Zielou reabre en Madrid: más espacio, nueva carta y una experiencia que va de la mesa a la coctelería - RUBENDARIO
MADRID 28 Oct. (EUROPA PRESS) -
Madrid recupera uno de sus espacios más singulares para comer, brindar y disfrutar de la noche. Tras dos años cerrado por las obras de la estación de Chamartín, Zielou reabre en el nuevo ático de la estación con una renovación integral: más espacio, una carta centrada en la brasa y el producto, terrazas al aire libre y una coctelería de autor que convierte la visita en una experiencia que se prolonga desde el almuerzo hasta la madrugada.
La nueva etapa llega con una transformación profunda de sus instalaciones, firmada por el estudio de arquitectura e interiorismo Pinopuente. El diseño apuesta por materiales nobles, madera, vegetación y una paleta de verdes profundos, musgo, ocres y tonos otoñales, para crear ambientes cálidos, envolventes y con carácter.
La barra se convierte en el corazón de bienvenida, acompañada por una gran estantería de madera maciza que enmarca las vistas hacia la cocina. El espacio incorpora además un mural de la artista Blanca Nieto, protagonizado por un imaginario cósmico que refuerza la dimensión narrativa y nocturna del lugar.
La versatilidad es una de las grandes apuestas: los interiores y las terrazas pueden adaptarse a cenas íntimas, aperitivos, eventos o noches de coctelería. El restaurante se sitúa en el ático de la estación de Chamartín, un emplazamiento que permite combinar gastronomía con vistas sobre Madrid.
UNA COCINA VIAJERA CON LA BRASA COMO PROTAGONISTA
La propuesta gastronómica mantiene la huella del chef Juan Sánchez y redirige su discurso hacia las brasas de carbón, el respeto por la materia prima y una lectura creativa de recetas reconocibles.
El resultado es una cocina viajera, con referencias castizas, nacionales e internacionales, que busca sorprender sin perder el foco en la calidad del ingrediente.
La nueva carta de 2026 reúne entrantes de producto y gran formato, como las croquetas de jamón Joselito Gran Reserva, las ostras Daniel Sorlut -naturales o al ajillo- y el bikini de cecina de buey con mantequilla francesa, queso tetilla ahumado y trufa.
También destacan las zamburiñas ahumadas al wok con gremolata siciliana y lemon curd francés, las alubias blancas de La Bañeza con bisque de carabineros y gambones al wok, o el tartar de tarantelo de atún rojo de almadraba Gadira con crema de lemongrass y crujiente de tapioca.
Las verduras tienen un papel protagonista en el apartado 'Del huerto a la brasa'. Entre las propuestas figuran el puerro joven a la brasa con romesco de chile adobado y queso Mahón; la alcachofa a la parrilla con ventresca de atún Gadira y crema de apionabo; y los tirabeques a la brasa con papada ibérica y trufa.
El mar llega después con opciones como el rape de tripa negra acompañado de crema de boniato, zanahoria baby a la brasa y cebolla glaseada; la corvina salvaje con verduras a la parrilla y crema de coliflor tostada; o el mero negro de anzuelo con chalota glaseada y ragú de setas al wok.
Los amantes de la carne encuentran una selección de cortes premium: chuleta de lomo bajo de vaca Simmental Prusian Black, chuletón de vaca Frisona Gallega con maduración de entre 50 y 60 días, chuleta de wagyu Ushido, entraña de Angus americano Choice, pollo coquelet marinado y terminado a la parrilla, steak tartar de solomillo de Angus nacional y hamburguesa de vaca dry aged con mermelada de bacon y ron Legendario.
La carta dulce mantiene la misma búsqueda de contrastes y producto. Entre las opciones destacan la tarta de queso Gamonéu del Valle, el flan de huevo de corral con crema montada de toffee, la piña glaseada a la brasa con sopa fría de chocolate y bergamota, y la tarta de chocolate Cayambe.
COCTELERÍA PARA PROLONGAR LA NOCHE
La reapertura no se entiende solo desde la mesa. El nuevo Zielou incorpora una gran zona de coctelería pensada para prolongar la experiencia después de comer o cenar, con mixología de autor como hilo conductor entre la gastronomía y el ocio.
El espacio se concibe como un punto de encuentro que cambia con la luz y la atmósfera: almuerzos tranquilos, cenas alrededor del fuego, copas en la barra o una noche más animada en las terrazas.
Esta vocación de restaurante, terraza y espacio de ocio forma parte de la identidad del ático de Chamartín, que también se ha asociado históricamente a la música en directo y al brunch de los domingos.