Varios actores durante la recreación del funeral de Isabel y Diego, a 22 de febrero de 2026, en Teruel, Aragón (España). Las Fiestas, declaradas de Interés Turístico Internacional, cumplen este año su 30ª edición. - Javier Escriche - Europa Press
TERUEL 22 Feb. (EUROPA PRESS) -
Teruel ha sido testigo este domingo del amor eterno entre Diego de Marcilla e Isabel de Segura, dos jóvenes que descansarán juntos para siempre tras perecer fruto de una pasión arrebatadora a la que no pudieron dar rienda suelta en vida.
Varios miles de personas se han concentrado en las calles y plazas de la capital turolense, escenario de la XXX representación de 'Las Bodas de Isabel de Segura' en una agradable mañana soleada que ha ido cogiendo temperatura a medida que la tragedia ganaba en intensidad.
La villa medieval se ha despertado sobresaltada por la noticia de la muerte de Diego de Marcilla. El ruego no atendido de un beso de despedida entre dos amantes que la vida separó habría desencadenado el drama. Un suceso inexplicable ocurrido la pasada noche que ha cogido a las gentes de Teruel en plena resaca por los fastos de la boda de Pedro de Azagra e Isabel de Segura.
Que si era verdad que regresó al que se daba por muerto, que vino a reclamar lo que consideraba suyo, que si Isabel realmente se desposó engañada, que Diego regresaba dentro del plazo comprometido con su posible suegro...
Del truculento berenjenal se ha dado buena cuenta en el comadreo celebrado en la plaza de la Catedral, donde el cuerpo de intérpretes --integrado entre otros por los rostros conocidos de Jorge Asín y Fran Fraguas-- han divagado sin recato sobre si Isabel se reservaba realmente para Diego --"la que aguarda, marchita" ha apuntado una mujer--, si el primogénito de los Marcilla llegaba a tiempo para unirse a su amada, hasta qué punto se obcecó yendo de noche a casa de los Azagra y cómo perdió finalmente la vida.
Una mujer se ha alegrado de que Isabel no hubiese esperado a Diego como ella hizo aguardó durante ocho años a su Ildefonso, "con seis hijos y emparejado con una mora", mientras los caballeros se han mofado de la posibilidad de que Marcilla hubiese podido morir de pena: "Nadie muere de amor", aunque "heridas tiene el amor que nadie puede ver".
La comitiva fúnebre ha iniciado la marcha desde el paseo del Óvalo al ritmo pausado de los tambores que acompasaban el caminar solemne de los caballeros que portaban a hombros el cuerpo yacente de Diego de Marcilla en medio de un respetuoso silencio del público asistente, únicamente roto por el llorar desconsolado de Constanza, una madre rota de dolor por el fugaz renacer de su hijo y su marcha repentina y definitiva.
El cortejo ha recorrido las calles Nueva y Amargura, Santa Cristina, San Juan, se ha abierto paso por una atestada plaza del Torico y ha completado el trayecto pasando por Yagüe de Salas hasta detenerse en la plaza de la Catedral mientras tocaban campanas de muerte en la torre de San Pedro.
En la plaza han tenido lugar las exequias de Diego, en las que Constanza, rota de dolor, se ha descompuesto sobre el cadáver de su hijo ante la desesperación del resto de la familia Marcilla: "Me arrancaba la vida al anunciar tu muerte pero ahora ya soy tierra para siempre", le ha dicho desconsolada.
Las honras fúnebres han cumplido lo dispuesto por el propio Diego de Marcilla, que al contrario de lo que se acostumbra en la actualidad, debió de prever con todo detalle cómo habría de ser su sepelio --la muerte entonces podía aparecer en cada esquina--.
"Que durante mis honras funerarias quiebren por mí escudos, y se arrastren mis pendones y banderas pintados con las armas de los Marcilla y se hará el cobre de las armas como caballero que fui", dispuso en vida. Así, encabezados por su fiel Esteban, sus compañeros del campo de batalla han ido pasando delante de su lecho para presentar sus respetos al caballero fenecido, golpear sus lanzas contra el suelo y romper en pedazos sus escudos "¡por Tolosa, por Muret y por Teruel!". "Pronto nos veremos en el cielo", se ha despedido uno de los caballeros.
EL ÚLTIMO BESO
En medio del desfile de vecinos que se acercaban a dar el último adiós al malogrado batallador han ido creciendo unas voces a coro: "Isabel, sigue a tu corazón; el amor te espera, dale el beso que le debes". Un eco del que ha surgido decidida una joven velada con un tul blanco hasta subirse al catafalco. Al descubrir su rostro los presentes se han asombrado al reconocer el rostro bañado en lágrimas de Isabel de Segura, confirmando de esta manera los rumores de las horas previas.
La joven, transida de pena, ha abierto el corazón con su canto y se ha arrimado al cadáver de su amado, lo ha acariciado hasta incorporarlo para cumplir con lo que no hizo horas antes, darle el beso que Diego reclamaba. Un gesto recibido con angustiosas persignaciones de los allí presentes, escandalizados por la revelación.
Acto seguido Isabel se ha desvanecido. Acababa de entregar su alma a su amor verdadero y su vida terrenal ya carecía de sentido. Le ha costado darse cuenta de lo ocurrido a un pazguato Pedro de Azagra, que la daba simplemente por desmayada: "¡Que no respira, que está muerta!", ha acabado reconociendo.
Entre gritos lastimeros, Azagra se ha abierto en canal su conciencia: "¿Qué he hecho? No debí obligarla. ¿Cómo me puede pasar esto a mí?, ¿Como pude estar tan ciego!". Una confesión respondida por voces corifeas --"¡Esa mujer no fue tuya!"-- que ha llevado a Pedro de Azagra al acto de contrición de ordenar que enterrasen juntos a los dos enamorados.
"Isabel, te convertí en mi esclava. Os devuelvo la alianza y se la pongo a Diego, que os amaba más que yo", se despide antes de advertir "que nadie se atreva a separarlos.
Y así, echando mano del texto de Santiago Gascón, el amor levantó un templo en Teruel que, ocho siglos después, reúne a miles de personas para revivir una tragedia que trasciende la vida para unir en la eternidad a dos almas: "Cada vez que entregáis un beso a la persona amada, regresan a la vida los amantes", se ha proclamado en la plaza del Seminario, donde el público ha asistido a los versos del Romance del ciego, la Oda a los Amantes y la emoción desde el balcón de Sara Serena y Javier Ibáñez, los intérpretes protagonistas.
Como colofón, los asistentes han dado rienda suelta a la pasión con el beso colectivo, animadas las parejas presentes por el acicate de aparecer en la pantalla de la 'kiss cam'.
A la conclusión de la jornada, la directora gerente de la Fundación Bodas de Isabel, Lorena Muñoz, se ha mostrado encantada del resultado tras reconocer que enfrentaban una edición "compleja" por numerosas cuestiones técnicas y la complicación de la escena sabatina.
"Se ha visto perfectamente, había muchísima gente súper satisfecha con las novedades, con el trabajo de los 200 actores, que ha sido espectacular. Realmente todos los años decimos, bueno, a ver qué hacemos el año que viene para superarlo, pero este año realmente va a ser difícil de superar", ha valorado.
Muñoz ha explicado que con el 'videomapping' en la escena de la muerte de Diego buscaban "mayor dramatismo y profundidad" y tras ver el "espectacular" resultado se pensarán si vuelven a emplearlo en una celebración que afrontaban con la idea de darle "un punto más" tras ser declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.
Al paso adelante también ha contribuido la destreza musical de Sara Serena, actriz que ha dado vida a Isabel de Segura: "Cada año utilizamos los recursos que tiene cada uno de los actores y este año el potencial de Sara Serena había que usarlo. Además, es su forma de expresarse a nivel emocional y a nivel de dramaturgia", ha celebrado.
Los protagonistas de la historia, se han declarado muy felices: "Siento una emoción intensa, creo que ha sido el mejor momento de mi vida", ha reconocido Javier Ibáñez.
"Ha sido amor. Amor infinito. La gente lloraba, nos decía cosas muy bonitas y ver a nuestra gente y a todo el público que ha venido a acompañarnos ha sido precioso", ha expresado la actriz Sara Serena, agradecida a la Fundación por dejarle ser "ella misma" en la interpretación.