González Echegaray identifica al hombre paleolítico como el "gran superdepredador" de su época

El prestigioso historiador y arqueólogo cántabro clausuró el 18º Ciclo de Conferencias sobre Prehistoria de Puente Viesgo

Europa Press Cultura
Actualizado: jueves, 25 septiembre 2008 16:00

SANTANDER, 25 Sep. (EUROPA PRESS) -

Joaquín González Echegaray, doctor en Historia y Arqueología y director del Instituto para Investigaciones Prehistóricas, ha clausurado el 18º Ciclo de Conferencias sobre Prehistoria de Puente Viesgo, donde señaló que en el Paleolítico "había muchos depredadores pero el superdepredador era el hombre, que defendía su territorio y atacaba y se ensañaba con sus competidores y no precisamente para alimentarse, sino más bien para someter e imponer su supremacía a otros animales".

La ponencia, que giró sobre el hombre del paleolítico y su condición de gran depredador de su época, cerró de manera oficial el calendario de 13 conferencias programado este verano en Puente Viesgo por la Sociedad Prehistórica de Cantabria, que ya prepara el ciclo del próximo año, según recalcó su presidente, José María Ceballos, antes de la charla.

González Echegaray reafirmó su argumento con el hallazgo de gran número de huesos de depredadores encontrados en las cuevas prehistóricas de la Cornisa Cantábrica, como los de osos, hienas, lobos y leones de la época, de los que dijo "no eran cazados para comer porque su carne no era apropiada para ello, ya que para alimentarse cazaban otro tipo de animales, como los ciervos".

Para Joaquín González Echegaray, el hombre paleolítico contaba con "el odio ancestral del superdepredador con otros depredadores" y "una cierta agresividad inseparable de la raza humana porque hemos sido depredadores y superdepredadores, sobre todo antes de la revolución neolítica y de que el ser humano empezara a domesticar animales y extendiera la agricultura".

El ponente subrayó que el hombre prehistórico fue "un depredador en estado puro pero sin riesgo alguno para la ecología, ya que no destruía la naturaleza sino que estaba plenamente integrada en ella y ayudaba a conservarla".

En este sentido, el actual director del Instituto para Investigaciones Prehistóricas aclaró que "aunque se han encontrado depósitos de gran cantidad de huesos de animales en las cuevas, las investigaciones confirman que no corresponden a grandes matanzas, sino más bien a que se acumularon con el paso del tiempo".

El afamado prehistoriador cántabro aprovechó su argumentación sobre el carácter depredador del hombre paleolítico para repasar la amplia y variada fauna de aquella época en la Cornisa Cantábrica, cuando había incluso varios tipos de grandes carnívoros (dos razas de leones), de grandes herbívoros (dos de mamut y también de rinoceronte), además de bisontes, uros, ciervos, renos, rebecos, jabalíes y un gran número de pequeños mamíferos.

DIETA VARIADA

Joaquín González Echegaray matizó que "el hombre paleolítico, como omnívoro que era, no sólo se alimentaba de carne de grandes o pequeños herbívoros; también se alimentaba de pescado (salmón, lucio o mule, entre otros) y está documentado que comía desde grosellas a frambuesas, moras o avellanas".

El ponente desmintió la creencia de que el hombre prehistórico fuera carroñero, tal y como aseveran algunas teorías que lo identifican más como tal que como cazador.

En este sentido, puntualizó que "aunque circunstancialmente podían alimentarse de animales muertos, no podían ser carroñeros, y en esto hay ahora una cierta coincidencia científica porque está claro que el ser humano no podía competir en un banquete de carroña, luchando con otros animales para hacerse con ella, y además tampoco tiene la dentadura adecuada para triturar los huesos ni estómago para digerir carne en descomposición".

Por el contrario, el investigador cántabro se decantó por un hombre paleolítico predominantemente cazador, en un principio "oportunista" porque "en el Paleolítico Medio y comienzos del Superior, los estudios confirman que cazaba lo que podía sin más".

De todos modos, Joaquín González Echegaray, agregó que con el paso del tiempo, a partir del Solutrense, los cazadores se especializaron y, en el Magdaleniense, se centraron en la captura de los ciervos porque "eran abundantes, menos peligrosos que otros animales, su carne y su piel eran de gran calidad y por su tamaño se podía trasladar a la cueva para descuartizarlos en ella".

Esta progresiva especialización de la caza se observa, argumentó el ponente, en la evolución de las técnicas y los proyectiles utilizados en una época donde no hay constancia de la existencia de arcos y flechas, aunque sí de puntas de madera de lanzas en el Paleolítico Inferior.

Las excavaciones arqueológicas confirman el hallazgo de muchas más puntas y proyectiles de variados materiales correspondientes a la época del Paleolítico Medio, desde las elaboradas con sílex a las de muesca, aunque en el Magdaleniense es cuando se observan las primeras realizadas con asta de animales y con hendiduras para agregarlas veneno.

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