Archivo - Fachada del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya y de la Audiencia de Barcelona. - David Zorrakino - Europa Press - Archivo
BARCELONA, 9 Oct. (EUROPA PRESS) -
El piloto de helicóptero británico acusado de matar a un hombre de 38 años durante una fiesta 'chemsex' en una masía de Vallgorguina (Barcelona) en 2023 ha asegurado que en el momento del crimen "estaba convencido de que estaba siendo vigilado por un público" y que había gente que quería sumarse al encuentro sexual sin su consentimiento.
Así lo ha explicado este jueves en la segunda sesión del juicio con jurado popular en la Audiencia de Barcelona, donde ha recordado que conoció a la víctima hace 5 años a través de una aplicación online en el marco de un "intercambio de negocios", en alusión a que el fallecido prestaba servicios como 'scort'.
Ha reconocido que en casi todas las ocasiones en las que se citaron, siempre en España, mantuvieron relaciones sexuales en las que ambos consumieron drogas, en concreto GHB y metanfetaminas, sustancias que el finado se encargaba de conseguir y que él pagaba.
Sobre el viaje en el que se produjo el crimen, ha dicho que acordaron que le pagaría 285 euros para que comprase las drogas y 300 euros por los servicios sexuales, que la víctima accedió y lo recogió en el aeropuerto de Barcelona el 16 de febrero de 2023, desde donde se trasladaron a la masía de Vallgorguina.
Allí, reconoce que consumió voluntariamente metanfetaminas y GHB, que lo hizo en mayor cantidad que el fallecido --aunque lo habitual hubiese sido que lo hubiesen hecho juntos-- y que se en un momento determinado se dio cuenta de que había una cámara que los grababa, porque tenía un piloto rojo encendido.
Aunque esta cámara de videovigilancia había sido instalada por la víctima por cuestiones de seguridad y antes de mantener relaciones procedió a apagarla, este jueves el acusado ha asegurado que pensó que su encuentro íntimo estaba siendo retransmitido sin su conocimiento ni consentimiento.
"ME TENGO QUE PROTEGER"
Ha relatado que, cuando se estaba tomando una bebida energética y tras haber mantenido relaciones sexuales, comenzó a sentirse extraño y que se produjo una situación "rara" en el baño, en la que la víctima le preguntó si estaría dispuesto a ponerse unas calcomanías y ropa interior rosa, a lo que él accedió aunque se sentía incómodo.
Una vez en el salón, sostiene que la víctima lo agarró por las axilas y lo arrastró hasta el centro de la estancia, donde quedó tumbado boca arriba, y que allí escuchó "un ruido muy distinto de otro hombre excitado sexualmente, como respiros profundos", lo que le hizo pensar que quizás había alguien en el exterior de la casa.
Ha asegurado que le pareció que la víctima tuviese algo en las manos que estaba escondiendo: "Tuve internamente una sensación que quemaba. Sospecho que el lubricante fue mezclado con la droga. Me asusté porque no había dado ningún consentimiento".
Tras preguntar por qué se sentía así si no había consumido más GHB, sostiene que la víctima abandonó el salón y apareció de nuevo con instrumentos médicos: "En el momento en el que quiso medir mi respiración empecé a considerar la situación de que me había puesto droga sin mi consentimiento. Fue una propuesta bizarra. Me dio miedo".
Ha subrayado que relacionó todos estos episodios y empezó a pensar que había gente en el exterior del domicilio de la víctima que se iba a sumar a una situación sexual sin su permiso y, posiblemente, en un estado en el que él estuviese inconsciente y que en ese momento pensó: "Me tengo que proteger".
Por eso, fue a la cocina, cogió un cuchillo y, tras decir que la situación le daba miedo, ordenó a la víctima que se alejara de la puerta, pero sostiene que ésta se negó, que no mostró ningún tipo de empatía hacia él y que comenzó a hacer señales con las manos "como de una cuenta atrás", lo que le hizo creer que había cámaras escondidas en el salón y que se estaba comunicando con alguien en el exterior.
En un intento de retomar el control de la situación lo inmovilizó y, como la víctima trataba de zafarse, lo apuñaló, aunque sin recordar cuántas veces ni en qué partes del cuerpo: "Mi instinto me dijo que estaba en graves problemas".
"Estaba convencido de que había más gente involucrada en esta situación fuera de aquel salón", ha asegurado, y ha dicho que si no llamó a la policía fue porque estaba conteniendo a la víctima físicamente y que por eso ésta no era una opción.
Sostiene que estaba convencido de que le habían tendido una trampa y de que lo habían drogado sin consentimiento, por eso, ha dicho no sólo no sentir responsabilidad sobre lo ocurrido, sino haber sido víctima: "Tengo la sensación de que no he sido responsable de esto".
20 AÑOS
La Fiscalía pide 19 años de prisión por un delito de asesinato con alevosía con la atenuante analógica por el consumo de sustancias estupefacientes, mientras que la acusación particular solicita un año más de cárcel al no apreciar circunstancias modificativas de la responsabilidad penal.
El ministerio público también solicita 5 años de libertad vigilada una vez cumplida la pena privativa de libertad, durante la cual se someta a un tratamiento de deshabituación a las drogas y a un curso de educación sexual vinculado con el uso de estupefacientes.
En concepto de responsabilidad civil, solicita indemnizar con 400.000 euros a la hija del fallecido (que tenía 9 años en el momento de los hechos), con 50.000 a cada uno de los padres y con 30.000 a su hermana.