Aníbal Gómez posa frente a la icónica Iglesia de la Asunción de su orgulloso pueblo, Villanueva de la Jara - EUROPA PRESS / MATEO LANZUELA
Presume de sello propio en todas sus facetas artísticas, desde pinchar discos hasta actuar pasando por la escritura
VILLANUEVA DE LA JARA (CUENCA), 21 (EUROPA PRESS)
Aníbal Gómez (Villanueva de la Jara, 1979) tiene las raíces elásticas, las estira cuando le conviene para recalar en Madrid, o allá donde el ejercicio profesional de su arte le lleve, para siempre regresar después al pueblo. El mismo pueblo en el que pudo conocer la cultura gracias a señores con maleta que alquilaban películas en VHS a domicilio.
Más de cuatro décadas después, se afana en reivindicar la cultura como palanca fundamental donde pueda apoyarse el mundo rural, no sólo de cara a ofertar ocio para todos, sino para seguir inspirando a nuevos artistas incipientes que, por lo reducido o aislado del entorno, a veces no reciben a tiempo a las musas.
"Eso siempre lo he echado de menos. Recuerdo hace años cuando la gente joven decía: 'Vivimos en un pueblo pequeño, pero tenemos derecho a acceder a una oferta cultural'. Para mí, la cultura es necesaria para el crecimiento vital de una persona, para su desarrollo, para que esté continuamente progresando", ha señalado el compositor, músico, pinchadiscos, actor.
Entiende Gómez que, del mismo modo que el acceso a una farmacia, sanidad o a educación, se debería ampliar el acceso a una oferta cultural más completa más allá de las pantallas.
"Soy consciente de que hay muchos pueblos pequeños que no pueden tener una oferta como la de Madrid. Pero deberíamos tomarnos más en serio la cultura. A veces parece algo secundario, pero todos consumimos cultura, todos leemos libros, todos vemos series de televisión o todos contamos un chiste que antes ha sido creado por alguien. Hay que ponerlo en valor", agrega.
Una cultura que, según su argumento, "nunca viene de fuera" y siempre surge desde dentro de las personas, y, por extensión, de los territorios.
EL MATRIX DE LA PUERTA DEL SOL
Las zonas rurales, tal y como defiende Gómez, le ganan muchas batallas a la gran ciudad. "Madrid es a veces un espacio mental. No hay un mismo Madrid para todas las personas, y cada uno lo vive según sus circunstancias. Ir a la Puerta del Sol es un poco Matrix. Miras a un lado y hay gente llorando, miras a otro y hay gente feliz".
Con esa premisa, Aníbal Gómez certifica que a los pueblos les queda vida en la misma medida que mantendrán siempre una utilidad. "La gente necesita ir al pueblo, y los que somos de pueblo sabemos que siempre tenemos un pueblo donde volver, como Penélope", asegura, en alusión al regreso de Raimunda, el personaje de Pedro Almodóvar que quiso 'Volver' a Granátula de Calatrava. "Si tienes pueblo, enhorabuena. Si no, estupendo, porque siempre vamos a recibir a la gente como se merece. Ven a Villanueva de la Jara".
De ahí el eterno regreso de Aníbal a La Jara, un pueblo que le proporciona una "dualidad" infalible. "Primero, es un pueblo precioso, con mucho patrimonio, con una vida muy rica, donde se vive bien. Y por otro, es mi espacio mental. Donde he crecido, donde me he criado, lo que me ha marcado de por vida", asegura.
Dejar todo esto atrás es "imposible", afirma Gómez, quien echa abajo todas las excusas posibles para rechazar un viaje a lo rural. "Santa Teresa fundó un convento en mi pueblo cuando no había AVE. Y no vino de Ávila en dos días", ha zanjado.
"NACER EN UN PUEBLO NO LIMITA TUS INQUIETUDES"
Aníbal Gómez tiene claro que nacer, crecer e inspirarse en un pueblo "con menos de 3.000 habitantes" no impide "que tengas tus inquietudes".
Recuerda en este punto los problemas de acceso a la cultura, rememorando cómo en sus primeros 15 años de vida no podía ir al cine. "El Cine Rex de mi pueblo ya estaba cerrado, pero había videoclub, y para mí fue una puerta para descubrir el mundo".
Empezó entonces a "ver pelis de terror compulsivamente" para constatar que "había gente muy enferma por el mundo que hacía cintas con criaturas monstruosas, con gente matando a gente con machetes, ninjas, karatekas...".
ANÍBAL EN LA JARA, TARANTINO EN LOS ÁNGELES
Eso hacía que la juventud de Villanueva de la Jara tuviera puntos en común con el mismísimo Tarantino, "que se metía en videoclubs de Los Ángeles y se volvía loco". "Y nosotros teníamos eso en un pueblo de Cuenca. Y cuando no, venía un señor con una maleta llena de cintas. Como 'Avon llama a tu puerta'. Como el 'tuppersex'".
Su adolescencia la pasó sin saber "qué era la movida madrileña ni la Ruta del Bakalao" por no haberla vivido en primera persona, pero sí sintiéndola "gracias a poder escuchar esa música".
"Siendo pequeños podíamos sentir lo que sentía la gente de Madrid sin saber qué estaba pasando. Y crecía en nosotros una necesidad de hacer algo creativo con lo que teníamos a mano", finaliza el artista.
"OJETE CALOR ES UNA BROMA QUE SE NOS HA IDO DE LAS MANOS"
Aníbal Ojete y Carlos Calor, los 'alter ego' de Aníbal Gómez y Carlos Areces transformados al subir a un escenario, vienen de llenar míticos espacios musicales en las principales ciudades del país, desde el éxito en el WiZink del pasado mes de noviembre hasta el reventón del Sant Jordi Club esta primavera, un éxito que, según admite Gómez, no tiene una explicación.
Gómez argumenta que si alguien ha tenido que pagar dinero para ver a Ojete Calor, lo primero es "porque tiene buen gusto" y sabe cuáles son sus "prioridades", entre ellas la de "pasarlo bien".
En su calidad de "representante" del grupo, acepta que el recorrido del grupo es "una broma que se ha ido un poco de las manos".
Primero, detalla, "nació la idea, se apuntó cómo iba a ser el disco, los títulos, la portada y el vestuario".
"Pensamos en el mejor nombre para la banda pero 'Los Beatles' estaba cogido. El segundo mejor era Ojete Calor", asevera.
Fue en 2005, hace ya 18 años, cuando saltó la chispa, momento en el que "no se pasaba por la cabeza" llenar un WiZink. "Para eso, te pones IZAL de nombre", bromea. "¿Es algo que se nos ha ido de las mano? Sí. ¿Nos gusta que se nos haya ido de las manos? Mucho.
Canciones en principio diseñadas "para que las escucharan cuatro amigos" que al final suenan para miles de personas, con un "universo Ojete Calor" muy "cambiante" y con un poderoso vestuario, que es "un tema importante". "Por favor, que alguien haga una tesina sobre nuestro outfit."
Más allá, Aníbal Gómez no puede explicar por qué se llenan estadios. "Creo que lo único que ocurre es que la gente necesita pasarlo bien".
Lo cotidiano humaniza el discurso de Ojete Calor, algo que además "sirve para reírse". "¿Cuántas canciones hay de amor y de desamor? No las puedo contar. Son casi todas. ¿Cuántas hay sobre una persona a la que le gusta hablar de las enfermedades que tiene? No hay muchas, y todos esos nichos los recoge Ojete Calor para regalártelos".
"CUANDO VI A WOODY ALLEN ACTUANDO PENSÉ: AQUÍ HAY NICHO PARA TODOS"
Aníbal Gómez cuenta con una amplia gama cromática de disciplinas artísticas, también la de actor, lo que quería ser de pequeño. "No soy un galán, pero veía películas de Woody Allen, que tampoco es muy agraciado, y pensé: 'Aquí hay nicho para todos'".
En todo caso, admite que en todos sus trabajos, sea cual sea la rama, deja siempre la misma firma, dando un sello reconocible a todo lo que hace.
"Es bonito que cada uno se conozca y sepa cuáles son sus límites. Yo no puedo querer pinchar como Carl Cox, soy Aníbal Gómez, y lo que hago me gusta hacerlo desde la verdad. Se me da muy mal hacer algo impostado. A estas alturas, quien ya me conozca, lo notaría", defiende.
Continuando con su faceta de pinchadiscos, abunda en que sus sesiones no se entenderían sin la comunión con el público. "Yo te pongo la música que te mereces. Siempre pongo 'Paquito el Chocolatero'. Ojalá me lleven algún día al Sonar a pincharla", concluye.