Actualizado 30/03/2009 21:07 CET

Innova.-Un investigador de Alicante estudia los enfrentamientos entre las corrientes de la poesía española contemporánea

MURCIA, 30 Mar. (EROPA PRESS) -

El doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante, y actualmente becario posdoctoral en la Universidad de Murcia, Luis Bagué Quílez, está estudiando los enfrentamientos entre las distintas corrientes de la poesía española contemporánea.

Y es que, según el estudio, los planteamientos beligerantes de los poetas conforman un mosaico cuya pluralidad muestra "la convivencia, no siempre armónica, de las distintas tramas estéticas en la lírica española contemporánea".

De esta forma, la poesía española de los últimos 30 años "no sólo refleja los cambios que se han producido en la sociedad del país, sino también determinadas corrientes que los autores han utilizado como arma contra otras formas paralelas de versificar", según fuentes del Servicio de Informaciones y Noticias Científicas (SINC), consultadas por Europa Press.

Se trata de las conclusiones del ensayo titulado 'Poetry in the footsteps of peace (methods of commitment towards the third millenium)' del joven filólogo catalán Bagué Quilez, premio de Investigación Literaria Gerardo Diego en 2006) y que ha reseñado en la revista 'Insula' el catedrático en la Universidad de Alicante (UA) y crítico literario, Ángel Luis Prieto de Paula.

Según explicó Bagué, "la aproximación a la poesía comprometida exige adoptar una mirada amplia que trascienda los límites de lo estrictamente literario. El compromiso no es ese salvoconducto que justifica una literatura de barricadas llevada a menudo por el partidismo o la demagogia, como se quiso ver en la vertiente más adocenada y social de la posguerra".

El trabajo analiza libros que "ofrecen un catálogo de actitudes psíquicas y de procedimientos formales representativos de un nuevo tratamiento de los conflictos sociales", como 'El día que dejé de leer EL PAÍS' de Jorge Riechmann; 'Cinco años de cama' de Roger Wolfe; 'La semana fantástica' de Fernando Beltrán o 'La intimidad de la serpiente' de Luis García Montero.

Según el estudio de Bagué, el poemario de Riechmann es "un hiperrealismo crítico que desciende del testimonialismo de los años 50, pero que añade una mirada personal e irónica". Wolfe, sin embargo, adopta "un realismo sucio que alterna el desasimiento espiritual y la preocupación ética" mientras que Beltrán hace suya "una poesía entrometida que absorbe la crisis de valores del presente dentro del claustro familiar del autor", explicó.

Por último, Luis García Montero, quizás el más mediático de los escritores analizados posteriormente por Prieto de Paula representa "un destilado de los motivos de la otra sentimentalidad, mediante la fusión de la historia pública y la historia privada de un yo que se enfrenta a la decadencia del ideario ilustrado y al vacío filosófico".

"La nueva poesía española bebe del posmodernismo", un concepto amplio que integra diversos preceptos críticos, desde la metafísica lingüística hasta las primeras manifestaciones de la negritud o el feminismo dentro de la llamada otredad ( otherness ).

Según explicó Ángel Luis Prieto de Paula en su reseña, estos poemarios son representativos de la creación poética de los últimos años en España y "encarnan la lógica de una sociedad que ha desactivado la mitología contracultural al elevarla al canon y convertirla en una máscara del conformismo".

Aunque el itinerario cultural se concreta en la aparición de un importante núcleo de autores jóvenes desde finales de la década de los años 70, a comienzos de la siguiente década "todavía no era posible percibir con claridad el cambio de rumbo que se estaba produciendo en la escena lírica española", según SINC.

El investigador de la UA explicó que "en torno a 1985 cristalizan las dos tendencias poéticas que definen el teatro de operaciones de la época: las llamadas, con similar imprecisión, poesía de la experiencia y poesía metafísica, dos corrientes que trasladaban al terreno de las letras la querella entre un arte de raigambre figurativa y otro de raigambre abstracta".

"Frente a la verdad y la ambición demiúrgica de las vanguardias, la poesía de la experiencia defendía la verosimilitud como fuente de la complicidad y la relectura personalizada de la tradición", determinó.

Por el contrario, la poesía metafísica "participaba de una mayor diversidad conceptual y estilística que se plasmaba en una radical depuración retórica, siguiendo los pasos de Juan Ramón Jiménez, Rainer María Rilke o Paul Valéry".

A estas dos tendencias se sumó en la década de los años 90 la "beligerante poesía de la diferencia, que suponía antes un revulsivo contra el panorama literario del período que una apuesta estética con rasgos específicos".

Para Prieto de Paula, "los escritores de esta corriente creyeron ver en el éxito de la poesía figurativa un síntoma de la acomodación moral de la era posmoderna".

Los motivos de discusión entre las distintas formas de versificar eran varios, si bien "los principales han sido España y la guerra civil, donde a diferencia de los autores de posguerra, en los últimos años se privilegia la reflexión histórica acerca del país".

Estos temas conectan con otros fenómenos que tampoco existían en la inmediata posguerra, como el desarrollo urbano, la protesta anti-OTAN de mediados de los años 80 y los actuales movimientos antiglobalización.

De acuerdo con Prieto de Paula, "los escritores contemporáneos elaboran una cartografía temática que incluye la crónica de la marginación; la bancarrota de las esperanzas democráticas, la censura del militarismo estadounidense, las remodelaciones del mapa político europeo tras la caída del telón o la reivindicación ecológica frente a la tecnocracia".

El trabajo de este catedrático demuestra que "el compromiso de la poesía tiene en la actualidad una apariencia poliédrica", si bien tienen en común que "no subordinan el éxito de su obra a una finalidad extraliteraria, sino únicamente a su propia fidelidad ideológica".