Las hermanas Marta, María y Patricia Redondo representan la cuarta generación al frente de la histórica tienda Víctor Redondo, un establecimiento zaragozano que mantiene viva la tradición del abanico artesanal y otros complementos de moda - EUROPA PRESS
ZARAGOZA 5 Jul. (EUROPA PRESS) -
En pleno centro de Zaragoza, donde el calor aprieta con fuerza durante buena parte del verano, existe un establecimiento que ha sobrevivido al paso del tiempo, a los cambios de moda y a las transformaciones del comercio. La tienda V. Redondo, regentada actualmente por las hermanas Marta, María y Patricia Redondo, representa la cuarta generación de una saga familiar dedicada al mundo de los complementos.
Lo que comenzó Víctor Redondo --bisabuelo de las hermanas-- en 1922 como un taller de fabricación y reparación de paraguas ha evolucionado hasta convertirse en uno de los negocios más reconocidos de la ciudad en la venta de abanicos, sombrillas, bastones, guantes y accesorios de moda.
Las actuales responsables crecieron entre mostradores, tejidos y estanterías repletas de artículos que forman parte de la historia comercial zaragozana. Su conocimiento del negocio no procede únicamente de la formación académica, sino también de toda una vida vinculada al establecimiento familiar.
Según han explicado, los orígenes de la empresa se remontan a la fabricación artesanal de paraguas. En aquellos años se confeccionaban las telas, las monturas e incluso las herramientas necesarias para elaborar cada pieza. Con el paso del tiempo el negocio fue incorporando nuevos productos como bastones y abanicos, mientras que la generación de sus padres amplió la oferta con pañuelos, guantes y sombreros.
La llegada de Marta, María y Patricia supuso una nueva evolución. Gracias a su formación en diseño incorporaron complementos de moda, bolsos y joyería, adaptando la tienda a las nuevas tendencias sin perder la esencia que ha caracterizado al negocio durante décadas.
Aunque la oferta es amplia, hay dos productos que siguen identificando a la tienda ante los clientes: los paraguas y, especialmente, los abanicos.
EL CALOR DISPARA LAS VENTAS DE SOMBRILLAS Y ABANICOS
La actual ola de calor está teniendo reflejo directo en las ventas. Sin embargo, las hermanas Redondo han destacado que el producto que más ha crecido en los últimos años no es el abanico, sino la sombrilla.
Cada vez son más las personas que buscan protegerse de la radiación solar mientras caminan por la calle. Un fenómeno que ya no se limita a personas mayores.
Las responsables del establecimiento han asegurado que cada temporada observan una mayor presencia de clientes jóvenes interesados en este tipo de artículos, especialmente personas con problemas e piel o que simplemente buscan evitar una exposición excesiva al sol.
Los abanicos, por sus parte, mantienen una demanda constante durante todo el año, aunque es durante los meses estivales cuando registran su mayor volumen de ventas, coincidiendo con las olas de calor.
La clientela es muy variada. Mujeres, hombres y personas de distintas generaciones siguen recurriendo a una tienda que ha logrado conservar una importante base de clientes fieles. Muchos de ellos va a comprar porque acudían sus padres o abuelos.
Ese vínculo generacional es uno de los factores que explican la supervivencia del negocio en una época dominada por las grandes superficies y las compras por internet.
EL ABANICO VALENCIANO, UNA PEQUEÑA OBRA DE ARTE
Uno de los aspectos que más cuidan las responsables de Víctor Redondo es la selección de los abanicos que comercializan. Aunque hace años que dejaron la fabricación propia, trabajan principalmente con firmas españolas especializadas, especialmente procedentes de la Comunidad Valenciana.
De hecho, recuerdan que el auténtico abanico artesanal español tiene origen valenciano, una realidad desconocida para muchas personas que lo asocian tradicionalmente con Andalucía.
La variedad de materiales es enorme. Entre las maderas utilizadas destacan el sapeli, el mongoi, el sipo o el peral, aunque este último resulta cada vez más difícil de encontrar debido a la escasez de materia prima y al incremento de los costes de producción.
A estas estructuras de madera se suman tejidos como la seda y el algodón, además de trabajos pictóricos realizados por artistas especializados. Algunas piezas llegan a convertirse en auténticas obras de arte.
Las diferencias entre unos abanicos y otros no dependen únicamente de la madera empleada. También influyen el tipo de acabado, el barnizado, los calados realizados a mano y el prestigio de los pintores que decoran las telas.
Por eso los precios pueden variar notablemente. En la tienda se pueden encontrar modelos sencillos desde unos 16 euros hasta piezas artesanales mucho más exclusivas destinadas a coleccionistas o clientes que buscan un producto singular.
TRADICIÓN, UTILIDAD Y CERCANÍA FRENTE A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
A pesar de la aparición de ventiladores portátiles, dispositivos electrónicos y otros sistemas para combatir el calor, el abanico continúa manteniendo una presencia destacada.
Para la hermanas Redondo la explicación es sencilla: combinan utilidad y estética. "Es ligero, fácil de transportar y permite refrescarse en cualquier momento sin necesidad de baterías ni dispositivos externos", han detallado.
Su uso cotidiano sigue siendo habitual en espacios como el transporte público, terrazas o eventos al aire libre. Asimismo, su componente decorativo lo convierte en un complemento que trasciende su función práctica.
Algo similar ocurre con las sombrillas, cuya popularidad no deja de crecer. Con precios relativamente asequibles y la posibilidad de utilizarlas tanto frente al sol como bajo la lluvia, se han convertido en una alternativa cada vez más habitual durante los meses de verano.
Mientras las modas cambian y los hábitos de consumo evolucionan, la tienda Víctor Redondo continúa demostrando que la tradición también puede adaptarse a los nuevos tiempos.
Cuatro generaciones después de que los primeros paraguas salieran de aquel taller familiar, el negocio sigue abierto. Y lo hace manteniendo la misma filosofía que ha acompañado a la familia durante décadas: ofrecer productos de calidad, conservar la cercanía con el cliente y mantener vivo un oficio que forma parte de la historia comercial de Zaragoza.