Grupo 7: El crudo descenso a los infiernos de Mario Casas y Antonio de la Torre

Actualizado 04/04/2012 16:43:58 CET

Grupo 7: El crudo descenso a los infiernos de Mario Casas y Antonio de la Torre

Disculpen que no me levante. Crítica de cine

Actualizado 04/04/2012 16:43:58 CET
Mario Casas En Grupo 7
Foto: ATÍPICA FILMS

MADRID, 4 Abr. (EUROPA PRESS - Israel Arias)

   Mario Casas y un magnífico Antonio de la Torre protagonizan Grupo 7, una cinta policial que se zambulle sin concesiones en el mundo de la droga y que llega a la cartelera de Semana Santa.

   En su quinta película como director, Alberto Rodríguez regresa a su Sevilla natal para relatar los esfuerzos más o menos lícitos de un grupo de policías para limpiar el centro de la ciudad de camellos y toxicómanos antes de la Expo92. Y lo hace para firmar uno de los thrillers patrios más crudos y atinados de la última década.

    Y como tal, las comparaciones con No habrá paz para los malvados son inevitables. Pero que no nos ciegue el reciente y goyesco éxito del dúo Urbizu-Coronado, Grupo 7 es heredera de Perros callejeros, El Pico o Yo, El Vaquilla y esos títulos deben servirnos de certera referencia.  

   En este caso, Rodríguez -que firma junto a Rafael Cobos un guión basado en un caso real- se acerca al oscuro y turbio mundo retratado por el subgénero quinqui desde el punto de vista de la policía. Y la mirada al infierno de la droga desde la otra orilla también es sucia chabacana y ruín. Tanto o más que desde el otro lado, no en vano se supone que estos, nuestros protagonistas, son "los buenos".

   La de Grupo 7 es la historia de un grupo de policías que abrazan la máxima "el fin justifica los medios" y la convierten en el axioma básico de su trabajo. Cuatro hombres que harán lo que sea para conseguir su objetivo: acabar con la droga antes de que celebre la Exposición Universal de Sevilla de 1992 para que Curro no se convierta en un yonqui más. Cuatro hombres que, tras bajar día a día hasta los infiernos, acaban totalmente chamuscados.

    El más joven de ellos es Ángel, un idealista recién llegado con aspiraciones de ascender en la escala ejecutiva. Un novato bienintencionado al que la realidad, golpe a golpe, irá corrompiendo hasta convertirle en algo totalmente opuesto a lo que soñó ser cuando ingresó en el Cuerpo.

EL BARBUDO DE LA TORRE

   Él, encarnado por Mario Casas, es el protagonista de este viaje de ida y vuelta a las cloacas de la droga, pero no es quien más brilla en Grupo 7. Ese honor es para Antonio de la Torre, que vuelve a firmar un papelón (y ya van...) metido en la piel de Ángel. El agente que, inicialmente, lleva la voz cantante en el grupo es un amargado solterón barbudo con más taras sentimentales que ganas de vivir y que proyecta su impotencia y frustraciones en forma de violencia descontrolada con sus detenidos.

    Ambos, Casas y De la Torre, están perfectamente arropados por José Manuel Poga (Miguel) y Joaquín Núñez (Mateo), los otros dos integrantes del eficiente grupo. Junto a los cuatro policías va desfilando un vigoroso plantel en el que destacan los trabajos de Inma Cuesta, que da vida con solvencia a Elena, la mujer de Ángel; Estefanía de los Santos, que se mete en la piel de La Caoba; y Julián Villagrán, excelso en su papel del yonqui Joaquín.

   Un elenco que roza el notable en una cinta que se lo lleva con creces gracias -sobre todo- a un sólido guión, a un colosal De la Torre y al buen hacer de Alberto Rodríguez en las secuencias de acción. Una virtud de la que siempre ha hecho gala -aunque ahora está bastante mejorada en comparación con After o 7 vírgenes- y de la que presume desde la primera escena de este Grupo 7 que, sin duda alguna, será uno de los títulos españoles del año. Y acabamos de estrenar abril...