[1] Las calificaciones crediticias son innegablemente una cuestión de soberanía y una directiva europea de 2013 había intentado poner fin al oligopolio de las agencias de calificación crediticia estadounidenses recomendando que los emisores europeos que utilizasen al menos dos agencias de calificación contrataran a una que tuviera una cuota de mercado inferior al 10%.