BARCELONA, 12 Dic. (EUROPA PRESS) -
El experto del Centro de Información y Documentación Internacionales en Barcelona (Cidob) Jordi Moreras ha lamentado que Daesh gana "la batalla de las imágenes" a Europa, presentando con orgullo un mecanismo de eficiencia bélica que atemoriza, comparable a la propaganda nazi, mientras que los países occidentales no consiguen hacer llegar los mensajes con la misma fuerza.
"El terrorismo no se acaba con bombas, se acaba con ideas", banalizando los objetivos y desmontando argumentos, ha explicado en una entrevista con Europa Press el profesor de Antropología en la Universitat Rovira i Virgili (URV).
Moreras ha asegurado que la radicalización no se puede comprender desde el punto de vista del Islam, y para entenderla "es mejor aprender sociología que no teología", ha observado, al hilo de su artículo del Cidob '¿Por qué unos jóvenes se radicalizan y otros no?'.
Daesh y sus derivaciones --como los jóvenes europeos-- carecen de lógica religiosa y, según Moreras, "ni siquiera son capaces de explicar los cinco fundamentos del Islam", pero han visto en la religión un mecanismo de reconstrucción identitaria.
El experto ha observado que la culpa de la radicalización de jóvenes europeos "está repartida", y ha llamado a rechazar planteamientos simplistas y a recomponer los factores: influye el fracaso en la integración social y la pérdida de cualquier vínculo con la sociedad de la que se forma parte, así como el factor del desequilibrio emocional, muy importante.
"Todos nos hemos formado para entrar en el mercado laboral, pero ahora no podemos garantizarlo ni a nuestros hijos", ha reflexionado, y ha avisado de que señalar la radicalización de algunos jóvenes como el mayor problema y como un hecho externo, implica aceptar que el resto del sistema funciona bien.
RACISMO ESTRUCTURAL
En España no existe una estructura social como son las periferias urbanas francesas, de las que salieron los jóvenes que atentaron en París, pero sí que existen "principios de discriminación", un racismo vernacular y estructural que hace muy complicado integrarse y fastidia, visible por ejemplo en calificativos de uso generalizado y que expresan rechazo, como 'moro'.
Este rechazo social se suma en algunos casos con elementos como la precariedad familiar, la precariedad de la comunidad y un sistema que no garantiza un futuro a los jóvenes.
Moreras ha dicho que la tendencia a un salafismo doctrinal, que se endurece e insta a cuidar la religión, es una manera de combatir la violencia, y ha reiterado que "de lo primero no se pasa a lo segundo".
LAS FAMILIAS, CLAVE
"Las primeras víctimas de la radicalización son las familias musulmanas, que ven como sus hijos se pierden, literalmente", ha afirmado, y ha llamado a reflexionar sobre qué ha pasado en este colectivo que viene de la inmigración, que se ha encontrado sin mecanismos para entender y codificar la sociedad europea.
El desfase generacional alienta la desvinculación, sobre todo por la interacción diferente que mantienen con la sociedad europea: mientras muchos padres tienen el 'síndrome del reloj parado' --la mente y el corazón en el país de origen--, los hijos se encuentran con un referente europeo más potente que el capital referencial familiar, que está desubicado y no los ayuda.
"Hablamos de jóvenes nacidos en Europa que no se sienten europeos", ha dicho, y ha cuestionado qué significa ser europeo, donde hay multitud de culturas e identidades.
Algunos países han iniciado un sistema "muy potente" de contrapropaganda, a través del relato de esperanza perdida de jóvenes que han vuelto de luchar con Daesh y evitan que otros se unan, pero ha lamentado que ve complicado que en España puedan hacer este servicio social porque se detienen inmediatamente por haber cooperado con el grupo terrorista.
Moreras ha puesto en valor el papel de las emociones, mecanismos que "mueven a las personas" y las hacen vincularse a colectivos y, en el caso de jóvenes radicalizados, lleva a luchar en una situación en la que solo cabe la victoria o la muerte, ha remarcado.