Estudio apunta que los jóvenes van de botellón para estar juntos y no sólo para beber

Actualizado 08/02/2016 17:21:07 CET

GRANADA, 8 Feb. (EUROPA PRESS) -

Una investigación de la Universidad de Granada y la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía señala que los jóvenes que hacen botellón están motivados por la necesidad de estar juntos, siendo el beber alcohol "algo accesorio" y advierte de que las administraciones deben tener en cuenta su opinión para solucionar los "excesos" de estas concentraciones juveniles.

Los expertos afirman que esta forma de ocio constituye un fenómeno emergente íntimamente relacionado con las culturas digitales y las redes sociales: los jóvenes quieren estar juntos y configuran sus propios espacios utilizando las redes sociales. "Para ellos, el beber es accesorio, aunque sea lo que más alarma social produce".

Así se desprende de una investigación realizada por Manuel Amezcua Martínez, profesor del departamento de Enfermería de la Universidad de Granada (UGR), y José Palacios Ramírez, del departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Católica San Antonio de Murcia.

Los resultados se recogen en el libro 'Botellón, riesgo consentido. Claves para comprender el consumo colectivo de alcohol entre los jóvenes', editado por la Fundación Index, en colaboración con la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía y la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Granada.

Para llevar a cabo esta investigación, sus autores realizaron un trabajo de campo etnográfico asistiendo a los botellones de Granada y entrevistaron a más de 50 jóvenes en profundidad, así como a grupos focales. Los investigadores también han realizado un análisis documental de la prensa granadina y de documentación histórica.

AL-ÁNDALUS O EL ROMANTICISMO

Los autores han documentado que, desde tiempo inmemorial, en la ciudad de Granada no hay fiesta sin alcohol. "El beber colectivamente es una costumbre que se ha dado en todas las épocas y desde que existen fuentes documentales (incluida Al-Ándalus), habiendo sido la producción de bebidas alcohólicas una de las principales industrias agrícolas y comerciales, y convirtiéndose el beber en algunas épocas (el Romanticismo) en elemento identitario del ser granadino-andaluz", señala el profesor Amezcua.

Con algunos precedentes institucionales, el fenómeno del botellón arrancó con el siglo XXI, generando en pocos años un gran conflicto social que tiene como consecuencia la instauración del botellódromo en la periferia de la ciudad de Granada.

"En el conflicto participan los principales actores sociales, incluidas las diferentes instituciones de la ciudad, pero tradicionalmente se ha silenciado la voz de los jóvenes, que es utilizada como materia de confrontación política --continúa el profesor de la UGR--. La prensa granadina jugó un papel muy importante en la emergencia de una imagen degradada de la juventud, fomentándose la idea de que estamos ante una generación perdida, a la vez que ha consolidado en el calendario festivo una de las acepciones del botellón: la Fiesta de la Primavera".

A juicio de los autores, los jóvenes, mayoritariamente estudiantes, conocen los riesgos del consumo de alcohol, pero consienten en él, dado que le otorgan un sentido lúdico y de plenitud muy acorde con sus expectativas de ocio, aunque en algunos casos tienen dificultades para controlar los límites.

RIESGO CONSENTIDO

Es lo que los investigadores han denominado teoría del riesgo consentido, que les ha permitido desarrollar en la actualidad intervenciones muy creativas en varios centros de enseñanza secundaria de Granada. En ellas participan jóvenes muy sensibilizados y comprometidos con la idea de un consumo responsable, que están siendo capacitados en liderazgo y habilidades sociales para que actúen como agentes educativos con los estudiantes más jóvenes.

Manuel Amezcua defiende que los jóvenes de nuestro tiempo no están predestinados a beber, sino que aprenden a hacerlo en un mundo donde el alcohol es parte de su quehacer cotidiano, bajo una fuerte presión de la industria alcoholera y con las contradicciones propias de un modelo de gobernar el ocio sustentado en la economía de mercado.

"Los jóvenes opinan que las bebidas alcohólicas no deben ser tan malas cuando son tan asequibles. Por regla general, son escépticos ante las campañas de publicidad, dejándose llevar por la opinión del grupo al que pertenecen".

A la luz de los resultados de esta investigación, los mayores riesgos derivados de un uso abusivo de las bebidas alcohólicas, en la opinión de los propios jóvenes, se concentran en el sector de menor edad (13 a 16 años), que adoptan la conducta de "bebida en atracón", mostrándose incapaces de controlar los propios límites.

En conclusión, para los jóvenes, el botellón no es una opción, sino un escenario de exploración. "Ellos son la clave del modelo de ocio del futuro, por tanto se imponen modelos más creativos de acercarse a sus expectativas: despatologizando su conducta, pasando de vigilar y prevenir a politizar el consumo de alcohol, abandonando la prescripción de la abstinencia para incidir en la educación para el consumo, y democratizando los diseños de intervención, que han de considerar necesariamente la opinión y las expectativas de los propios jóvenes".