Barcelona en Blanco y Grana: 6 planes para redescubrir la ciudad en las Fiestas de Santa Eulàlia

425 Años De Los Gegants Del Pi
425 Años De Los Gegants Del Pi - OUIGO
Europa Press Turismo
Publicado: viernes, 13 febrero 2026 19:15

MADRID 13 Feb. (EUROPA PRESS) -

Barcelona se detiene este fin de semana para mirar hacia adentro, hacia sus raíces más profundas. Mientras el invierno todavía abraza las calles del Gòtic, la ciudad despierta para celebrar las Festes de Santa Eulàlia, su fiesta mayor de invierno y el secreto mejor guardado de los barceloneses.

Entre el 13 y el 15 de febrero, la capital catalana se transforma en un escenario vivo donde el olor a pólvora de los correfocs, el ritmo de las danzas tradicionales y la solemnidad de los gigantes que bailan bajo la Catedral dibujan un paisaje único. Es el momento de las tradiciones que no entienden de prisas, de las plazas que se llenan de torres humanas y de los rincones históricos que abren sus puertas para rendir homenaje a la 'Laia'.

Para quienes buscan vivir este fervor cultural de cerca, la conectividad actual facilita el viaje gracias a opciones como los trenes OUIGO, que permiten plantarse en el centro de la acción de forma sencilla y económica.

Con todo listo para el disfrute, te proponemos una hoja de ruta imprescindible para exprimir el sabor, el fuego y la historia de una Barcelona que brilla con luz propia antes de que llegue la primavera.

1. Un desayuno con historia: El Aspa de Santa Eulàlia

No se puede empezar la fiesta sin cumplir con el rito dulce. En la Plaça de l'Àngel, la mítica pastelería La Colmena (abierta desde 1849) desprende un aroma irresistible a brioche recién horneado. Solo durante estos días de febrero, sus vitrinas lucen el Aspa de Santa Eulàlia, un tierno brioche azucarado coronado con cerezas confitadas que homenajea el martirio de la copatrona. Es el combustible perfecto antes de perderse por las callejuelas del Gótico.

2. Una efeméride histórica: 425 años de los Gegants del Pi

Este 2026 no es un año cualquiera. El domingo 15 de febrero, el barrio del Pi se convertirá en el epicentro de la emoción. Los Gegants del Pi, una de las parejas más antiguas de Cataluña documentada desde 1601, celebran su 425 aniversario. El desfile conmemorativo, que partirá por la tarde desde la plaza del Pi hasta Sant Jaume, promete ser un despliegue de bailes y comparsas invitadas que pondrá la piel de gallina a grandes y pequeños. Es, sin duda, el acto central de estas fiestas.

3. Almuerzo de cuchara en el restaurante más antiguo

Cuando el frío aprieta en Ciutat Vella, el refugio se llama Can Culleretes. En este icono del siglo XIX, la escudella i carn d'olla es religión. Servida con sus tradicionales galets y un caldo potente que reconforta el alma, es el plato estrella para vivir la gastronomía catalana más auténtica. Comer aquí durante Santa Eulàlia es viajar en el tiempo entre azulejos históricos y el bullicio de las familias que mantienen viva la tradición.

4. Recogimiento y luz en la Cripta de la Catedral

Para entender el origen de la fiesta, hay que descender. Bajo el altar mayor de la Catedral de Barcelona, la luz tenue de la Cripta de Santa Eulàlia ofrece un ambiente casi ceremonial. En este rincón reposan los restos de la joven mártir en un impresionante sarcófago de alabastro. Durante estos días, el espacio adquiere un simbolismo especial, convirtiéndose en el corazón espiritual de las celebraciones y en una pausa de silencio necesaria frente al estruendo de los correfocs exteriores.

5. Cena con aroma a brasa y calçots

Ninguna visita a Barcelona entre enero y marzo está completa sin una calçotada. En el Eixample, la Bodega Restaurante Joan lleva más de ocho décadas siendo el templo del fuego real. Aquí, los calçots se cocinan a la brasa, logrando ese punto ahumado perfecto que se deshace en la boca al mojarlo en su generosa ración de salsa romesco casera. Un ambiente de bodega de siempre para una cena que sabe a tierra y a fiesta.

6. El broche final: Un helado con 'espíritu' catalán

Para terminar el día con un guiño creativo, nos alejamos un poco del centro hacia Tramendu Brasería. Su propuesta para cerrar la jornada es un homenaje líquido y sólido a la vez: el helado de carquinyolis con licor de Ratafía. El crujiente de la almendra tostada se funde con el aroma de las hierbas del licor tradicional catalán, creando un postre que es puro contraste. Es el equilibrio ideal entre la Barcelona que respeta sus raíces y la que no teme innovar.

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