Actualizado 30/03/2017 16:56 CET

Hallan proteínas originales de la vaina de la garra de un dinosaurio

   MADRID, 9 Nov. (EUROPA PRESS) -

   Un ovirraptor mongol de 75 millones de años, conservado al tiempo que cubría sus huevos, también conserva la vaina de queratina de las garras original que cubría sus dedos.

   Este hallazgo de la Universidad de North Carolina State se suma al cuerpo de evidencia de que los materiales orgánicos originales pueden conservarse con el tiempo.

    'Citipati osmolskae' era un dinosaurio del tamaño del emú que vivía en lo que hoy es Mongolia durante el periodo Cretáceo. En 1995, científicos recuperaron un espécimen particularmente bien conservado de 'Citipati' de la formación de Djadokhta, hallado en una posición de incubación en un nido de huevos. Los paleontólogos plantearon la teoría de que fue enterrado rápidamente por una duna de arena, lo que explicaba su excelente preservación.

   Durante la preparación del espécimen, los científicos notaron que había una fina lente de material blanco que se extendía más allá de una de las garras óseas en un miembro anterior que difería en textura y color tanto del sedimento como del hueso. Además, fue localizado donde estaría una vaina de la garra.

   En las aves modernas, las vainas de las uñas cubren la garra al final de un dedo como las uñas de los humanos y sirven para una serie de funciones, como para su defensa, movimiento o captura y retención de presas. Las vainas de las aves modernas están compuestas de dos tipos de queratina: la alfa-queratina, la forma más suave que se encuentra en el interior de la vaina; y la beta-queratina, una queratina más dura y duradera que comprende el exterior de la vaina.

   La principal autora de la investigación, Alison Moyer, exestudiante en la Universidad Estatal de Carolina del Norte y actualmente investigadora postdoctoral en la Universidad de Drexel, quiso descubrir si el material de 'Citipati' era una vaina de garra y si era así, si preservaba beta-queratina original.

   Moyer y sus colegas utilizaron microscopía electrónica de barrido y transmisión para obtener detalles microscópicos tanto de la superficie del tejido como de su estructura interna. Los resultados mostraron que la muestra era estructuralmente similar a las vainas de las garras de las aves modernas, por lo que el equipo decidió proceder con pruebas de inmunohistoquímica (IHC).

   La prueba de IHC utiliza anticuerpos que reaccionan contra una proteína particular. Si la proteína está presente, los anticuerpos se unen a pequeñas regiones de la proteína e indican dónde se encuentra la proteína en el tejido. En la prueba inicial de IHC, los resultados no fueron concluyentes, lo que llevó a Moyer a analizar más de cerca el espécimen.

   Entonces, encontró una concentración inusualmente alta de calcio en la garra fósil, mucho más elevada de lo que se encontraría en las garras de las aves vivas usadas en comparación o del sedimento que rodea al fósil. Con la idea de que el calcio podría estar afectando a los resultados, Moyer lo eliminó e hizo más pruebas IHC en el material de la vaina de la garra.

   Una vez eliminado el calcio, los anticuerpos reaccionaron mucho más fuertemente, indicando la presencia de beta-queratina y la preservación de las moléculas originales. "Es probable que la incorporación de calcio en el tejido ayudó a conservarlo --plantea Moyer-- pero hubo que eliminar ese mismo calcio para ver la composición molecular subyacente. Como se emplearon múltiples métodos bien probados, el estudio no sólo apoya la longevidad de las proteínas registradas en la roca, sino que revela mucho sobre cómo se podrían preservar".