Países bálticos: las nuevas joyas del turismo europeo

Actualizado 07/12/2016 10:23:43 CET
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EUROPA PRESS

MADRID, 7 Dic. (EPTURISMO) -

En su día formaron parte de la URSS, y aunque ya hace tiempo que se integraron en la Unión Europea, el paisaje que ofrecen las repúblicas bálticas se aleja de la idea tradicional de turismo europeo.

Castillos medievales, bosques, iglesias ortodoxas y lagos helados son los tesoros que esconden Estonia, Letonia y Lituania, tres destinos mágicos (y muy baratos) que puedes recorrer en un mismo viaje, ya que el diámetro que los atraviesa es de poco más de 600 kilómetros.

ESTONIA

La capital de Estonia, Tallin, ha sido reconocida Patrimonio de la Humanidad. Cuenta con uno de los mayores cascos históricos medievales que se conservan, colmado de edificios datados entre los siglos XIV y XVIII.

Al suroeste del caso antiguo se encuentra Toompea, un barrio situado sobre la colina del mismo nombre. A 50 metros sobre el nivel del mar, es un mirador perfecto para contemplar la ciudad. No te pierdas sus impresionantes fortificaciones de roca caliza, el Parlamento, el castillo y la catedral ortodoxa Alexander Nevsky.

Además, desde Tallin puedes atravesar el Golfo de Finlandia para llegar en ferry a Helsinki en poco más de dos horas.

Al oeste de la capital puede visitarse Haapsalu, una pequeña ciudad de 12.000 habitantes famosa desde la antigüedad por las propiedades curativas del agua marina y del fango termal.

A principios del siglo XIX se convirtió en un famoso balneario al que acudían los zares y la nobleza rusos, para lo cual se construyó una línea ferroviaria especial desde San Petersburgo, ahora convertida en un museo.

LETONIA

Continuando hacia el sur llegamos a Letonia. El casco histórico de Riga, con sus edificios reconstruidos tras la II Guerra Mundial, ha sido reconocido Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Se trata de una ciudad pequeña y tranquila, atravesada por el río Daugava, que se puede (y se debe) recorrer a pie. El caso histórico y la zona comercial están separadas por el enorme Parque Bastejkalns, que se tiñe de blanco en los meses de frío.

Si dispones de coche, te recomendamos una ruta por el Valle del Gauja, a 80 kilómetros de Riga, y descubrir los pueblos de alrededor.

La ciudad principal es Sigulda, donde merece la pena visitar sus castillos nuevo y viejo para cruzar el río y llegar a Turaida, una parada imprescindible donde disfrutar de las mejores vistas al valle.

LITUANIA

Continuando el viaje hacia el sur nos topamos con Lituania, el más atrasado económicamente de los tres. Pasear por sus calles, donde se mezclan los estilos gótico, renacentista y barroco, puede dar la sensación de estar caminando por Rusia.

El casco histórico de Vilnius, su capital, también ha sido reconocido por la Unesco, tratándose además del centro histórico barroco más grande de Europa del Este.

Siguiendo la línea de Estonia y Letonia, aquí pueden encontrarse multitud de pequeñas iglesias ortodoxas. La mayoría de iglesias cristianas fueron cerradas por los soviéticos, como la Catedral, que en 1950 pasó a utilizarse como garaje para reparaciones de camiones y hasta 1989 no volvió a ser consagrada.

En lo alto de una colina en medio de Vilnius se encuentra la torre de Gedimias, un pequeño pero poderoso castillo rojizo construido por los Duques de Lituania en el siglo XIII que resistió numerosos ataques de los cruzados.

A solo 30 kilómetros de la capital (40 minutos en tren) se encuentra Trakai, una visita tan impresionante como imprescindible. Casitas de madera, ambiente tranquilo e historias de prícipes y dragones: estamos hablando del escenario ideal para los cuentos medievales.

Se trata de un pequeño pueblo de apenas 6.000 habitantes su principal atractivo, el castillo, resalta en una pequeña isla dentro del Lago Galvè.

Y para castillos impresionantes el de Kaunas, la segunda ciudad más grande de Lituania. Actualmente, en el interior de su torre redonda se encuentra una galería de arte.