Crítica | Capitán América Civil War: A tan solo un valiente paso del sobresaliente

Actualizado 26/09/2016 13:09:08 CET
Capitán América Civil War
MARVEL

   MADRID, 28 Abr. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -

   Llega Capitán América: Civil War, la película que divide y enfrenta a los Vengadores y que supone un punto de inflexión en el universo cinematográfico Marvel. Y ya no tanto en el desarrollo de su macrotrama, encaminada desde sus inicios al enfrentamiento con el titán intergaláctico Thanos que relatarán las dos entregas de Infinty War, sino en lo que a calidad de su propuesta se refiere, elevando en un par de escalones el ya buen tono general exhibido por Iron Man, Capitán América y compañía en sus actuaciones corales.

   Sí. Capitán América: Civil War es la mejor película del universo Marvel hasta la fecha y, posiblemente, uno de los títulos que junto a El caballero oscuro, Watchmen, el segundo Superman de Richard Donner, el Batman de Burton o las más recientes y bribonas Guardianes de la Galaxia o Deadpool ocupan los puestos de honor de un género que muchos ven quemado, pero que ha respondido a la alerta de saturación con dos 'pepinos' tan dispares como eficaces.

   Y sí. También. No olvidamos que entre Deadpool y Capitán América: Civil War vio la luz esa desilusión (que no fiasco total) que fue Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia. Y como las comparaciones son odiosas... pero inevitables, baste decir que Civil War es todo lo que Batman v Superman no pudo (o no le dejaron) ser.

   Una consecuencia directa del primer gran acierto de base, de planteanmiento, de los hermanos Russo, dos tipos que tras su excelente trabajo en la anterior entrega de las aventuras de Steve Rogers, Soldado de Invierno -unido a la inmolación de Joss Whedon-, se han convertido en los nuevos gurús del culebrón cinematográfico marvelita. Y ese acierto no es otro que abordar la tarea siendo plenamente conscientes de la trascendencia del título y de la trama que tienen entre manos dentro de la mitogía de la Casa de las Ideas.

   Es decir, asumen -y lo más importante, creen- que la venerada serie Civil War, que el enfrentamiento entre los héroes, debe bastar y sobrar para armar un buen espectáculo por sí mismo. Iron Man contra Capitán América. Vengadores contra vengadores, sin necesidad de invitar a ningún archivillano intergaláctico. Ya habrá tiempo para eso.

   Y por no necesitar, el guión de los Russo no necesita si quiera de un gran villano, una némesis perfectamente identificada e indentificable a la que dirigir nuestros impropierios cuando la cosa se ponga un poco más compleja. Eso sería lo fácil y reduciría el conflicto, el germen de este presuntamente trascendental enfrentamiento de los héroes, a una rabieta entre amigos. Tampoco se lleven a engaño. Hay villano -de ascendencia española, por cierto- pero su función no es otra que hostigar la batalla, azuzar el fuego de la guerra fratricida.

   Una guerra entre defensores del bien que implica un enfrentamiento no solo físico -que nos regala posiblemente la mejor secuencia de 'supermamporros' vista hasta la fecha- sino también, y sobre todo, político y filosófico. Un choque que, ante de la imposibilidad -elección autoimpuesta o marcada por el estudio, eso nunca lo sabremos... aunque lo sospechemos- de asumir la obra de Millar, Christopher Markus y Stephen McFeely (guionistas de la criatura) deciden derivar habilmente hacia el ámbito emocional, mutando el conflicto de político a personal.

   Reincidiendo en los claroscuros de los contendientes, la película plantea una confrontación conceptual sobre libertad, seguridad y responsabilidad que, pese a no contar con un subtexto tan poderoso como el que convirtió el de Soldado de Invierno en el mejor libreto de Marvel, resulta más interesante incluso, aunque desde luego no tan vistosa, que los brutales duelos cuerpo a cuerpo entre los héroes.

   Un enfrentamiento que dibuja los dos bandos y sus posiciones encontradas mientras la trama oscila hábilmente en una rica gama de grises y, sin acercarse ni mucho menos a los niveles de complejidad de la obra troncal de Mark Millar, hace crecer y evolucionar a sus actores principales hasta convertir Civil War en una película que, además de ser Capitán América 3, también es Iron Man 4, Vengadores 2.5, Pantera Negra Begins y Welcome Spiderman.

   La inclusión de estos dos últimos personajes, si bien tiene finalidades muy distintas -T'Challa cuenta con gran peso en la trama, mientras Peter Parker viene a divertirse y regalar al fandom memorables dosis de espectáculo puro y duro- es otro gran servicio que los Russo prestan a sus jefes de Marvel Studios en cuyas manos dejan la posibilidad de ahorrarnos otras dos -y muy posiblemente tediosas- películas de presentación para los robaplanos oficiales de la Civil War.

   En definitiva, Capitán América: Civil War es un auténtico festival cuyo gran lunar, que algunos tiene, es la falta de osadía en su resolución. Más contundencia para que la brecha generada en la Civil War hubiera sido realmente trascendente en el futuro de Tony Stark, Steve Rogers y compañía. Más valentía para que este punto de inflexión fuera además una película incontestable en la mitología cinematográfica marvelita, un capítulo traumático y demoledor. Marvel quiere demasiado a sus personajes (y sus taquillazos) para dejarlos marchar.

Sensacine