Actualizado 21/01/2011 17:33 CET

Nacho Vegas encuentra la luz en el desamor

Nacho Vegas.
COLECTIVO LAIKA

MADRID, 21 Ene. (EUROPA PRESS - Miguel Martorell) -

Todavía no ha acabado la cuesta de enero y ya nos intentan colar San Valentín en las carteras. Aprovecha la fecha para hacerle una corte de mangas a Cupido, al consumismo y de paso a tu pareja y lánzate en brazos de Nacho Vegas. Jamás estar soltero fue tan gratificante.

Axioma: Nacho Vegas es un triste.

El asturiano pertenece a esa raza de músicos que encuentran en el dolor, en el lamento y en la oscuridad el pilar maestro de su arte, como las series tétricas de Goya o los cuentos de Edgar Allan Poe.

Y ¿qué hay de malo en eso? Para Ana María Matute la gran literatura siempre ha sido triste. Cuánta verdad.

Aplaudimos el arte que, en todas sus expresiones, incita a cortarse las venas, por ser tan real como la vida misma y, al mismo tiempo, más sentido.

La discografía de Vegas es el paradigma de todo lo anterior y 'La zona sucia', el disco que verá la luz el 14 de febrero, no iba a ser menos. Sin embargo, tras varias escuchas, nos encontramos con otro Nacho.

Se ha esfumado su sordidez habitual y el disco entero -compuesto de diez temas- tiene un punto luminoso. Será por lo directas que resultan sus letras, por las pegadizas melodías o porque han ganado fuerza instrumentos como el órgano o el acordeón.

El caso es que nos atreveríamos a decir que suena incluso optimista. Evidentemente, dentro de los parámetros habituales del asturiano, no espere el respetable una canción de Nena Daconte.

Es más bien el optimismo que se abraza tras la redención, tras haber expulsado a los demonios que uno lleva dentro.

'La zona sucia' es un disco escrito casi por completo en primera persona -la excepción es 'El mercado de sonora'- con momentos orquestales epopéyicos y fragmentos corales que ayudan a pasar los versos inquietantes del asturiano ('Cuando te canses de mí' y 'Lo que comen las brujas').

'Reloj sin manecillas' se coloca como una de nuestras favoritas por el mensaje esperanzador con el que rompe el estribillo. 'La Gran Broma Final' -todo un arma arrojadiza- sin embargo, ha perdido la crudeza que tan bien le venía al decorarla instrumentalmente.

Especialmente destacables son 'Perplejidad' y 'La comedia humana'. La primera de ellas recuerda por su ironía a 'El hombre que casi conoció a Michi Panero' y el matiz canalla que adquiere Vegas al interpretarla, mientras que la segunda es sobresaliente líricamente.

En resumen, un disco no apto para regalarle a vuestras parejas en San Valentín, pero que, quizá por eso, nos ha gustado. Mucho.