El Museo del Prado restaura 'La muerte de Lucano', obra del artista José Garnelo

El Museo del Prado restaura 'La muerte de Lucano', obra del artista José Garnelo
MUSEO DEL PRADO
Publicado 01/10/2018 15:37:43CET

   MADRID, 1 Oct. (EUROPA PRESS) -

'La muerte de Lucano' de José Garnelo, que obtuvo la segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1887, ha permanecido en los talleres de Restauración del Museo del Prado durante un período de seis meses, con la colaboración de la Fundación Iberdrola España, para ser sometida a una intervención que ha supuesto la recuperación completa de la obra.

   Por Real Orden de 12 de julio de 1928, la pintura de José Garnelo se depositó en el Instituto Provincial de Jerez de la Frontera (Cádiz), actualmente Instituto de Educación Secundaria 'Padre Luis Coloma', donde ha permanecido hasta 2008, cuando se autorizó su levantamiento, para su nuevo depósito en el Museo Garnelo de Montilla (Córdoba). Previamente a su traslado, la pintura se protegió, se desmontó de su bastidor y se colocó en un rulo para facilitar su transporte a Montilla, según detalla el Museo del Prado.

   Finalmente, en enero de 2018 comenzó la restauración, realizada en el taller de restauración del Museo del Prado por Ana Isabel Ortega y Álvaro Fernández, dirigidos por Lucía Martínez Valverde, miembro del Área de Restauración del Prado.

   Los trabajos comenzaron por la consolidación del soporte, tarea que se inició con la eliminación de los parches colocados para reparar las roturas y otros daños antiguos. Una vez eliminados todos los elementos no originales fue necesaria una la limpieza profunda de las colas empleadas en la antigua restauración para adherir los parches y las bandas perimetrales, ya que se habían utilizado colas sintéticas de difícil eliminación.

   Recuperado el lienzo original y sin elementos extraños, se pudo realizar la fijación y consolidación de su capa pictórica. En este proceso se eliminaron las grandes deformaciones y se trabajaron las roturas para eliminar sus pliegues. Para reparar agujeros y desgarros fue necesario realizar más de treinta nuevos parches e injertos. De estos refuerzos, el más grande tiene aproximadamente 70 x 20 centímetros.

   Las nuevas bandas de tensión permitieron el nuevo montaje en el bastidor, una estructura robusta y de gran calidad que realizó el carpintero Tomás Duaso para garantizar la conservación futura de la obra. Además, para dar mayor solidez al soporte, se clavó sobre una tela de apoyo.

   A partir de este momento la pintura estaba estabilizada pero su aspecto era muy deficiente por la acumulación de suciedad y la oxidación del barniz. El Prado destaca que la limpieza ha permitido recuperar todos los valores de manera que, a pesar de los daños, la imagen original no se ha visto alterada. Se ha recuperado la representación del espacio y cada figura adquiere su significado, sobre todo aquellas que están en el segundo término y apenas se podían reconocer.

   Con la limpieza también se hacen visibles detalles que sirven para comprender la escena, como las gotas de sangre que hay en el borde de la bañera, que hablan del suicidio del poeta después de haber sido acusado de participar en la conjura de Pisón. También, el pergamino del ángulo inferior derecho cuyo texto estaba oculto por repintes. Ahora se pueden leer las primeras letras de Pharsalia, la epopeya escrita por Lucano en el año 61 d.C.

   El trabajo finalizó con la reintegración del color en las zonas pérdidas, y así facilitar al espectador la comprensión y el disfrute de la obra que, fechada en 1887, describe el tema representado a partir de este fragmento de Castelar, Discurso sobre Lucano: "Sobre su cadáver, inanimado y frío, se inclinaba llorosa una mujer que había recogido el postrer suspiro de los labios del poeta para guardarlo en su amante pecho, y las cenizas de su gloria para mostrarlas á las futuras generaciones".

   José Garnelo y Alda fue pintor, ilustrador, restaurador y decorador español, además de profesor y académico de las Escuelas de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza y de San Fernando de Madrid, así como catedrático de la de Barcelona. Comendador de la orden de Alfonso XII y oficial de la de Leopoldo II, director de la revista Por el Arte, secretario de la Asociación de Pintores y Escultores y subdirector del Museo del Prado en 1915.

   Participó en numerosas exposiciones, tanto nacionales como extranjeras y obtuvo sendas segundas medallas en las Nacionales de 1887 y 1890, respectivamente, primera en 1892 y condecoración en la edición de 1904. Asimismo, fue premiado con medalla en la Exposición Universal de Chicago de 1893 y remitió sus obras al Salón de París de 1912, entre otros reconocimientos.