América Latina, ante el reto de poner a la nutrición en el centro de la agenda pública

Niños con agua en Colombia
MIKE BLOEM/WFP
  
Actualizado 27/05/2017 9:52:53 CET

El director del PMA para la región defiende que invertir en nutrición ahorraría dinero en otros sectores como la educación o la sanidad

El continente se enfrenta a una "doble carga" de desnutrición y obesidad entre su población

MADRID, 27 May. (EUROPA PRESS) -

La nutrición debería estar en el centro de la agenda pública en los países de América Latina, sin embargo los políticos no hablan de ella cuando se acercan las elecciones, centrando su prioridad en la reducción de la pobreza y en sectores como la salud o la educación, cuyos gastos podrían reducirse si los iberoamericanos estuvieran mejor alimentados, defiende el director del Programa Mundial de Alimentos (PMA) para la región, Miguel Barreto.

"En América Latina existe una tendencia a creer que todo pasa por la reducción de la pobreza", subraya en una entrevista concedida a Europa Press, lamentando que "no se aprecia el impacto que el tema nutricional tiene en otros programas a los que se da prioridad, como la salud o la educación".

Sin embargo, según Barreto, se trata de temas que están íntimamente relacionados puesto que un niño que no está bien alimentado tendrá problemas de aprendizaje que no lograrán paliar todas las inversiones públicas que se hagan para fomentar una educación de calidad y su potencial quedará desaprovechado.

Esto es precisamente lo que el PMA ha querido poner de relieve en su reciente informe 'El coste de la doble carga de la malnutrición: impacto social y económico', con el que se ha tratado de cuantificar las pérdidas para el PIB que una mala alimentación tiene para los países.

Así, en el caso de Chile, la pérdida es de 500 millones de dólares al año, un 0,2 por ciento de su PIB, mientras que en Ecuador es de 4.300 millones (4,3 por ciento) y en México asciende a 28.800 millones (un 2,3 por ciento).

"No necesariamente la reducción de la pobreza extrema genera que la gente coma mejor", sino que a medida que la gente tiene más ingresos suele "ir a lo fácil, a lo más rápido, sin valorar los micronutientes" que se ingieren. Como consecuencia de ello, en la región se está produciendo un aumento de la obesidad, que a la larga, según la estimación del PMA, se espera que se convierta en la mayor carga social y económica para la región.

La agencia de la ONU ha constatado que el problema de la desnutrición, tanto por falta de ingesta de micronutientes como de obesidad, es muy alto en las zonas urbanas, mientras que antes los problemas nutricionales se producían principalmente en las zonas rurales.

En la periferia de las ciudades la situación es especialmente compleja y se deteriora rápidamente, lamenta Barreto, ya que "para las familias más pobres la prioridad no es 'qué voy a comer' sino 'cuánto dinero voy a llevar a casa'". Como consecuencia de ello, añade, los niños de estas familias se alimentan con un poco de té, pan o una tortilla, "lo cual da sensación de llenura pero no ofrece una buena nutrición".

Sabrina Quezada/PMA

COSTE DE DESNUTRICIÓN Y OBESIDAD

En el caso de la desnutrición, el coste es sobre todo para la educación, ya que los niños no van a la escuela en las condiciones idóneas para aprender, mientras que en el caso de la obesidad el coste es principalmente para el gasto público en salud, ya que suele ir aparejada con dolencias como la hipertersión o la diabetes, destaca Barreto.

Lo que ha buscado con su informe el PMA, añade, es "poner en valor el impacto económico" que el problema tiene para los países y dar a los gobiernos de la región las herramientas que les permitan promover políticas públicas para lograr el objetivo último del hambre cero.

Según Barreto, los estados tienen la responsabilidad de regular la producción de alimentos, la información que se ofrece sobre estos en el etiquetado, con el fin de que los consumidores estén bien informados de lo que ingieren, y de llevar a cabo "programas masivos de cambio de hábitos" alimenticios entre la población, con el fin de evitar "sociedades hipertensas y diabéticas" en el futuro.

Los países de la región "han invertido mucho dinero" en redes de protección social como los programas de alimentación escolar o las transferencias condicionadas a la asistencia a la escuela o los centros de salud, pero el responsable del PMA advierte de que no se pueden aplicar "recetas iguales para las zonas urbanas y las zonas vulnerables al cambio climático".

Miguel Vargas/PMA

AYUDA CONDICIONADA

En este sentido, Barreto apuesta por condicionar la ayuda para que ésta sea realmente efectiva y pone como ejemplo el caso de Perú, donde 5 millones de personas que habían recibido asistencia durante 20 años no habían cambiado "un ápice" su forma de vida pese a tratarse de una zona proclive a heladas y sequías.

Por ello, añade, es importante condicionar la ayuda por ejemplo al desarrollo de la comunidad y enseñar a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad a "cultivar el agua", a cosechar alimentos más resistentes al cambio climático o la falta de agua y "enseñarles mecanismos de resiliencia".

"Tenemos que volver a las comunidades para que puedan prepararse y recuperarse frente a un desastre natural", sostiene. Esta podría ser la clave, precisa, para el caso del Corredor Seco, una franja especialmente golpeada por las sequías y el cambio climático en Centroamérica. Aquí, Barreto apuesta por involucrar a la población local en lugar de "llevar lo que falta cada año" y enseñarles a subsistir por sí mismas por ejemplo cambiando el tipo de cultivo.

Miguel Vargas/PMA

AGENDA PÚBLICA

"Lo que todavía nos falta en América Latina es colocar el tema de la nutrición y la seguridad alimentaria en la agenda pública. Existe la tendencia a creer que todo tiene que pasar por el tema de la reducción y erradicación de la pobreza, lo cual es bueno pero no es completo", incide el responsable del PMA para la región.

Según Barreto, "cuando hay elecciones en un país de lo último que hablan es de la nutrición o del hambre y eso tiene que cambiar porque lo que estamos mostrando es que si no llegamos ahí todo lo que hagamos será mucho más lento y más peligroso".

En su opinión, el hecho de que el problema del hambre y la desnutrición sea "poco visible" se debe a que afecta particularmente a los niños y "los niños no votan, no pueden manifestarse en las calles...". "¿Quién sale a la calle a hacer una manifestación contra el hambre?", se pregunta.

Así las cosas, apuesta por "fortalecer las redes de protección social del Estado" ya que "en América Latina hay capacidad de los gobiernos porque son países de ingresos medios". "Hay que enseñarles cuáles son las herramientas para que cierren las brechas" existentes, añade, de ahí el que desde el PMA se esté apostando cada vez más por no dar ayuda directa "tradicional" sino transferencias condicionadas o asistencia técnica.

"Tenemos que ser mucho más conscientes de que si no invertimos en nutrición todo lo demás que invirtamos después dará menos resultado. ¿Cómo vamos a exigir una educación de calidad si el niño no está bien alimentado? ¿Cómo vamos a generar una salud integral si las madres no van a los centros de salud porque no tienen ningún tipo de aliciente para ir?", remacha, incidiendo que esto es parte de un "proceso" en el que América Latina "ha avanzado mucho".

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