SEVILLA 26 Nov. (EUROPA PRESS) -
El artesonado renacentista que cubre el techo de la sala de Carlos V del Palacio Mudéjar o del Rey Don Pedro, principal recinto de los Reales Alcázares de Sevilla, luce ya todo su esplendor después de la rehabilitación realizada por la empresa Tratamientos de Conservación y Restauración S.L. durante un periodo de ocho meses y un presupuesto de 118.799,61 euros, según anunciaron hoy el alcaide de este monumento declarado Patrimonio de la Humanidad, Antonio Rodríguez Galindo, y su director conservador, Antonio Balón.
El artesado de madera que cubre la antigua capilla del Palacio Mudéjar fue construido en tiempos del Emperador Carlos V, entre 1541 y 1543, y es para los historiadores uno de los "mejores ejemplos" de los de su tipo en el arte español. La pieza, de madera de pino salgareño o negral teñida con pigmentos-tierra, vino a sustituir a la armadura mudéjar del II tercio del siglo XIV que ornaba la sala desde su construcción, elevándose al piso superior el artesonado sustituido.
Originalmente, esta sala fue la capilla del Palacio Mudéjar, de ahí la filacteria de yeso que contiene una oración eucarística y rodea la puerta de acceso, pero al construir los Reyes Católicos un nuevo oratorio en la planta superior debió desacralizarse este ámbito, quedando para otros usos. La traza de este excelente alfarje, ahora restaurado, se atribuye a Sebastián de Segovia, en aquel tiempo maestro mayor de carpintería del Alcázar sevillano, que también debió dirigir a una nutrida cuadrilla de carpinteros y entalladores, pues son varias las manos o artífices que se reconocen en la talla.
En este artesonado contrasta el temprano orden serliano de su lacunario, tan racional, y la sobriedad del color del conjunto con el acusado movimiento y exhuberancia de la ornamentación de los motivos vegetales, los trece expresivos bustos de los pinjantes y los quiméricos grutescos tallados en el arrocabe.
Esta talla se reparte entre los 75 casetones octogonales que en su encuentro configuran otros cuadrados y menores, todo enmarcado con molduras ricamente talladas, y el friso que coronando los muros enlaza con la techumbre.
Resumidamente, los trabajos de restauración han consistido en la retirada de los abundantes escombros retenidos en la cámara que se conforma entre el trasdós del artesonado y el forjado del piso superior; la minuciosa limpieza del maderamen, --tanto en su cara vista como oculta--; la consolidación química de la madera deleznable por intensos pero inactivos ataques de insectos xilófagos; la aplicación de tratamientos preventivos para evitar nuevos biodeterioros y la restitución de los principales elementos perdidos.
Previa y paralelamente a la ejecución de las anteriores tareas se realizó una exhaustiva planimetría, un completo estudio científico, numerosas catas y ensayos de limpieza y un estudio histórico de cuyas conclusiones, como es habitual, se dará cuenta en el próximo número de la revista Apuntes del Alcázar.