MADRID, 12 Feb. (EUROPA PRESS) -
Los cambios relacionados con el estrés en el ritmo cardiaco y la
presión sanguínea de una mujer embarazada, junto con la ansiedad
crónica, pueden afectar al ritmo cardiaco de su hijo en desarrollo.
Éstas son las conclusiones de un nuevo estudio realizado por
investigadores de la Universidad de Columbia en Nueva York (EE.UU.) y
publicado en la última edición de la revista Developmental and
Behavioral Pediatrics.
Pese a que el estudio no informa sobre ningún efecto negativo en
la salud fetal, los hallazgos confirman que los cambios con base
emocional en la actividad cardiovascular pueden tener efectos en
tiempo real en el feto.
Estudios anteriores han mostrado que el estrés durante el embarazo
puede aumentar el riesgo de que el niño nazca con poco peso o que
nazca prematuramente, si bien cada vez más evidencias indican que el
estrés durante el embarazo puede "reprogramar" el medio ambiente
fetal de muchas formas que atañen al comportamiento del bebé y a su
rendimiento en fases posteriores de su vida, según los autores del
presente estudio.
En los análisis realizados se hizo un seguimiento de 32 mujeres
embarazadas en el tercer trimestre, antes durante y después. Se
observó que el ritmo cardiaco fetal durante el tests del estrés tenía
relación con el nivel general de ansiedad de la madre.
Por otra parte, la actividad cardiovascular de la madre y su nivel
general de ansiedad se asociaban con cambios en el ritmo cardiaco
fetal durante el periodo de recuperación, después de que estas
mujeres terminaran un test para medir su nivel de estrés.
Los investigadores señalan que la relación entre el ritmo cardiaco
fetal y el nivel de ansiedad diario de una mujer pueden indicar que
los patrones de ritmo cardiaco han sido ya perfilados en el embrión
por el estado anímico de la mujer durante los meses anteriores del
embarazo.