Artes 2014.

UN MOTOR ECONÓMICO DE LUJO REGENERATIVO
Desde la perspectiva económica, Santa Catalina opera como un activo de alto valor para el turismo de calidad en Canarias. Pertenece a Barceló Hotel Group, segundo grupo hotelero de España por número de habitaciones y uno de los treinta mayores del mundo. La estrategia del grupo, articulada en torno a Barceló ReGen, busca maximizar el impacto positivo en los destinos: empleo local, compra de producto de proximidad y reducción de huella ambiental.
La oferta gastronómica es un claro ejemplo de esta apuesta. Poemas by Hermanos Padrón -inspirado en el proyecto pictórico Poema de los Elementos de Néstor Martín-Fernández de la Torre- está dirigido por Juan Carlos y Jonathan Padrón, los únicos chefs de origen canario con estrella Michelin y dos soles Repsol.

Su cocina fusiona ingredientes internacionales y canarios del mar, la tierra y la naturaleza, convirtiendo cada plato en una obra de arte para el paladar. Muxgo, del chef grancanario Borja Marrero, aporta una estrella Michelin y la primera estrella Verde Michelin de Canarias, anclada en cocina de paisaje, huertos propios y respeto a los ciclos naturales.
Estas distinciones no solo elevan el prestigio: generan demanda de proveedores canarios, atraen un perfil de viajero de alto gasto y refuerzan la imagen de Gran Canaria como destino gastronómico y cultural.
La Royal Suite de 50 metros cuadrados, orientada al Atlántico y al jardín de palmeras, con terraza privada, salón independiente y servicio VIP (acceso prioritario a la piscina infinity del rooftop, Pool Concierge y circuito de hidroterapia), representa el extremo superior de la oferta. Completan la experiencia el spa al aire libre, el rooftop con coctelería de autor y actividades que conectan con el territorio: rutas por queserías, viñedos y cafetales, o el Afternoon Tea reinterpretado como homenaje a los orígenes británicos del hotel.
UN REFUGIO QUE SIGUE ESCRIBIENDO SU LEYENDA
En un contexto en el que el turismo de masas genera debates sobre capacidad de carga, el modelo de Santa Catalina --historia viva, arte local restaurado con rigor, gastronomía de territorio y sostenibilidad regenerativa-- ofrece una vía de crecimiento de mayor valor añadido y menor presión sobre el entorno.
La reforma no solo modernizó un edificio centenario: demostró que el patrimonio puede ser rentable cuando se gestiona con sensibilidad cultural, criterio económico y visión de largo plazo. Santa Catalina no es solo un hotel. Es una pieza clave del relato económico, artístico e identitario de Las Palmas de Gran Canaria. La leyenda, lejos de cerrarse, sigue escribiéndose.
