La adolescencia y la edad del pavo: un reto para los padres

 
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La adolescencia y la edad del pavo: un reto para los padres

¿Cómo Mejorar La Relación Con Mi Hijo Adolescente
EUROPA PRESS
Actualizado 24/11/2016 13:45:51 CET

MADRID, 23 Nov. (Daniel Rama, psicólogo) -

Primera sesión de psicoterapia con Lucas y sus padres. Lucas tiene 16 años. Viene a la consulta obligado. "Todo va a peor, esto no tiene fin. Ya no respeta nada, ni a sus padres. Sólo sale de la habitación para comer con nosotros. No sabemos qué le pasa, sólo habla con nosotros para liarla", comentan sus padres muy preocupados.

Situaciones familiares como la de Lucas son un motivo frecuente de consulta en el ámbito de la psicología. Son procesos en los que los familiares cercanos sufren mucho y los adolescentes también.

Los conflictos en la adolescencia son un tema actual y recurrente en nuestra sociedad, que sigue provocando un intenso intercambio de opiniones entre profesionales del ámbito de la salud mental, científicos, opinión pública, educadores y profesores, padres de familia e instituciones.

En España se conoce con el nombre de edad del pavo (en inglés la expresión equivalente sería "to be at an awkward age"). La expresión hace alusión al conjunto de cambios fisiológicos y de comportamiento por los que atraviesan los adolescentes. Sin embargo, la adolescencia es mucho más que unos simples cambios físicos.

La adolescencia es el momento de cambio del niño al adulto. Normalmente esta etapa se identifica con diversas situaciones: cambios bruscos en el estado de ánimo, baja tolerancia a la frustración, rebeldía, faltas a la autoridad, aislamiento, transgresión de normas, etc. Lucas está viviendo estas situaciones, de ahí su malestar y el de sus padres.

La adolescencia es un proceso de diferenciación del resto. Es el momento de la vida para responderse a la pregunta "¿Quién soy?". El resultado final es el logro de una identidad diferenciada y coherente. Aunque en ocasiones es un proceso problemático.

Analizando la famosa canción de Dani Martín "16 añitos" podemos situarnos en la perspectiva del adolescente llamado "problemático": 16 añitos fiera/me creía el rey del mundo/con mi lema por bandera/lo que digan yo no escucho/No había nadie que pudiera lograr/ que cambiara un poco el rumbo/ Y así fue me rebelé contra todo hasta el sol/me disfrace de uno que no era yo.

Rebeldía que, la mayoría de los adolescentes han llevado a cabo en alguna ocasión, o con cierta frecuencia, conductas insanas como mentir, beber alcohol, fumar, encerrarse en la habitación, no ir a clase, etc. En la mayoría de los casos estas conductas tienden a disminuir o desaparecer con el crecimiento y la salida de esta fase del desarrollo.

El adolescente, explora otros lugares de identificación fuera de la familia. Los "youtubers", los amigos virtuales de las redes sociales, los compañeros del instituto o los amigos del parque son algunas de estas fuentes para ayudarse a responder a la pregunta estrella de quién soy.

Sin embargo, es en la familia donde más se le puede ayudar al adolescente en este proceso. Que los adolescentes y sus padres se distancien es normal. Dicha distancia no tiene porqué ser un problema. Hay que ayudarles en ese proceso de identidad sin separarse de la familia.

Estaba en una terraza con un amigo comentando temas de psicólogos, cuando él me dijo. "Vamos despacio, porque vamos lejos". Cuando un adolescente da problemas en casa, el cambio no suele ser un proceso fácil y rápido, pero sí posible y con buen final. Para ayudarle como padres, hay que responder con acciones concretas y viables para favorecer su desarrollo:


¿QUÉ PODEMOS HACER CÓMO PADRES?·

1.- Intenta reconstruir tu relación con tu hijo. Crea "encuentros individuales". Momentos especiales padre-hijo y madre-hijo haciendo alguna actividad que le interese al adolescente. Sin normas, sin juzgarlo. "Sólo" intenta pasar un buen rato con él.

2.- Evita "sermones". Abandona la postura de "experto". Promueve el diálogo: aunque no compartas sus opiniones, escúchale. Intenta comprenderle y aceptarle.

3.- Atiende a las conductas que a día de hoy haga bien, y "píllale" haciéndolas. "Qué bien que estés ayudando a tu hermano", "Da gusto verte haciendo la cama" o "Sabía que estarías acompañando a la abuela, muchas gracias" pueden ser unos ejemplos. Aunque haga muchas cosas mal, seguro que hay detalles que puedes observar para intentar cambiar tu imagen sobre él.

4.- Reduce el control (interrogatorios, comprobaciones, etc.). Es muy frecuente para nosotros observar que a mayor control de los padres, más resistencia y problemas en casa.

5.- Comunica tus emociones. Eso será un ejemplo para él/ella. "Hoy ha sido un día duro. Estoy súper enfadado", "Me encanta salir a la montaña", "Estoy alegre, al final podemos juntarnos para comer el fin de semana" o "Me frustra tener que traerme trabajo a casa" son algunos ejemplos. Expresa tus emociones positivas y negativas con la mayor normalidad posible.

6.- Haz un acuerdo educativo y normativo entre padres. "Ya lo hemos hablado entre nosotros. Tú hora de llegada son las 23:00". Pactad entre los dos padres las normas/límites/reglas. Si no hay acuerdo entre los padres, el adolescente intentará sacar partido de la situación. Si os ve discutir por la hora de llegada entre las 23:00 y las 23:30, puede que saque beneficio llegando a las 23:30 aprovechándose de la confusión. Es mejor que pactéis la hora sin que él/ella lo sepa, y se lo transmitáis de forma conjunta.

7.- Ayúdale a conocer lo que quieres que haga. No le digas lo que no tiene que hacer. Fomenta sus gustos, preferencias y usos del tiempo libre. "¿Quieres que busquemos grupos para hacer senderismo?, "Voy a ir a clases de pintura, ¿Te vienes?", "He visto que han montado un equipo de baloncesto en tu instituto, tiene buena pinta" o "Vamos a intentar salir a la montaña algún fin de semana ¿Te apetece?". Anímale a practicar algún deporte, a pintar, a leer, a salir al campo, etc. Si te ve haciendo esas actividades a ti, puede que también lo coja como ejemplo.

8.- Exige, con afecto, cariño y apoyo. Los adolescentes que mantienen lazos fuertes con sus padres, que provienen de hogares en los que se supervisan las conductas de sus hijos, son menos propensos a relacionarse con malas compañías. "¿Qué tal estás? Me cuentes lo que me cuentes no te voy a juzgar" o "Estoy aquí para ayudarte, cuéntame lo que quieras" pueden servir como ejemplos. Si favorecemos el diálogo, les damos seguridad para comentar en casa lo que le está pasando en su día a día.

Puede que los hijos adolescentes no presten atención pero aprenden tanto como los futuros adultos que serán.

¿Crees que vuestro hijo o hija tiene un problema? ¿Estáis dispuestos a cambiar vosotros como padres? Estáis a tiempo. Se puede intentar algo diferente. Si no mejora vuestra situación en casa, es recomendable que pidáis ayuda a un psicólogo de confianza.

Como dice Mario Diaz en su canción Gloria Bendita "Una vez quise ser alguien/y acabé siendo yo mismo/intenté volar tan alto/que cobró todo sentido/sin perder el norte andé/ sin perder el hilo/y aprendí a creer en mí /sin pensar en lo que he sido".

La familia es como un barco. En ocasiones alguno de los tripulantes está pasando por un mal momento y eso todos lo sufren. Si todos saben colaborar según sus capacidades y responsabilidad, el barco navegará bien y llegará a buen puerto. Toca ayudar a un tripulante. La familia es un equipo.

Daniel Rama Víctor

Psicólogo

www.doctorcarloschiclana.com

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