MADRID 27 Dic. (EUROPA PRESS) -
Un estudio español dirigido por Manuel Salesa, del Museo Nacional de Ciencias Naturales y del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha descubierto la primera evidencia fósil de que el "falso pulgar" que utilizan los pandas actuales, el panda gigante y el panda rojo, para manipular el bambú con el que se alimentan, es una característica que se desarrolló en ambas especies de forma independiente, lo que prueba que no están emparentadas. Las conclusiones del estudio se publican esta semana en la edición digital de la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS).
Los investigadores han estudiado los restos fósiles de un animal emparentado con el panda rojo, el 'Simocyon', que habitó la Comunidad de Madrid hace nueve millones de años, en el periodo conocido como 'Mioceno'. Los resultados de su estudio muestran la primera evidencia en el registro fósil de un animal con un "falso pulgar" como el que poseen los pandas actuales, el panda gigante y el panda rojo, dos especies de carnívoros que se han adaptado a comer vegetales.
Salesa indicó que hasta la fecha no se conocía ningún fósil con esta estructura y que el descubrimiento de fósiles de 'Simocyon' en Madrid, un animal emparentado con el panda rojo, aunque no con el panda gigante, ha permitido demostrar que este animal poseía falso pulgar.
Salesa, especialista en carnívoros fósiles, explica que el falso pulgar de los pandas no es un sexto dedo, sino un pequeño hueso de la muñeca que ha aumentado considerablemente su tamaño hasta convertirse en una estructura que funciona de forma similar al pulgar humano ya que permite a los pandas flexionar el resto de dedos de la mano sobre su "falso pulgar" y así sujetar las ramas de bambú de las que se alimentan.
Según Salesa, "lo curioso del tema es que las dos especies actuales de pandas, no pertenecen a la misma familia, es decir, no están estrechamente emparentados". El panda gigante es un oso ('Familia Ursidae') mientras que el panda rojo es un ailúrido ('Familia Ailuridae'). Por ello, que ambos pandas posean una estructura tan especializada como el "falso pulgar" ha sorprendido a generaciones de zoólogos y paleontólogos, ya que parecía implicar un parentesco que se ha demostrado no existe.
LOS DOS USOS DEL "FALSO PULGAR"
Las conclusiones presentadas por el equipo de paleontólogos muestra que, aunque parezca increíble como señala Salesa, ambas especies de panda han desarrollado de manera independiente el "falso pulgar". El panda gigante, que procede de antepasados tipo "oso", evolucionó hacia una alimentación herbívora, y desarrolló el falso pulgar para sujetar la comida. En el caso del 'Simocyon', el falso pulgar no pudo servirle para sujetar ramas de bambú, puesto que no tiene una dentición adaptada a comer plantas, sino a comer carne.
Según los investigadores, el "falso pulgar" de 'Simocyon' apareció como una ayuda para trepar a las ramas y así escapar de los grandes depredadores de la época, entre ellos los tigres dientes de sable. Después, su pariente el panda rojo, se adaptó a una dieta herbívora, y reutilizó el falso pulgar además de para trepar para sujetar las ramas de bambú.
Junto con Manuel Salesa, también han participado en el estudio los investigadores españoles Mauricio Antón y Jorge Morales y el francés Stéphane Peigné. La investigación, financiada por el Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) y la Dirección general de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, se inscribe en el proyecto sobre el sistema de yacimientos del Mioceno superior del Cerro de los Batallones.
Salesa indica que estos yacimientos, únicos en el mundo por su fauna, condiciones de conservación y tipo de procesos geológicos que los formaron, están situados en Torrejón de Velasco, a 30 kilómetros de Madrid, y fueron declarados Bien de Interés Cultural (BIC) por la Comunidad Autónoma de Madrid en 2002.