MADRID, 12 May. (EUROPA PRESS) -
Detectar, diagnosticar y actuar a tiempo sobre la enfermedad de Alzheimer, con tratamiento farmacológico y terapias de estimulación cognitiva, permite mantener durante mucho más tiempo las funciones cognitivas del paciente. De ahí que la estimulación cognitiva en los pacientes con enfermedad de Alzheimer (EA) deba ir ligada de forma inseparable a la terapia farmacológica. Así lo señaló hoy la doctora Mercé Boada, directora médica de la Fundació ACE. Institut Català de Neurociències Aplicades, de Barcelona, coautora de los Cuadernos de Repaso para enfermos de Alzheimer en fase leve.
La intervención farmacológica en las fases iniciales de la enfermedad puede modificar su curso, favoreciendo en gran medida que la persona mantenga la autonomía durante el mayor tiempo posible y demorando la dependencia, lo que hace que la enfermedad sea una carga más llevadera para todo el núcleo cuidador, familiares, profesionales y cuidadores formales. De hecho, un estudio recientemente publicado con galantamina, en pacientes con EA leve, ha confirmado mejoras en la función cognitiva, y la funcionalidad global del paciente que repercuten en una reducción de carga de los cuidadores.
"Existen diferencias significativas entre los pacientes que están sometidos a tratamiento farmacológico y los que no lo están -señaló Lluís Tárraga, director de la Fundació ACE- a la hora de realizar ejercicios de rehabilitación cognitiva: la unión de ambas terapias mejora el rendimiento de los pacientes, como hemos observado en varios estudios realizados por el equipo de Fundació ACE".
Tras publicar el pasado año un Manual con ejercicios de estimulación cognitiva para enfermos de Alzheimer en fase moderada, con una extraordinaria aceptación por parte de los profesionales que trabajan en esta patología, en esta ocasión, como indica Lluís Tárraga, los ejercicios que se han incluido son una selección de los que se emplean en el trabajo diario con estos pacientes, que asisten a talleres de memoria y que son autónomos, puesto que la fase de su enfermedad es muy inicial. Por eso, el abanico de población al que se llegará es mucho más amplio, puesto que se trata de personas con un deterioro cognitivo leve, que en muchas ocasiones, acusan quejas de pérdida de memoria.
Estas premisas y el trabajo desarrollado durante más de 15 años con enfermos de Alzheimer han llevado a Mercè Boada y Lluís Tárraga, a publicar los Cuadernos de Repaso, con el apoyo de Janssen-Cilag, que se presentan en el marco del I Congreso de Internacional de Terapias no Farmacológicas para Alzheimer, que se celebra en Madrid hoy y mañana. Se trata de un manual constituido por una amplia colección de ejercicios para estimular las principales funciones cognitivas afectadas por la demencia: lenguaje, memoria, reconocimiento, praxias, cálculo y funciones ejecutivas.
"La única condición --indicó Mercé Boada-- para que los enfermos puedan hacer estos ejercicios es que sepan leer y escribir, aunque es importante que los profesionales que se encarguen de dirigir a los pacientes en el desarrollo de los ejercicios estén capacitados para el uso de este material, con una clara intención docente y terapéutica. Están pensados --añadió Tárraga-- para que puedan ser usados por los profesionales que conducen talleres de estimulación cognitiva en los centros u hospitales de día, residencias, a domicilio, en forma de intervenciones individualizadas o de grupo, o bien para abastecer a asociaciones de familiares de nuevos protocolos de trabajo en este campo.
Los Cuadernos de Repaso serán distribuidos entre profesionales que trabajan con asociaciones de pacientes, centros de día, residencias, talleres de rehabilitación cognitiva, etc. y, una vez distribuidos, estarán disponibles en las páginas web, www.fundacioace.com, www.familialzheimer.org y www.demencias.com.
Los datos de CEAFA (Confederación Española de familiares de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias) y AFAL (Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Madrid) señalan que la enfermedad de Alzheimer afecta a alrededor de 800.000 personas en España. La enfermedad supone una importante carga psicológica para los cuidadores y tiene un fuerte impacto económico para las familias, que llega a los 25.000 euros por enfermo y año, incluyendo los costes directos e indirectos.