Celebración de una misa funeral durante el desconfinamiento por el estado de alarma - H.Bilbao - Europa Press
SANTANDER, 12 May. (EUROPA PRESS) -
Las iglesias de la Diócesis de Santander están retomando esta semana las ceremonias y actos de culto con carácter presencial, suspendidos desde que se decretó el estado de alarma por la pandemia del coronavirus. Vuelven a celebrarse con fieles al haber entrado en la fase 1 de la desescalada toda Cantabria, que cuenta con 610 templos y cerca de 160 sacerdotes.
Así, desde el lunes a primera hora de la mañana se están oficiando de nuevo misas con feligreses, que acceden "con respeto" a las parroquias y, también, "con mucho agradecimiento", pues una persona religiosa "necesita poder celebrar la fe", destacan desde el Obispado en declaraciones a Europa Press.
Y aunque estos lugares no se han llegado a cerrar del todo por el Covid, ya que durante los últimos dos meses se ha permitido el acceso individual de fieles para rezar, algo que ha sucedido con un "goteo constante", ahora pueden entrar más personas a la vez.
Eso sí, no se puede superar un tercio del aforo habitual, que los párrocos tienen que calcular -en función de los bancos de las iglesias y metros libres que no sean pasillos- e informar de la anterior y actual capacidad colocando un cartel en la puerta.
También hay que cumplir las medidas de higiene y seguridad establecidas, como el distanciamiento social, que en este caso es de un metro entre personas.
Desde el Obispado recomiendan además que la gente vaya a misa con mascarilla y que lleve asimismo gel hidroalcohólico, pero "por si no hay" en ese momento en la iglesia, ya que sí se han previsto dispensadores y se van a reponer "constantemente".
De igual modo, se pide a los asistentes "mucha paciencia" al entrar y salir del templo, y que vayan ocupando "con tranquilidad" los bancos habilitados en función del aforo, y siempre de delante hacia atrás.
En este sentido, desde la Diócesis indican que en las iglesias cántabras, "por pequeñas que sean entran cien personas", por lo que ahora, al limitarse el aforo permitido a un tercio de la capacidad habitual, podrían acceder cerca de 40 fieles.
Sin embargo, en las más grandes, con capacidad para hasta 300 fieles, pese a la restricción actual podrían concitarse cerca de un centenar, bien sentados o de pie.
Durante el estado de alarma se han seguido celebrando las eucaristías, pero a puerta cerrada, sin fieles, y se han retransmitido varias veces al día y por diferentes canales, como televisión (Popular tv y otras online, como en la zona del Pas), emisoras (como Radio Meruelo) o redes sociales (Facebook o Youtube), para que la gente las pudiera seguir desde casa.
FUNERALES, BODAS Y COMUNIONES
A partir de ahora, vuelven a ser presenciales, y empiezan a recuperar también cierta normalidad otros oficios, caso de funerales -restringidos al citado aforo del 33%- y velatorios y entierros, limitados en ambos casos a 15 personas como máximo.
En este punto, desde el Obispado apelan al "esfuerzo" de las funerarias para informar en las esquelas de la capacidad permitida en los templos previa consulta al párroco de turno, con el fin de evitar aglomeraciones y, por ende, posibles contagios.
Respecto al confinamiento durante el estado de alarma, desde la Diócesis de Santander aseguran que los ciudadanos han valorado "muy positivamente" que los sacerdotes no hayan "abandonado" a los feligreses.
Destacan que la Iglesia se ha "esforzado de infinitas maneras para estar cerca de la gente", de personas vulnerables, quienes viven solos, pacientes ingresados en hospitales por coronavirus o acompañamiento en los últimos momentos de la vida así como en los entierros, limitados a tres personas, lo que ha impedido "un duelo llevadero".
También se han visto afectadas por la irrupción del Covid otras celebraciones, como bautizos y especialmente comuniones -que suelen concentrarse en mayo- y bodas también.
En el caso del sacramento del Bautismo, la gente está volviendo a preguntar para retomar los suspendidos ahora que la situación está "mejorando".
En el caso de la Primera Comunión, el Obispado dejó las decisiones en manos de los párrocos de común acuerdo con familias y catequistas, y teniendo en cuenta que "lo más prudente" era el aplazamiento, pues hay margen para celebrarlas hasta finales de noviembre y, en su defecto, se pueden posponer hasta el próximo curso, pues este año no van a poder desarrollarse con la normalidad de otros anteriores.
Algunos sacerdotes han propuesto impartir este sacramento a un máximo de cinco niños durante las misas habituales de sábados y domingos, para que no se congreguen en las iglesias más de un centenar de personas. En cuanto a la catequesis, está previsto que se retome en septiembre.
Más complicadas de celebrar son las bodas, que implican además de la ceremonia en sí -el cura y el templo es "lo más fácil de mover"- los banquetes y desplazamientos, incluso a veces entre provincias distintas (de familiares, amigos y otros invitados, entre los que también hay personas mayores, las más vulnerables al coronavirus), además de vacaciones y el viaje de luna de miel.
En un principio, los novios que tenían previsto casarse esta primavera aplazaron la cita a fechas cercanas, como este verano, pero teniendo en cuenta las fases de la desescalada prevista y la incertidumbre ante un posible rebrote muchos "no se atreven" a posponer la boda otra y dar una "tercera fecha".