Un crustáceo fundamental para la cadena trófica marina obtiene energía a partir de microplásticos biodegradables

Detalle de partículas del bioplástico PHBV, teñidas con rojo Nilo, detectadas en el tracto digestivo de A. Franciscana.
Detalle de partículas del bioplástico PHBV, teñidas con rojo Nilo, detectadas en el tracto digestivo de A. Franciscana. - / IATS-CSIC
Europa Press C. Valenciana
Publicado: viernes, 30 enero 2026 13:13

VALÈNCIA 30 Ene. (EUROPA PRESS) -

Un equipo liderado por el Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (IATS), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha analizado en detalle la respuesta de un diminuto crustáceo clave en el ecosistema marino a los microplásticos del material PHBV. Estos biopolímeros están producidos por bacterias y se descomponen en el medioambiente, por lo que se consideran una alternativa sostenible a los plásticos convencionales.

El estudio, publicado en la revista Marine Pollution Bulletin, comprueba que estos microplásticos pueden ser digeridos por el organismo Artemia franciscana, promoviendo su crecimiento y otros cambios importantes en su fisiología. Según explica el CSIC, este trabajo arroja luz sobre el impacto ambiental de los plásticos biodegradables.

El equipo de investigación --participan la Universitat Jaume I (UJI), el Instituto Argentino de Oceanografía y el Instituto de Ciencias Biológicas y Biomédicas del Sur, ambos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet)-- ha demostrado que los microplásticos de PHBV, un material biodegradable en el medio ambiente y de origen renovable, provocan respuestas fisiológicas complejas en Artemia franciscana, un crustáceo fundamental en la cadena trófica acuática.

Contrariamente a lo esperado, la exposición a estas partículas no solo no fue letal, sino que en algunos casos estimuló el crecimiento de los organismos. Sin embargo, este aparente beneficio tiene su contraparte: las partículas fueron ingeridas y, tras pasar por el tracto digestivo, alteraron la arquitectura de las células intestinales y modificaron el perfil de ácidos grasos de los animales, reduciendo además su estrés oxidativo.

Estos cambios sugieren que el organismo podría estar digiriendo y obteniendo energía del plástico, a diferencia de lo que sucede con los microplásticos de plásticos convencionales.

BIODEGRADABILIDAD NO ES SINÓNIMO DE INOCUIDAD

"Estos hallazgos son cruciales --explica Inmaculada Varó, científica del CSIC en el IATS y una de las coordinadoras del estudio--. Nos indican que la biodegradabilidad no es sinónimo de inocuidad. Un material puede bioasimilarse e interactuar con los organismos de formas profundas que debemos comprender para evaluar su verdadero riesgo ecológico".

El estudio, que combinó técnicas de biología, histología, química de lípidos y ciencia de materiales, expuso al pequeño crustáceo en diferentes etapas de su vida a concentraciones variables de microplásticos de PHBV durante dos semanas.

El uso de microscopía electrónica permitió incluso ver cómo las partículas recuperadas de las heces había cambiado su superficie, evidenciando que una parte de estos plásticos fueron digeridos efectivamente por Artemia franciscana.

"Este trabajo destaca las diferencias que supone para el medioambiente los microplásticos de PHBV respecto a los convencionales, a la vez que pone de manifiesto la necesidad de evaluar con más detalle el ciclo de vida completo de los bioplásticos, contribuyendo a un debate global más informado sobre la contaminación plástica en nuestros océanos", afirma Natalia Buzzi, investigadora del Instituto Argentino de Oceanografía y coordinadora del estudio.

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