MADRID, 10 DE AGOSTO (EDIZIONES)
El pasado domingo jugó el Real Madrid frente al Valerenga noruego. En principio, el bolo debería haber sido un espectáculo de goles del equipo blanco. Pero la realidad fue bien distinta. Tan distinta que no hubo goleada, sino que el marcador quedó a 0. Ningún gol. Poco espectáculo y poco juego. Y es que el juego de ataque de Benítez dejó mucho que desear. Cierto es que Benzema y Cristiano están lesionados. Cierto que son bajas mucho más que sensibles en el ataque madrdidista. Cierto que sin ellos el Madrid pierde activos importantes. Pero también es cierto que, a pesar de estas bajas, el Madrid debería haberse impuesto al Valerenga, un equipo desconocido en el mundo salvo para los noruegos.
Eso sí, Benítez salió contento. Salió contento con un Madrid inoperante de cara a gol. Cierto que la labor defensiva es buena -es difícil que encaje un gol y que le hagan ocasiones de peligro- pero la incapacidad ofensiva puede convertirse en un problema grande. No creo que ningún madridista recuerde que su equipo estuviera cuatro partidos de siete jugados sin anotar un gol. Es algo casi impensable para este equipo, y menos cuando se enfrenta a un rival tan inferior, al menos por nombre. Cierto que es la pretemporada, entrenador nuevo, nuevos planteamientos y demás. Incluso podemos asumir la frase típica de las pretemporadas para excusar resultados de “están más rodados”. Aceptamos pulpo como animal de compañía. Pero con jugadores de la talla de Bale, Jesé, James, Isco y demás, el gol debería ser habitual.
Dijo Rafael Benítez al finalizar el encuentro que el espectador se había divertido porque habían creado 20 ocasiones de gol. Es una forma de verlo. Y para contestar a la pregunta de por qué no había sido capaz de anotar un gol, la respuesta fue que le falta Cristiano Ronaldo. Es curiosa la evolución que ha tenido el técnico blanco respecto al 7 madridista. Cuando se le preguntó por CR7 a su llegada dijo que era un gran profesional, con ambición y demás. No dijo que era el mejor del mundo, tal y como se esperaba. Unos días después rectificó y lo dijo. Y ahora achaca los problemas ofensivos de sus pupilos a que el delantero luso no juega. Ha entrado en la Cristianodependencia.
Para ser justos, no es el primero en asumir este concepto. Desde que llegó el portugués a las filas del equipo de Concha Espina ha sido un jugador imprescindible, de cara a gol, por supuesto, y también de cara a conseguir títulos. Es tan buen jugador que su baja en un partido se nota. Y mucho. Por eso, las quejas de Benítez tienen razón de ser y sentido. Para más inri, Benzema también ha caído lesionado, y es incluso duda para el primer partido de liga ante el Sporting de Gijón. No lo dice sin razón, cierto es, pero tampoco debe servir de excusa ni de justificación.
Paciencia. Hay que darle confianza y tiempo a Benítez, al sistema y a los jugadores. Si al político que sale elegido en unas elecciones se le dan 100 días para hacerse con el cargo y empaparse de todo, ¿por qué no tener la misma gentileza con Rafa Benítez?