El Celje Pivovarna, campeón de Europa de balonmano en 2004. - RK Celje
MADRID, 27 Mar. (EUROPA PRESS) -
El balonmano europeo vivió una gran sacudida el 21 de diciembre de 2003, cuando el Celje Pivovarna ganó por 34-21 al Ademar León y firmó una actuación de ensueño en los octavos de final de la Liga de Campeones, forjando lo que acabó siendo la mayor conquista de su palmarés y también un ejemplo de la ebullición eslovena en este deporte.
A mes y medio para que el país balcánico albergase el Campeonato de Europa absoluto, el Celje había insuflado ánimos a la afición local. Y lo había hecho con la mayor remontada histórica del torneo, remozado en el curso 1993/94 al encargarse de su organización la Federación Europea de Balonmano (EHF) en vez de la Federación Internacional (IHF).
13 goles levantó el equipo liderado en ataque por Renato Vugrinec, quien le marcó nueve a un Ademar superado por las circunstancias. El pabellón Golovac, lujosa sede para el posterior Campeonato de Europa, se inauguraba ese mismo día frente más de 5.000 espectadores. Y todos vibraron desde el 4-3 en el minuto 12, momento del frenazo leonés.
Los pupilos de Manuel Cadenas, sin ayuda de los lesionados Kristian Kjelling y Petar Metlicic, encajaron ahí un parcial de 7-0 que dio alas al público y a un rival donde igualmente destacaron Siarhei Rutenka y Eduard Koksharov. Al mismo tiempo, el portero Dejan Peric amargó a los Uros Zorman, Raúl Entrerríos, Roberto García Parrondo y compañía.
Solo el desempeño del extremo Juanín García mantuvo un halo de esperanza para el cuadro visitante, que al descanso (17-7) ya había dilapidado gran parte de la renta lograda en la ida (38-25). El cuentagotas del Celje nunca bajó su ritmo y enfrente no había lanzadores puros, un hándicap para contrarrestar a la agresiva defensa local.
EL CONTRAGOLPE DE JUANÍN AL LIMBO
Koksharov igualó la eliminatoria con 15 minutos aún por gastar (26-13) y se entró en una fase de alternancia de goles. Las gradas del Golovac olieron el punto de inflexión y empujaron a sus jugadores, que tampoco esquivaron los nervios de los minutos finales. Hubo descuidos a un lado y a otro de la cancha, incluyendo un fallo de Juanín desde los siete metros y otro en la última posesión al contragolpe.
El cronómetro a cero plasmó la inmensa alegría del Celje, que pasó de ronda gracias al valor doble de los goles anotados en campo contrario. Y a la vez se escribió una de las peores páginas en la historia del Ademar, que por aquellos años luchaba con el FC Barcelona por todos los títulos nacionales junto al Portland San Antonio y al BM Ciudad Real.
Precisamente el club ciudadrealeño fue la víctima del Celje en las semifinales de su dorada Liga de Campeones, justo tres meses después de la hazaña contra el Ademar. Los eslovenos presumieron de inspiración en el Quijote Arena y luego remataron la faena en casa, avanzando con ello a su primera final de la máxima competición europea.
Redondeando el cuento de hadas, el conjunto entrenado por Miro Pozun se impuso al Flensburg-Handewitt en la eliminatoria definitiva. El 34-28 de la ida y el 30-28 de la vuelta erigieron al primer y, hasta la fecha, único equipo esloveno campeón de Europa de balonmano masculino. Al país solo le faltó la guinda del Campeonato de Europa, pues la selección nacional cayó en la finalísima ante Alemania (25-30).