Nueva carbonara en Ginos - GINOS
MADRID 23 Feb. (EUROPA PRESS) -
La gastronomía es, ante todo, un lenguaje vivo. Por mucho que los puristas defiendan las fronteras de los recetarios tradicionales, la cocina siempre encuentra grietas para evolucionar y adaptarse al terreno que pisa. El último capítulo de esta metamorfosis lo protagoniza uno de los tótems de la cucina italiana: la carbonara.
Esta vez, el viaje no es de Roma a Nápoles, sino un salto transpirenaico que aterriza en las dehesas de Salamanca y los campos de La Mancha. La propuesta busca demostrar que la cremosidad del huevo y el carácter del queso pueden encontrar aliados inesperados (y excelentes) en la despensa ibérica.
Bajo la filosofía de tomarse menos en serio las raíces para acercarse al paladar local, la cadena de restauración Ginos ha decidido dar un golpe de timón a su carta. No se trata de sustituir la tradición, sino de enriquecerla mediante un 'guiño español' que eleva la experiencia sensorial a través de productos con sello de origen.
La apuesta se divide en dos caminos donde la técnica italiana abraza el producto patrio.
Linguine con alma manchega: En esta versión, la untuosidad clásica se encuentra con el queso de oveja manchego DOP, que aporta una profundidad de sabor más persistente que el pecorino tradicional. El conjunto se remata con un delicado velo de panceta ibérica de Salamanca, seleccionada por su infiltración de grasa, que aporta un toque crujiente e intenso que rompe la monotonía del plato.
Mafalde, boletus e ibérico: Para quienes buscan texturas más complejas, esta propuesta utiliza la pasta mafalde (de bordes ondulados) para atrapar una salsa donde conviven el Pecorino Romano DOP y la paleta ibérica. La inclusión de boletus añade ese matiz terroso y elegante que convierte una receta de diario en un plato de alta cocina de proximidad.
UN NUEVO POSICIONAMIENTO
Este lanzamiento marca una etapa de madurez para la marca en España. Con su nuevo concepto 'Uno de los tuyos', la enseña busca romper la barrera de "lo lejano" para convertirse en un anfitrión que entiende los gustos locales.
Es, en definitiva, una invitación a disfrutar de la calidad de la materia prima --como esa paleta ibérica de matices profundos-- sin renunciar a la técnica que hace de la pasta un arte universal.
En un mercado gastronómico cada vez más saturado de etiquetas, volver a los básicos con un giro de autor y acento español es, sin duda, una estrategia que promete conquistar tanto a los amantes de la dolce vita como a los incondicionales del producto nacional.