SANTANDER 26 Oct. (EUROPA PRESS) -
El Servicio Cántabro de Salud (SCS) deberá indemnizar con cerca de 220.000 euros a los familiares de una joven de 24 años que falleció en agosto de 2025 en el Hospital Valdecilla de Santander por una trombosis venosa cerebral que no fue diagnosticada a tiempo, pese a que había acudido reiteradamente a los servicios de Urgencias del centro de salud de Suances y del hospital comarcal Sierrallana de Torrelavega. Este centro llegó a pedir un TAC craneal, pero la prueba no se realizó y la paciente fue enviada nuevamente a su domicilio.
El organismo público sanitario ha reconocido la responsabilidad patrimonial de la administración por la deficiente asistencia prestada, que constituye una negligencia médica. El Defensor del Paciente ha informado este lunes del caso, tramitado por el abogado de la asociación Eduardo Curiel.
La resolución del SCS, de 14 de octubre de 2026, admite que la asistencia prestada "no se adecuó a la lex artis" (el conjunto de reglas técnicas, principios y buenas prácticas a las que debe ajustarse un profesional durante el ejercicio de su oficio) y estima íntegramente la reclamación de la familia, a la que concede una indemnización de 219.723 euros.
Según los hechos recogidos en el documento, la víctima acudió repetidamente durante diez días, desde el 20 de julio de ese año, al centro de salud de Suances y al hospital Sierrallana, aquejada de intensos dolores de cabeza, vómitos persistentes y un progresivo empeoramiento de su estado de salud.
Pese a ello, recibió tratamientos sintomáticos y sucesivas altas médicas, y llegó incluso a ser diagnosticada de gastroenteritis. En la madrugada del 29 de julio, el propio Servicio de Urgencias solicitó un TAC craneal urgente que nunca llegó a practicarse. Apenas hora y media después, la víctima fue enviada de nuevo a su casa.
Al día siguiente fue encontrada tirada en el suelo, desorientada y con una trombosis cerebral masiva. Tras permanecer ingresada en estado crítico en Valdecilla falleció el 14 de agosto.
NO HAY DINERO QUE COMPENSE LA PÉRDIDA.
"Nuestra hija no murió porque no pidiera ayuda. Murió después de pasar diez días pidiéndola sin que nadie descubriera lo que tenía", manifiestan, indignados, los padres de la joven, a través de un comunicado remitido por El Defensor del Paciente.
"Vimos cómo nuestra hija se iba apagando, cómo sufría unos dolores insoportables y cómo empeoraba cada día. La llevamos una y otra vez al médico porque sabíamos que algo grave estaba pasando. Y una y otra vez la mandaron a casa. Lo más indignante es que llegaron a pedirle un TAC urgente y ni siquiera se lo hicieron. ¿Qué más tenía que pasar? ¿Tenía que desplomarse en el suelo para que alguien se tomara en serio lo que le ocurría? Porque eso fue lo que pasó", lamentan, para indicar que "no hay dinero que pueda compensar semejante pérdida".
Por eso, los progenitores quieren explicaciones, que se asuman responsabilidades y que "quienes permitieron que esto sucediera no puedan limitarse a pasar página como si nada hubiera ocurrido". "A nuestra hija ya no nos la van a devolver. Pero su muerte no puede quedar reducida a un expediente y una indemnización*, concluyen.