MADRID, 27 Jul. (EUROPA PRESS) -
Para percibir un sonido o una voz en un ambiente ruidoso, el
cerebro construye percepciones que se basan en información sensorial
limitada, lo que puede dar lugar a ilusiones de la percepción.
En la última edición de la revista "Nature Neuroscience", un grupo
de investigadores del departamento de psicología de la Universidad de
Harvard demuestran que una ilusión auditiva clásica que originalmente
se ha visto en los seres humanos, se da también en los monos
tamarinos nativos de la selva colombiana.
Los tamarinos poseen una capacidad rudimentaria de comunicación
vocal. Cuando se separan de su grupo, emiten una llamada
estereotipada que produce una respuesta de otro grupo de miembros.
Los autores del presente estudio emplearon este comportamiento para
investigar la capacidad de los monos de completar fragmentos de
sonidos y convertirlos en fenómenos acústicos coherentes.
En los experimentos realizados, los monos escucharon llamadas
vocales que habían sido grabadas y también llamadas de respuesta,
realizadas para medir los estímulos experimentales. En las dos
condiciones críticas, a mitad de la llamada grabada, se introdujo un
ruido o un periodo de silencio, dejando tan solo los componentes
inicial y final de la llamada.
Los especialistas observaron que los tamarinos tan solo realizaban
llamadas de respuesta a aquellas llamadas en las que se había
introducido ruido, no a aquellas en las que se había introducido
silencio. Esto indica que los animales oían el comienzo y el final de
las llamadas tan solo cuando el hueco en el medio se llenaba con
ruido. Los autores del estudio explican que esto tiene sentido porque
los ruidos suelen interrumpir a otros sonidos en ambientes del mundo
real.
Por el contrario, no existe ninguna situación real en la que un
sonido continuo se interrumpa por un periodo de silencio. El estudio
demuestra que los monos tamarinos poseen un circuito cerebral que
hace la distinción automática entre sonidos, deduciendo la presencia
de los fenómenos acústicos tan solo cuando éstos se ajustan a
condiciones reales del medio. Los seres humanos también poseemos
tales circuitos, por lo que las conclusiones de este estudio pueden
ser igualmente aplicables a los seres humanos.
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(EUROPA PRESS)
07/27/11-05/01
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