Antiguos suelos fósiles enterrados podrían contribuir al cambio climático

Actualizado 26/05/2014 10:34:34 CET
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MADRID, 25 May. (EUROPA PRESS) -

Los suelos que se formaron en la superficie de la Tierra miles de años atrás y que ahora están enterrados profundamente son ricos en carbono, lo que da una nueva dimensión al ciclo del carbono de nuestro planeta. El hallazgo es importante porque sugiere que los suelos profundos pueden contener reservas de carbono orgánico enterradas hace tiempo que podrían, a través de la erosión, la agricultura, la deforestación, la minería y otras actividades humanas, contribuir al cambio climático global.

"Hay una gran cantidad de carbono en las profundidades donde nadie está midiendo", alerta Erika Marin-Spiotta, profesora asistente de Geografía en la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, y autora principal del nuevo estudio, publicado en la edición del domingo de 'Nature Geoscience'. "Se suponía que había poco carbono en los suelos más profundos. La mayoría de los estudios se realizan en sólo los 30 centímetros superiores. Nuestro trabajo muestra que estamos potencialmente subestimando groseramente el carbono en los suelos", añade.

El suelo estudiado por Marin-Spiotta y sus colegas, conocido como el suelo Brady, se formó entre hace 15.000 y 13.500 años en lo que hoy es Nebraska, Kansas y otras partes de las Grandes Llanuras, en América del Norte. Se encuentra a seis metros y medio por debajo de la superficie actual y fue sepultado por una vasta acumulación de polvo transportado por el viento conocida como loess, que comenzó hace unos 10.000 años, cuando los glaciares que cubrían gran parte de América del Norte comenzaron a retirarse.

La región donde el suelo Brady se formó no era glacial, pero sufrió un cambio radical conforme los glaciares del Hemisferio Norte retrocedían provocando un cambio abrupto en el clima, que incluyó modificaciones en la vegetación y un régimen de incendios forestales que contribuyó a la captura de carbono que el suelo enterró rápidamente por la acumulación de loess.

"La mayor parte del carbono se derivó del fuego o carbono negro", señala Marin-Spiotta, cuyo equipo empleó una serie de nuevos métodos analíticos, incluyendo espectroscópicos y análisis isotópicos, para analizar el suelo y su composición química. "Parece que hubo una cantidad increíble de fuego", describe esta experta.

El equipo de investigadores también encontró materia orgánica de plantas antiguas que, gracias a la espesa capa del material geológico sedimentario loess, no se habían descompuesto totalmente. El rápido entierro ayudó a aislar el suelo de los procesos biológicos que normalmente destruyen el carbono en el suelo.

Este tipo de suelos enterrados, según el profesor de Geografía de la Universidad de Wisconsin-Madison y coautor del estudio, Joseph Mason, no son exclusivos de las grandes llanuras y se producen en todo el mundo. El trabajo sugiere que el carbono orgánico fósil de suelos enterrados es general y, como los humanos alteran cada vez más los paisajes mediante distintas actividades, se trata de un potencial contribuyente al cambio climático.

El elemento carbono se presenta en muchas formas y ciclos a través del medio ambiente: la tierra, el mar y la atmósfera, como el agua a través de la tierra, los océanos y el aire. Los científicos han sabido durante mucho tiempo sobre la capacidad de los suelos de almacenar carbono, el potencial secuestro de carbono y que el carbono en el suelo puede ser liberado a la atmósfera a través de la descomposición microbiana.

El suelo enterrado profundamente estudiado por Marin-Spiotta, Mason y sus colegas, es una lengua de tierra negra de un metro de espesor muy por debajo de la superficie actual, lo que la convierte en una cápsula del tiempo de un entorno pasado, proporcionando una instantánea de un entorno en un proceso significativo de cambio por un clima en transición, explican los investigadores.

El retroceso de los glaciares marco un mundo en proceso de calentamiento y, probablemente, contribuyó a un entorno cambiante mediante el establecimiento de las bases para un mayor periodo de incendios forestales. "El mundo se estaba calentando durante el tiempo en el que se formó el suelo Brady --asegura Mason--. Las hierbas de la pradera de la estación cálida estaban aumentando y su expansión en el paisaje estaba casi seguro relacionado con el incremento de las temperaturas".

Igualmente, puso en marcha una era en la que el loess comenzó a cubrir grandes áreas del antiguo paisaje. Esencialmente formados por polvo, los depósitos de loess pueden ser espesos, de más de 50 metros de profundidad en algunas partes del medio oeste de Estados Unidos y áreas de China. Cubren grandes áreas, incluso cientos de kilómetros cuadrados con metros de sedimentos.

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