Primavera secreta de Japón: templos, rituales y gastronomía reconfortante para redescubrir Tokio sin multitudes - TURISMO DE TOKIO
MADRID 27 Ene. (EUROPA PRESS) -
La ciudad de Tokio ha reforzado su propuesta turística para el arranque de 2026, consolidándose como un destino preferente para el viajero español.
Según los últimos datos de flujo turístico, entre enero y noviembre de 2025 un total de 231.900 españoles viajaron a Japón, lo que representa un incremento del 35% respecto al mismo periodo del año anterior, una tendencia alcista que ya en 2024 registró un crecimiento del 57,3%.
La capital japonesa apuesta por desestacionalizar su oferta mediante una combinación de rituales tradicionales como el 'Setsubun' y la floración de los ciruelos ('ume'), que precede a la popular temporada de los cerezos y ofrece una experiencia más sosegada y menos concurrida.
TRADICIÓN Y NATURALEZA EN FLOR
A principios de febrero, Tokio celebra el inicio simbólico de la primavera con el ritual 'mamemaki' en templos como Zojoji y Sensoji, donde se lanzan habichuelas para atraer la buena fortuna.
En el ámbito natural, el protagonismo recae en los ciruelos, símbolo de resistencia, cuyo máximo exponente es el festival Bunkyo Ume Matsuri. El santuario Yushima Tenjin se convierte en el epicentro de esta festividad, que integra gastronomía local y actuaciones culturales.
Asimismo, la ciudad destaca en estas fechas por la floración de los narcisos en el Parque Kasai Rinkai y por ofrecer las mejores condiciones de visibilidad del monte Fuji gracias al clima seco de febrero. Los miradores de la Tokyo Skytree y del Edificio del Gobierno Metropolitano se posicionan como los puntos estratégicos para contemplar el volcán.
AGENDA CULTURAL Y GASTRONOMÍA DE INVIERNO
La oferta de temporada se completa con mercados tradicionales, como el de cometas en el santuario de Oji Inari Shrine (días 1 y 13 de febrero), y festividades zodiacales como el Hatsuuma-sai (1 de febrero), centrado en la elaboración artesanal de mochis en el santuario Mabashi Inari.
En el plano gastronómico, la capital japonesa potencia sus platos calientes de invierno -oden, nabe y ramen- en barrios históricos como Asakusa, Ueno o Kagurazaka, que en estos meses registran una menor afluencia turística, permitiendo una visita más fluida a museos y centros culturales.