La malaria es la principal causa de mortalidad infantil en África

Europa Press Ciencia
Actualizado: domingo, 24 abril 2005 20:30

MADRID, 24 Abr. (EUROPA PRESS) -

A pesar de ser una enfermedad desconocida para muchos occidentales, la malaria o el paludismo es un problema de salud pública de primer orden en África y la primera causa de mortalidad infantil en este continente, hasta el punto de que cada treinta segundos un niño muere de malaria en el continente, según indicó la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) con motivo de la celebración, el 25 de abril, del Día de la Malaria en África.

Para los españoles, el paludismo es una enfermedad que recuerda tiempos pasados. En los años sesenta, señala la ONG, las campañas de control y erradicación de la enfermedad en los países de clima templado lograron que la enfermedad desapareciera de las regiones meridionales de Europa y auguraban un estancamiento en otros continentes, lo que parece que no ha sido así. Desde hace veinte años, la malaria va en aumento por su resistencia a a medicamentos e insecticidas en zonas de alta transmisión y por el empobrecimiento de las infraestructuras sanitarias.

Consumada esta tendencia, los datos empiezan a ser preocupantes: se calcula que afecta a entre 300 y 500 millones de personas cada año, que mata en este período a entre 1,5 y 2,4 millones de ellas y que otros 2.300 millones están expuestas al riesgo de infección, esto es, el 40 por ciento de la población mundial.

Si estas cifras se extrapolan a África y a sus niños el panorama es más pesimista si cabe. Nueve de cada diez casos se producen en este continente y entre menores de edad, lo que no sólo tiene un impacto devastador en vidas humanas, sino también en gastos médicos en un continente donde no sobran los recursos. De hecho, entre un 30 y un 50 por ciento de los ingresos hospitalarios de esta región se dedican a combatir la enfermedad.

Con respecto a los años setenta, el número de casos de malaria se ha cuadruplicado y el número de muertes triplicado. Se estima que los Estados africanos pierden 12.000 millones de dólares y que cada año dejan de crecer un punto porcentual por su culpa.

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Los estragos de esta enfermedad afectan a las estructuras sociales más básicas de la sociedad y generan problemas de subsistencia a las familias. Se calcula que una familia pobre africana puede verse obligada a destinar una cuarta parte de sus ingresos anuales a la prevención y tratamiento de esta enfermedad y la situación empeora hasta alcanzar lo que la responsable de MSF en Holanda Margriet den Boer considera un resurgimiento "en su forma más aguda, catastrófica y epidémica".

El año pasado, MSF trató a más de un millón de enfermos de malaria en 40 países. Un médico español de esta organización, Carlos Recio, que trabaja en Muleba, al noroeste de Tanzania, habla de las dificultades de negociar medicación gratuita en la jungla, del recubrimiento de costes y de otras circunstancia que dificultan la intervención en emergencias y ante las que el personal sanitario tiene muy pocos recursos para hacer frente.

En esta zona, explica Recio, "la epidemia comenzó en enero y tuvo su pico en febrero, su fase más aguda". Según dice, "normalmente en el mes de junio se repiten las estadísticas", por lo que es necesario "preparar a las estructuras y profesionales para ser eficaces ante esta posibilidad casi segura".

En todo caso, en la zona en la que trabaja Recio la mortalidad está situada en niveles relativamente bajos, por debajo del 5 por ciento, como dice el propio médico, citado por su organización. Sin embargo, advierte del peligro de una propagación a través de las transfusiones de sangre, "moneda de uso corriente por estas latitudes".

TRATAMIENTO Y SUMINISTRO

A pesar de que existe un tratamiento considerado eficaz, su suministro no parece tan efectivo. MSF dice que ante el fracaso terapéutico de los antipalúdicos tradicionales la eficacia de los medicamentos desarrollados a partir de una planta china, la Artemisia annua, para combatir la malaria ha quedado probada. En concreto, se utiliza una terapia combinada con artemisinina, también conocida como TCA.

Sin embargo, continúa, existe un grave problema de producción y suministro de TCA. La propia Margriet den Boer lamenta las dificultades de acceso a un tratamiento que podría evitar miles de muertes innecesarias en todo el mundo.

De Boer recuerda que en abril de 2001 la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó la terapia combinada con artemisinina como la mejor opción de tratamiento contra la malaria, pero las previsiones de suministro no parece que se vayan a cumplir. "Nadie ha tomado la iniciativa de hacer grandes pedidos con antelación, de manera que los productores no van a poder invertir en el cultivo extensivo de la Artemisia annua ni en aumentar la capacidad de elaboración de dicha materia prima", añade.

Por otro lado, De Boer afirma que la próxima cosecha será en agosto de 2005 y, hasta entonces, se espera que haya escasez de esta materia prima. "Todo esto significa que cientos de miles de personas seguirán muriendo de malaria cuando existen medicamentos eficaces y a precios razonables que se podrían haber puesto a su disposición", añade.

En abril de 2004, MSF empezó a pedir a la OMS, al Fondo Global para la Malaria, la Tuberculosis y el SIDA, y a UNICEF que hicieran grandes pedidos con antelación a fin de asegurar la disponibilidad de TCA, aunque no fue hasta este mes de abril cuando se ha llegado a un intento de acuerdo para conseguir un suministro adelantado de TCA y cuando se ha dispuesto del dinero para ello. Por este motivo, MSF emitió un comunicado en el que acusa a la OMS, al Fondo Global y a UNICEF de "apatía" y pide a los países donantes que faciliten la mayor cantidad de dinero posible para realizar compras por adelantado de TCA.

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