MADRID 26 Nov. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -
Un envoltorio precioso... sin nada dentro. Esta es la sensación que deja Takers (Ladrones) un thriller de atracos con una puesta en escena espectacular pero muy escaso de alma.
Los mimbres con los que contaba John Luessenhop -director y guionista de la casi huérfana criatura- daban para algo más: una trama trillada pero que nunca disgusta, un buen presupuesto y un elenco más o menos apañado con caras conocidas y algún que otro actor notable.
En Takers se dan cita tipos con tirón como Paul Walker, el guaperas de A todo gas, el cantante Chris Brown o Hayden Christensen, el desaparecido Anakin Skywalker. Intentan dar algo de empaque a la cinta Matt Dilon -que desde Crash no levanta cabeza- y el siempre imponente Idris Elba, una de las caras más reconocibles de esa maravilla que fue la serie The Wire. La presencia de la chica, Zoe Saldana, es meramente testimonial. Ella sólo pasaba por allí, no le podemos echar la culpa.
Sus interpretaciones cumplen la premisa de toda la película: Nada es rematadamente malo en Takers, pero todo es olvidable. No hay nada que merezca ser recordado después de salir del cine. A no ser los excesos del saltimbanqui que protagoniza la persecución más ridícula de los últimos años.
Esa condenadamente larga escena y el lucimiento del 'gangsta way of life' del grupo de ladrones de diseño sí son lamentables hasta decir basta.
Y es que en la cinta encontramos pasajes en los que lo que aspira a ser un tenso thriller de policías y ladrones se convierte en el video del rapero de turno de la MTV. Colgantes de oro, ropas caras, champán, puros habanos, tipos guapos y señoritas de impresión a ritmo de una música estridente. Así no bajaremos nunca el índice de criminalidad... ni llenaremos las salas de cine.