MADRID, 29 May. (EUROPA PRESS - Israel Arias)
George Clooney y los escenarios de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia son los grandes reclamos mediáticos con los que llega a los cines españoles Tomorrowland: El mundo del mañana, la última superproducción de Disney. Una aventura de ciencia ficción y fantasía que cuenta con un arranque imaginativo y vistoso, un desarrollo correcto y un clímax algo decepcionante.
Lo nuevo de Brad Bird, responsable de joyas de la casa como Ratatouille o Los Increíbles -y también de la eficaz Misión imposible: Protocolo Fantasma-, nos traslada hasta un lugar perdido en el tiempo y en el espacio en el que las mentes más brillantes se unen para hacer del futuro un hogar mejor para nuestros descendientes.
Ese oasis de progreso y fantasía será lo que una los caminos de Casey Newton (Britt Robertson), una brillante joven en busca de respuestas, y Frank Walker (Clooney), un hombre con una mente también excelente, pero desencantado, que ha dejado de luchar por construir el futuro.

Cargando el vídeo....
Una fábula ideada para un público familiar que levanta el vuelo con un buen puñado de prodigiosas secuencias y aires propios de Spielberg o Dante, pero que se va desinflando hasta terminar planeando, dócil y casi tediosa, a ras del suelo.
Un descenso, que no descalabro, achacable a la ausencia de un villano a la altura, de la personificación del mal que se extienda más allá de confrontaciones dialécticas y filosóficas para concentrarse en un personaje carismático (House hace lo que puede, pero no le llega) que alimente y sobre todo que soporte el conflicto.
Tomorrowland: El mundo del mañana es, en definitiva, una película que va de más a menos, que ahoga su creatividad y viveza iniciales en sermones, pero que incluso así deja un buen sabor de boca, un poso de optimismo y un destello de esperanza que se agradece en estos días en los que el nihilismo y el desencanto están más de moda que nunca.

Cargando el vídeo....