BARCELONA, 16 Sep. (EUROPA PRESS) -
Un traficante arrepentido ha reconocido en juicio en la Audiencia de Barcelona haber participado junto a tres guardias civiles y otros en una estafa en junio de 2001 a un 'narco' haciéndole creer que los cuatro kilos de cocaína que le habían comprado había sido intervenida por la policía, con el fin de vender ellos la droga por su cuenta.
En su interrogatorio en la vista que ha comenzado este miércoles, y que el presidente del tribunal ha interrumpido en varias ocasiones ante los enfrentamientos verbales entre el arrepentido y otros encausados, Juan Pedro L. ha acusado a los guardias civiles Roberto de P., Cristóbal L. y Antonio S., que se enfrentan a ocho años de cárcel por un delito contra la salud pública.
Juan Pedro L. ha relatado que el grupo de traficantes --Javier S., Daniel R., David B. y él-- compró la droga a un 'narco' colombiano valorada en 20 millones de pesetas, que se la entregó en un centro comercial de Gavà (Barcelona) pero consiguieron que no le cobrara al momento gracias a buenas referencias y a un par de reuniones.
De los cuatro kilos, la banda se quedó con tres y medio, y el medio kilo restante lo mezclaron con harina e hicieron de nuevo cuatro paquetes, que metieron en un Audi A3 robado que aparcaron en un cementerio en las proximidades de Parets del Vallès (Barcelona), con el fin de simular que la Guardia Civil la incautaba y que al publicarse en prensa el hallazgo del coche el 'narco' se resignarse a no cobrarla.
El traficantes arrepentido ha explicado en juicio que el lugar dónde había que poner la droga para que la Guardia Civil la incautase lo decidieron los agentes Roberto de P. y Antonio S., según le dijo Javier S.
Tras la incautación, la banda se puso en contacto con el 'narco' colombiano y le contó que habían tenido que escapar de la policía dejando el coche con la droga y para convencerlo le enseñaron un ejemplar de la 'Revista del Vallès' que publicaba la aparición del coche en el cementerio, todo ello con el fin de convencerlo de que no podían pagársela.
De la venta de los tres kilos y medio que se quedaron se ocupó David B., que entregaba el dinero a Javier S. y este se encargaba de repartirlo entre todos, siempre según la versión que el traficante arrepentido ha dado en juicio, en la línea de lo que ya había declarado anteriormente y que es la base de la acusación de la Fiscalía.
CONFESIÓN Y AMENAZAS
Al preguntársele en varias ocasiones por qué ha confesado, Juan Pedro L. ha explicado que se siente obligado a contarlo, que intentó apartarse del resto de la banda, que nadie le ha prometido nada por su confesión, que recibió amenazas por haberse arrepentido, y también ha negado haber sido confidente de la policía.
Estos tres guardias civiles ya fueron juzgados en 2012 --junto al resto de los que se sientan ahora en el banquillo-- acusados de participar en el robo de un contenedor con unos 200 kilos de cocaína en el Puerto de Barcelona, aunque los policías fueron absueltos al no quedar probada su connivencia con traficantes para montar redadas falsas y vender luego el material.