La Biblioteca Nacional de España homenajea a Azorín en el 50 aniversario de su muerte

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Actualizado 11/12/2017 12:31:23 CET

MADRID, 11 Dic. (EUROPA PRESS) -

La Biblioteca Nacional de España (BNE) se une al 50 aniversario de la muerte de José Martínez Ruíz, Azorín (Monóvar, 1873-Madrid, 1967) con una muestra bibliográfica que podrá contemplarse desde el 12 de diciembre hasta el 20 de enero del 2018 y con un acto homenaje en el que participarán el presidente del Real Patronato de la BNE Luis Alberto de Cuenca, y el director de la Casa-Museo Azorín, José Payá.

Según informa la BNE, este martes 12 de diciembre se celebrará a partir de las 19.00 horas el homenaje al autor en el Salón de Actos de la institución. En el acto, organizado en colaboración con la Casa-Museo Azorín de la Fundación Caja Mediterráneo, Luis Alberto de Cuenca y José Payá recordarán la figura y la obra de Azorín, novelista, articulista, ensayista y dramaturgo perteneciente a la Generación del 98.

Además, este mismo día se inaugura la muestra José Martínez Ruíz Azorín (1873-1967): Clásico y moderno, que podrá verse en la antesala del Salón General de Lectura de la BNE. La exposición presenta un recorrido por el legado del escritor que, a lo largo de su casi centenaria vida, dejó más 140 libros, 400 cuentos y 5.500 cuentos.

Tras estudiar con los escolapios en Yecla (Murcia), en 1888 Azorín se trasladó a Valencia, donde inició sus estudios en Derecho, que nunca llegó a completar. Su precoz interés por la literatura se hizo público por primera vez en la conferencia que presentó en el Ateneo Literario de Valencia sobre 'La crítica literaria en España'. Pronto aparecerían sus primeras obras impresas, Moratín (1893) o Buscapiés (1894), para las que utilizaría seudónimos como Cándido o Ahrrimán, y que hoy en día son tesoros bibliográficos prácticamente imposibles de encontrar.

En 1896 se muda a Madrid, donde se gana la vida precariamente gracias a sus colaboraciones en la prensa (El País), y traba amistad con otros jóvenes literatos, como Valle-Inclán, Baroja o Juan Ramón Jiménez, a quienes más tarde se conocería como la Generación del 98, denominación ideada por el propio Azorín en Clásicos y modernos (1913).

Con la publicación de Charivari (1887), una ácida crítica del mundillo literario, su nombre empezará a hacerse conocido. Pese a que su irrupción en los círculos artísticos y periodísticos llegó acompañada de unos postulados radicales, pronto evolucionaría hacia posturas más conservadoras. En 1902 aparece la que es considerada como su primera novela importante, La voluntad, a la que seguirá un año después Antonio Azorín. Son libros con una fuerte carga autobiográfica en los que se percibe una mirada poética.

En 1905 comienza a colaborar en el ABC, en el que ya permanecerá hasta el final de sus días, y publica Los pueblos, donde demuestra su maestría en la descripción paisajística. En sus libros cada vez se centra más en ciertos autores tradicionales, con títulos como Al margen de los clásicos (1915). En 1924 con motivo de su ingreso en la RAE, escribe el discurso Una hora de España, uno de sus textos más recordados.

Posteriormente, seguirá tratando de innovar, aunque siempre dentro de un estilo muy característico. En sus libros anteriores a la Guerra Civil, como Félix Vargas (1928), experimenta con una prosa cada vez más concisa. También practicará el relato corto, caso de Blanco en azul, de 1929, y el teatro, en títulos como Comedia del arte, de 1928, aunque en este género, al que traslada su austeridad exenta de artificio, no tendrá ningún éxito. Tras el inicio de la guerra se exilia en Francia, donde escribe varios libros evocativos sobre el país que se ha visto forzado a abandonar, como Pensando en España, de 1940.

Al volver a Madrid, prefirió vivir en un particular aislamiento, refugiado en sus recuerdos y en el estudio de los clásicos más queridos. En 1946 publicó sus Memorias inmemoriales y en años posteriores continuó con su incansable labor como articulista. En sus últimos años regresó a su infancia y publicó algunos libros, como Posdata (1959), dedicados a recuperar algunas de sus vivencias más íntimas. Azorín, en palabras de Dolores Franco, es el autor de la vida cotidiana, a la que observa con una mirada mortecina, pero repleta de cariño y caridad, y que describe con una suave ternura. Supo fijar una España que venía de muy lejos y que se iba.