Archivo - Bomberos durante la búsqueda de cadáveres en la Albufera de Valencia, tras el paso de la dana, a 9 de noviembre de 2024, en Valencia, Comunidad Valenciana (España). - Alejandro Martínez Vélez - Europa Press - Archivo
VALÈNCIA, 29 Oct. (EUROPA PRESS) -
Las inundaciones provocadas por la dana del 29 de octubre de 2024 dejaron una huella ambiental en l'Albufera y sus alrededores: aunque la situación mejoró con el tiempo, seis meses después seguían detectándose signos de contaminación fecal y química derivados de las inundaciones y del colapso de las infraestructuras de saneamiento.
Así lo pone de manifiesto un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) liderado por el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC) y el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC).
El trabajo muestra que analizar únicamente el agua no es suficiente para evaluar la recuperación de un ecosistema: también es necesario estudiar los sedimentos, que pueden actuar como reservorios de contaminantes, como demuestra otro estudio del CSIC sobre la zona.
Como consecuencia de la se produjeron fallos en las depuradoras y en las redes de alcantarillado, liberándose grandes cantidades de aguas residuales sin tratar al medio ambiente. El estudio realizó un seguimiento durante seis meses del impacto que estos vertidos tuvieron en la calidad del agua y los sedimentos del Parque Natural de l'Albufera y los barrancos del Poyo y Picassent. Los análisis microbiológicos detectaron un aumento inmediato de indicadores de contaminación fecal, como la bacteria Escherichia coli y determinados virus entéricos (que se excretan en heces).
"Estos resultados confirmaron una importante entrada de aguas residuales tras las inundaciones. Aunque los niveles de contaminación disminuyeron con el tiempo, varios indicadores seguían siendo más altos de lo normal medio año después", ha explicado Ana Allende, investigadora del CEBAS-CSIC que lidera el estudio.
Otra de las conclusiones es que la recuperación fue "desigual". "La calidad del agua superficial mostró una recuperación parcial durante las semanas y meses posteriores, pero los sedimentos conservaron focos localizados de contaminación que podrían volver a movilizarse ante nuevos episodios de lluvias e inundaciones", ha subrayado Gloria Sánchez, investigadora del IATA-CSIC que colidera el trabajo.
Aunque la contaminación química general se situó entre niveles bajos y moderados al finalizar el estudio, se identificaron puntos concretos con mayor acumulación de contaminantes, especialmente en zonas sometidas a la influencia urbana y agrícola de la rambla del Poyo. El muestreo se prolongó durante seis meses más, y el estudio se amplió al análisis de parcelas agrícolas y productos hortofrutícolas. Además, el equipo del IATA-CSIC continúa realizando la monitorización de contaminantes microbiológicos en las aguas y los sedimentos de la Albufera.
El trabajo, publicado en octubre en la revista Journal of Hazardous Materials, demuestra que los humedales mediterráneos como la Albufera son especialmente vulnerables a fenómenos meteorológicos extremos. Las autoras destacan la necesidad de mejorar la resiliencia de las infraestructuras de saneamiento, depuración y gestión de inundaciones para reducir los efectos de futuros episodios similares. Asimismo, sostienen que analizar únicamente el agua no es suficiente para evaluar la recuperación de un ecosistema: también hay que estudiar los sedimentos, que pueden actuar como reservorios de contaminantes.
EL BARRO, RESERVORIO DE MICROPLÁSTICOS Y PATÓGENOS
Precisamente este fue el objetivo de otro de los estudios realizados por el CSIC: analizar la presencia de microplásticos y contaminantes microbiológicos en muestras de sedimentos y polvo recogidas en municipios afectados por la barrancada. Los resultados muestran que la contaminación se distribuyó de forma diferente según el material analizado. Mientras que el polvo concentró más microplásticos y partículas de tamaño pequeño, los sedimentos como el barro acumularon más microorganismos potencialmente peligrosos. Así lo revela el estudio que lidera el IATA-CSIC junto con el CENIM, CEBAS e IGME, también del CSIC.
El polvo contenía el doble de microplásticos por gramo que los sedimentos. Además, las partículas encontradas en el polvo eran, en general, más pequeñas, lo que aumenta su potencial de dispersión por el aire y de inhalación. Por su parte, los sedimentos actuaban como reservorios de microorganismos potencialmente patógenos. Se detectaron Salmonella spp., E. coli y virus entéricos humanos, mientras que la presencia de contaminantes microbiológicos en las muestras de polvo fue baja.
"El trabajo pone de manifiesto que las inundaciones no solo desplazan contaminantes, sino que también pueden redistribuirlos entre distintos compartimentos ambientales, creando vías de exposición para las personas y los ecosistemas", ha explicado María José Fabra, investigadora del IATA-CSIC y autora principal del trabajo. "Los resultados --ha asegurado-- subrayan la necesidad de controlar la dispersión de estos materiales y estudiar sus posibles efectos a largo plazo en las zonas afectadas".
RIESGO PARA LOS ECOSISTEMAS, NO PARA LA POBLACIÓN
La dana además generó 800.000 toneladas de lodos. El IDAEA-CSIC ha evaluado el riesgo ambiental y para la salud humana derivado de la movilización de contaminantes orgánicos en estos lodos y del polvo generado al secarse el barro en los días y semanas posteriores a la riada. Las muestras analizadas se recogieron en noviembre de 2024, días después de la riada, en las zonas más afectadas de la provincia de Valencia.
El trabajo analizó cuatro familias de contaminantes orgánicos que abarcaban la diversidad de fuentes agrícolas, urbanas e industriales afectadas por las riadas. El equipo analizó pesticidas de uso actual y prohibidos, plastificantes, retardantes de llama halogenados (aditivos industriales empleados para reducir la inflamabilidad de materiales) y cloroparafinas (compuestos industriales persistentes).
Respecto al polvo en suspensión, se detectó una presencia destacable de aditivos plásticos, pero en valores comparables a los que se respiran habitualmente en ambientes interiores (casas, escuelas, oficinas o medios de transporte). Por tanto, la exposición humana por inhalación de polvo no supuso un peligro tóxico añadido para la salud de las personas o los equipos de limpieza.
PARTOS PREMATUROS EN ZONAS AFECTADAS
Un trabajo coliderado por Leire Salazar, del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (IPP-CSIC), analizó 11.948 nacimientos registrados en la Comunitat Valenciana en noviembre y diciembre de 2023 y 2024, a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística. Las investigadoras estudiaron la evolución de partos prematuros en municipios afectados y no afectados por la dana.
Los resultados muestran que la exposición a las inundaciones durante el último trimestre del embarazo aumentó en dos puntos porcentuales las probabilidades de parto prematuro, sobre una tasa base en la Comunitat Valenciana del 5,5 por ciento. Esto supone pasar de un nacimiento prematuro de cada 18 a uno de cada 13, un incremento relativo del riesgo del 36%.
La investigación también encuentra que el impacto fue mayor en los municipios que sufrieron daños materiales más graves. En las localidades más afectadas, el incremento estimado del riesgo de prematuridad alcanzó los 4,2 puntos porcentuales, lo que supone pasar de uno de cada 18 nacimientos prematuros a uno de cada 10.
Las autoras apuntan al estrés materno como posible explicación, aunque el estudio no lo analiza directamente, ya que los resultados "son compatibles con la evidencia científica sobre los efectos del estrés prenatal en la salud de los recién nacidos". "Es necesario incorporar la salud materna a los planes de prevención y respuesta ante desastres naturales", ha concluido Salazar.