Compañeros de la policía de Oprovi: "Ella se atrincheró en el aislamiento"

Publicado 24/10/2018 14:41:15CET

El cabo dice que tuvo motivos para dar parte de ella, pero no lo hizo porque no iba a solucionar nada y estaría él "sentado como acusado"

SANTANDER, 24 Oct. (EUROPA PRESS) -

Compañeros de la agente de la Policía Local de Santander adscrita a la Oficina de Protección de Víctimas de Violencia de Género que denunció a su sargento por supuesto acoso laboral han coincidido en que la mujer "nunca" admitía los cambios que se planteaban o introducían en la Oprovi ni estaba de acuerdo con nada, de ahí los "problemas constantes" en la unidad.

Así, han negado que su superior o ellos mismos le brindaran un trato discriminatorio, como apunta la querella interpuesta, sino que ella se fue "enrocando" en el "aislamiento" al no querer colaborar o participar en las tareas, hasta el punto de que "atrincheró" en esa actitud.

Lo han manifestado así el otro efectivo policial de la Oprovi y el cabo, un mando intermedio entre la agente y el sargento, en la tercera sesión del juicio que se celebra esta semana en la Audiencia de Cantabria y que tras la declaración del acusado, la víctima y los testigos, concluye este jueves, día 25, con las pruebas periciales, informes y conclusiones.

"UN PULSO CONSTANTE"

Además del actual cabo, ha testificado su antecesora en el cargo, que solicitó el cambio urgente de departamento por las "disputas" entre ambos por "discrepancias" laborales, que afectaban al equipo. "Era un pulso constante en el actuar diario", ha resumido.

De este modo, había "mucha tensión" en esas dependencias, lo que además de hacer que no se sintiera "a gusto", le estaba afectando "seriamente la salud".

Su sucesor como cabo de la Oprovi ha explicado que al llegar al cargo su relación con la agente era "normal" y "correcta", pero "hasta un punto" en que se volvió "difícil".

Fue, según ha indicado, a raíz de que él empezó a hacer cambios, que no eran del "agrado" de ella y mostraba "reticencias". Y, a la par, proponía otros diferentes, algunos incluso de carácter "radical", que su superior inmediato no consideraba "apropiados".

Esto dio lugar a un intercambio "un poco agrio" en la oficina, por lo que se acordó proponer una reunión al sargento, que tuvo una actitud "conciliadora" en palabras del cabo y la convocó para el día siguiente.

COMO EL ROSARIO DE LA AURORA

El encuentro se celebró al en unas dependencias municipales y acabó "como el rosario de la aurora", toda vez que derivó en cuestiones "personales" e "insultos". A partir de ahí, la situación empeoró, hasta el punto de que el cabo tenía que hacer un "esfuerzo suplementario" cada vez que daba una directriz o instrucción -a él no le "gusta" emplear la palabra "orden"- a su subordinada.

También ha comentado que la policía tenía "cierta predisposición a ser inspectora de nuestras labores en su ausencia", es decir, que cuando regresaba de periodos largos fuera de la oficina -por vacaciones o bajas médicas- revisaba el trabajo efectuado durante ese tiempo por sus compañeros en busca de "incidencias".

En una ocasión, detectó una docena de "fallos", y el cabo preparó un documento en el que desmontaba cada una de esas "quejas". Ante esto, hizo como cada vez que no le "interesaban los argumentos: se daba la vuelta cantando" y salía de la oficina.

Asimismo, su inmediato superior -que hacía de "pantalla" entre el sargento y la agente- ha cuestionado que ella le remitiera continuos correos electrónicos para informarle de diferentes cuestiones cuando se lo podía decir directamente, pues estaba "a dos metros" de distancia, en una oficina de seis metros cuadrados.

Entre otros extremos, ha asegurado que todos los efectivos de la unidad tenían acceso a toda la información; que si bien había solo dos ordenadores para tres personas era "muy difícil" que coincidieran todos a la vez en la oficina; que había al lado otros disponibles -en el departamento de atestados- a los que cada policía puede acceder con su usuario y contraseña; o que aunque las llaves de los coches que usa la Oprovi estaban en el despacho del sargento, la puerta "siempre" estaba abierta.

También ha considerado "lógico" avisar al inmediato superior cuando se abandonan las dependencias -sea para ir al médico o a tomar un café- y ha precisado al respecto que para salir de la oficina a la calle hay que pasar por delante del despacho del sargento.

SI DOY PARTE DE ELLA, ESTARÍA YO SENTADO COMO ACUSADO

Con todo lo anterior, el cabo ha indicado que nunca dio parte alguno sobre la agente, porque prefiere solventar los problemas de otra manera, hablando. No obstante, y pese a resaltar cualidades de la agente -como que es "tenaz" y "trabajadora"- ha señalado que sí tuvo "motivos" para hacerlo desde el punto de vista profesional, por "reticencias" a la hora de cumplir directrices.

Pero no lo hizo porque, "conociendo su perfil, no hubiera solucionado nada. Estaría hoy yo sentado como acusado", ha remachado a preguntas de las partes ante la sala.

El otro componente de la Oficina de Protección a las Víctima, con más antigüedad que ella en el Cuerpo, ha señalado por su parte que la agente "nunca" estaba de acuerdo con las decisiones que se adoptaban ni admitía los cambios que se introducían, por lo que planteaba otros, que no al resto del grupo no les parecían "operativos".

ERA TODO COMPLICADO

Ha apuntado igualmente que en la reunión concertada para tratar de reconducir la situación que se había creado la denunciante le profirió "insultos" y "descalificaciones", con los que se sintió "humillado", y a raíz de lo cual la relación "empeoró", entre ambos y en el conjunto de la unidad. "Era todo complicado", ha resumido, para indicar que se negaba a cumplir órdenes con expresiones como "no me da la gana".

De todas formas, a preguntas de la fiscal, ha asegurado que el objetivo de los componentes de la Oprovi no era que la agente "se fuera" de la misma, sino que "se adaptara al grupo", para lo que "infinidad de veces se intentó hablar con ella por todos los medios".

DESAPARICIÓN TELÉFONO MÓVIL

Sobre un episodio concreto, la desaparición del teléfono móvil personal de la mujer durante el trabajo que desembocó en una denuncia por robo ante la Policía Local, este efectivo ha señalado que en un primer momento ella le refirió que había "perdido" el terminal, y que tras revisar en el coche y por los lugares donde había estado, dijo que se lo habían "robado".

En esa ocasión no apareció, pero en otra -y según este testigo- la efectiva les manifestó "me han vuelto a robar el teléfono". Sin embargo, después de estar todos los compañeros buscándolo, apareció en un cajón de su mesa, a lo que ella explicó que se lo habrían "escondido" ellos.

A propósito de este episodio, han declarado agentes de atestados que intervinieron en la denuncia, así como de la Policía Nacional, a la que se derivó la investigación.

Un efectivo de este último Cuerpo ha señalado que solicitaron una ampliación del periodo de grabación de las cámaras de seguridad de las dependencias locales, pues el seleccionado para examinar si había entrado alguien en la Oprovi para sustraer el teléfono les parecía "corto".

Este tramo de vídeo inicial lo pidió a la Jefatura el propio sargento encargado de la unidad, que fue también quien contestó a los efectivos nacionales que no podían enviar más minutos de la cinta por "razones técnicas".