Archivo - El director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Miguel Zugaza, durante la presentación de las obras adquiridas en el marco de la iniciativa Colección Compartida junto a las principales instituciones museísticas, a 19 de febrero de 2026, en Vito - Iñaki Berasaluce - Europa Press - Archivo
MADRID, 17 Jun. (EUROPA PRESS) -
El ex director del Prado Miguel Zugaza ha recordado que el Museo del Prado reservó una sala final para acoger obras procedentes del Reina Sofía, con la intención de "suturar un poco mejor la historia coleccionista" de las dos grandes colecciones públicas de arte en Madrid, una propuesta que, tal y como ha admitido, no llegó a culminar durante su mandato.
"El hecho de encontrar la contemporaneidad del museo yo creo que fue algo saludable que ocurriera al museo y dejando siempre una sala última vacía. Esa sala donde hacemos exposiciones de carácter rotatorio, era reservando la llegada de determinadas obras del Reina Sofía que pudieran suturar y hacer mejor la relación entre la historia coleccionista del Prado y la historia coleccionista de Reina Sofía. Y ahí está la espera. Yo cada vez que veo a la sala, utilizándola para hacer preciosos proyectos, pero creo que también entre las cosas que no llegamos o no terminamos de hacer es tratar de suturar un poco mejor la historia coleccionista de las dos grandes colecciones públicas del arte que están aquí", ha asegurado Zugaza durante el coloquio 'La transformación del Prado en el siglo XXI', celebrada en el auditorio de la pinacoteca junto al actual director, Miguel Falomir.
Zugaza, actual responsable del Museo de Bellas Artes de Bilbao, tuvo entre sus principales deseos para el Prado conseguir el 'Guernica' para la pinacoteca, aunque en esta conversación no ha hecho referencia alguna al cuadro de Picasso. El ex director ha explicado que el traslado de la pintura decimonónica desde el Casón del Buen Retiro al recorrido principal de la colección supuso que el siglo XIX dejara de ser una "colección aparte", para integrarse con normalidad a continuación de Goya y subrayar así la contemporaneidad del propio Prado, "cuando el museo abre sus puertas y empieza a ejercer una influencia notable sobre lo que pasa en el arte".
En su opinión, "encontrar la contemporaneidad del museo" ha sido "algo saludable" y uno de los ámbitos que más han ganado visibilidad en el siglo XXI.
Por su parte, Falomir ha subrayado que, pese a que el Prado es un museo "más que bicentenario" -en noviembre cumplirá 207 años de historia-, en los últimos 25 años ha experimentado "más transformaciones que en los 182 anteriores", tanto en su apariencia física como en su modelo de gestión, volumen de visitantes, plantilla y presupuesto.
Esa modernización, según ambos expertos, tuvo uno de sus hitos en la Ley del Museo del Prado de 2003, que Falomir ha definido como un "traje a medida" y que convirtió a la pinacoteca en la primera institución cultural española en contar con una norma propia, posteriormente tomada como modelo por otros centros.
"No valía cualquier cosa, tenía que ser una ley que se atuviera a lo que era la realidad del museo y también las perspectivas del futuro", ha indicado.
Zugaza, que dirigió el Prado entre 2002 y 2017, ha recordado su participación activa en la redacción de la ley y ha insistido en que el objetivo no era una privatización, sino "la idea de la modernización" y de dotar al museo de mayor capacidad de gestión.
Antes de la ley, ha explicado, los recursos que generaba la institución no podían revertir en su propia actividad, y la única fuente estable de financiación adicional era la Fundación Amigos del Museo del Prado, cuya labor fue "absolutamente extraordinaria".
El exdirector ha destacado además la "generosidad" de los partidos políticos en un contexto de negociación complejo, sobre todo con el Ministerio de Hacienda, hasta lograr una norma aprobada por unanimidad de todo el arco parlamentario.
En el balance de estos años, el exdirector ha admitido que la consolidación de la autofinanciación tuvo un efecto negativo al "malacostumbrar" a la Administración, que llegó a recortar hasta un 60 por ciento el presupuesto público del museo. Por ello, ha advertido del riesgo de que el Estado "deserte de su responsabilidad de financiación".
BLOQUE AMPLIACIONES
En el plano arquitectónico, Falomir ha recordado que el auditorio donde se ha celebrado la conversación no existía hace 25 años y forma parte de la ampliación del Prado diseñada por Rafael Moneo, inaugurada en 2007, el mismo año en que reabrió el Casón del Buen Retiro. A ello se sumará en los próximos años el Salón de Reinos, todavía en obras, que el director confía en que "en dos años sea una realidad abierta al público".
Falomir ha defendido que la ampliación fue "necesaria" pero "a la medida de las necesidades del museo y sin afanes megalómanos", en contraste con otros proyectos internacionales que se endeudaron por encima de sus posibilidades. Zugaza, en su opinión, ha comentado que el retraso acumulado respecto a otras instituciones, como el Thyssen o el Reina Sofía, ayudó al Prado a dimensionar mejor la realidad y a "coaligar el esfuerzo de la ampliación con el esfuerzo de la modernización", evitando el desajuste habitual de construir nuevos espacios.
Otro de los grandes cambios abordados ha sido el de la museografía. Falomir ha subrayado que el proyecto expositivo de Fernando Checa -al frente del Museo de 1996 a 2001-, con una estructura cronológica muy definida, era "irreprochable desde el punto de vista histórico-artístico", pero que la reordenación posterior ha permitido reflexionar más sobre "la propia esencia del Prado".
En este sentido, ha citado como espacio emblemático el eje que se forma al situarse en el centro de la Galería Central, con Tiziano a la espalda, 'Las Meninas' de Velázquez de frente, los grandes retratos ecuestres y obras de Goya y los venecianos, una disposición que ayuda a comprender qué hace del Prado un museo singular.
DIGITALIZACIÓN Y PROHIBICIÓN DE FOTOS
En el plano de la comunicación, Zugaza ha recordado que una de las primeras decisiones fue reformar los accesos y repensar la señalética, entonces basada en grandes rótulos como "Renacimiento" o "Barroco", que no siempre conectaban con el público general. De la mano del diseñador Fernando Gutiérrez, se optó por una nueva imagen corporativa y por orientar al visitante a través de "nombres propios" -Tiziano, el Greco, Velázquez- para dibujar ese "barrio de artistas maravilloso" que es el Prado y adoptar un lenguaje "menos estrictamente académico y más cercano" al visitante.
Falomir ha recordado que el Prado fue pionero en el uso de tecnologías como las imágenes en alta resolución y en proyectos como la aplicación de Google Earth a la observación de obras de arte.En el capítulo de la experiencia de visita, Falomir ha mencionado la polémica pero pionera decisión de prohibir las fotografías en las salas, adoptada bajo la dirección de Zugaza ante la aparición de los primeros smartphones y el uso indiscriminado de flashes, que generaba "estrés" entre el personal de vigilancia.
El exdirector ha relatado cómo esa medida buscaba reducir la tensión de una vigilancia dedicada casi en exclusiva a recordar que no se podían tomar imágenes. "Creo que fue una decisión muy bien tomada", ha remarcado Zugaza. Aunque al principio la decisión fue recibida con críticas y acusaciones de "trogloditismo" por parte de algunos visitantes, Falomir ha señalado que con el tiempo las quejas se fueron "espaciando hasta desaparecer".
TAREAS PENDIENTES
Por último, Zugaza ha insistido en que "lo importante para cualquier institución es tener el futuro por delante" y que, en el caso del Prado, ese futuro se construye sobre "un pasado maravilloso" que facilita el camino. Entre las tareas pendientes, ha advertido sobre la necesidad de ser "cautelosos" con el crecimiento del número de visitantes en el marco del turismo cultural y la importancia de mantener una actitud prudente ante el uso de las tecnologías.
En este sentido, subraya que la experiencia del visitante debe seguir estando en el centro y al servicio de las herramientas digitales, y no al revés.