La Paleoproteómica revaloriza viejos fósiles en exhibición

Publicado 16/06/2016 11:27:21CET
Castoroides ohioensis
NEW YORK STATE MUSEUM

   MADRID, 16 Jun. (EUROPA PRESS) -

   Fragmentos de una proteína extraída del fósil de una especie extinta de castor gigante están abriendo una nueva puerta a la paleoproteómica, el estudio de las proteínas antiguas.

   Las proteínas antiguas se pueden utilizar para ubicar animales en el árbol evolutivo, y ofrecer ideas sobre cómo la vida y el medio ambiente de la Tierra han evolucionado con el tiempo.

   Por lo general, la paleoproteómica se basa en fósiles recogidos para este propósito. Pero en un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B, investigadores del Rensselaer Polytechnic Institute (RPI) utilizan un fósil recogido hace más de 170 años en el centro de Nueva York, y conservado en el Museo del Estado de Nueva York.

   "La paleoproteómica es un campo joven. Todavía no sabemos el potencial completo de la información que nos puede ofrecer, y una barrera para ello es el suministro de los fósiles que podemos usar para investigación", dijo Deepak Vashishth, profesor de ingeniería biomédica y director del Centro Rensselaer de Biotecnología y Estudios interdisciplinarios. "Al desarrollar estas técnicas, estamos creando valor para fósiles que ya están en exhibición, o almacenados en espera de un propósito."

   El equipo de investigadores extrajó las proteínas del primer cráneo encontrado de la especie castoroides ohioensis. Recogido en 1845, el cráneo de castor gigante es el más antiguo del museo que ha sido estudiado usando técnicas paleoproteómicas. Los investigadores estaban buscando proteínas, cadenas de aminoácidos montadas a partir de instrucciones codificadas en el ADN que realizan una amplia variedad de funciones en los organismos vivos. Utilizando el análisis de espectrometría de masas, los investigadores detectaron muchas muestras de colágeno 1, la proteína más común en los huesos.

   Cuando los investigadores estudiaron el cráneo de castor gigante, lo primero que notaron fue algo como un barniz, un tratamiento común usado para preservar los fósiles, aplicado a la parte exterior del misma. Para evitar el barniz, tomaron muestras de las cavidades nasales del cráneo, retiraron una pequeña muestra de médula, extrajeron las proteínas conservadas, digirieron las enzimas y analizaron las piezas de proteína con espectrometría de masas.

   El análisis determinó la secuencia primaria de aminoácidos en la proteína detectada, así como las modificaciones post-traduccionales, intercambio químico en la zona de la proteína que no está definido por el ADN. Tanto la secuencia primaria como las modificaciones post-translacionales tienen utilidad para los investigadores, y aumentan el valor de las muestras analizadas para convertirlas en información disponible.

   Una base de datos de secuencias de proteínas primaria, por ejemplo, podría ser útil en el esclarecimiento de los árboles evolutivos, en revertir la ingeniería de las proteínas para comprender cómo las proteínas han evolucionado a lo largo de un período de tiempo determinado, o en la reactivación de una secuencia que puede ser ahora inexistente para uso terapéutico.