MADRID, 24 Dic. (EUROPA PRESS) -
Científicos de la Universidad de Johns Hopkins (EE.UU.) han
demostrado, por primera vez, que las células grasas primitivas deben
copiarse a sí mismas al menos dos veces antes de que puedan madurar
completamente como células almacenadoras de grasa.
El hallazgo, que se publica ahora en la edición online de la
revista "Proceedings of the National Academy of Sciences" (PNAS),
puede proporcionar nuevos objetivos para comprender y tratar la
obesidad. Igualmente, las conclusiones de este trabajo ayudar a
explicar cómo el organismo se asegura de poder almacenar grasa, una
clave de la supervivencia cuando escasea el alimento.
Al necesitar una célula grasa primitiva para copiarse a sí misma
al menos dos veces antes de madurar y sin poder dividirse más, la
naturaleza asegura una reserva de células dispuestas, indican los
autores del trabajo. Mientras que la proliferación de estas células
se reconoce desde hace tiempo, esta es la primera evidencia de que
esas divisiones son necesarias para la maduración de las células
grasas.
Al estudiar la células grasas primitivas de ratones en el
laboratorio, el equipo de investigadores descubrió que los genes
necesarios para almacenar la grasa se activaban tras, al menos, dos
ciclos de división celular.
Interfiriendo con la división celular en varios puntos del ciclo
evitaba que las células maduraran. Cuantas más calorías que se
ingieren son quemadas las células grasas existentes fabrican y
almacenan más grasa. Sin embargo, el organismo también recoge algunas
células grasas primitivas -preadipocitos-para madurar, lo que aumenta
la capacidad general de almacenar grasa, según los investigadores.
Si los preadipocitos no pueden o no maduran, los científicos creen
que el organismo puede no ser capaz de almacenar grasa extra. Pero
aún queda por ver qué efectos puede tener esto en el peso, en el
apetito y en la salud.