Cuando éramos reyes

Actualizado 11/07/2015 18:59:05 CET

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MADRID, 11 Jul. (EDIZIONES) -

   Hoy, 11 de julio de 2015, se cumplen 5 años de la victoria de la selección española de fútbol en el Campeonato Mundial de Sudáfrica 2010. ¿Cómo olvidarlo? España venía de ganar la Eurocopa 2008 con el famoso gol de Fernando Torres contra Alemania. Era una de las serias candidatas al título. Y nosotros, los españoles, por fin y de verdad lo creíamos. Teníamos jugadores. Teníamos equipo. Teníamos juego. Teníamos hambre. Mucha hambre. De victoria y de gloria.

   Todo empezó así:

   https://youtu.be/dzsuE5ugxf4

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   El grupo H donde se había encuadrado España, a priori, era factible. Debía pasar de ronda. Un cuadro con Suiza, Honduras y Chile en el que La Roja, sin duda, era favorita. El primer partido debíamos jugarlo contra Suiza. La victoria era nuestra. Pero...

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   Caímos inesperadamente. Jugamos mejor. Infinitamente mejor. Pero no siempre el mejor gana. Así es el fútbol. Mal comienzo y las dudas comienzan a entrar en las cabezas de todos nosotros. Vicente del Bosque era el único al que se le veía tranquilo. Confiaba en sus jugadores.

   No era tiempo de encallar y lamerse las heridas. Había que pensar en Honduras y en cómo ganar. Era el siguiente reto. Una honduras peleona y aguerrida que no puso nada fácil las cosas al conjunto español. Conseguimos la victoria. Por 2 goles a 0. Hay luz.

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   Llegaba el tercer y definitivo partido de la fase de grupos. España se lo jugaba todo. Debía ganar a Chile para encabezar el grupo y clasificarse para octavos de final. Nos pusimos por delante en el marcador con 2-0 con goles de Villa e Iniesta. Pero los chilenos quisieron ponernos en aprietos marcándonos un gol. Finalmente, el partido se calmó en los últimos instantes, ya que a ambos les valía el resultado para clasificarse.

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   Nos esperaba Portugal y Cristiano Ronaldo en octavos de final. Nuestros vecinos fueron un hueso duro de roer. La Roja hizo un buen partido y mereció ganar. Incluso por más del 1-0 con el que acabó el encuentro. Los de Vicente del Bosque estaban decididos a hacer sufrir a una España que vibraba en cada jugada, en cada de pase de Xavi a Iniesta, en cada despeje de Sergio Ramos o cada parada de Iker Casillas. Pero al final, nos lo llevamos, y llegamos a cuartos de final.

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   Cuando los españoles supimos que sería Paraguay quien se enfrentaría a nosotros en el partido previo a la semifinal, todos pensamos algo así como: ¡Está hecho! Pero la rocosa, pegajosa, dura y correosa Paraguay no se dejó vencer fácilmente. Incluso pudo sacarnos del mundial si Cardozo hubiera anotado el penalti que pitaron sobre el minuto 58 de partido y con 0-0 en el marcador. Pero estaba Iker. El Santo. Ese ángel de la guarda que intuyó el disparo del ariete paraguayo y detuvo el penal.

   Un minuto después, Xabi Alonso convertía un penalti cometido sobre Villa. Todos sacamos nuestros corazones por la garganta hasta que vimos que había que repetirlo. El segundo lo falló. Este partido era de sufrirlo. Hasta el gol que anotó Villa fue sufrido, cuando recogió un rechace al palo a disparo de Iniesta. El disparo del 7 entró en la meta rival, no sin antes tocar en ambos palos primero. No podía ser más emocionante.

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   Ya estábamos en semifinales. Por primera vez en la historia del fútbol español en semifinales, la mejor marca hasta el momento (sin contar con el cuarto puesto del mundial de Brasil de 1950, que quedamos en cuarto puesto pero con otro sistema de eliminación) Jugamos contra la potentísima Alemania. Esa Alemania a la que ya teníamos cogida la medida. A la que ya habíamos batido en la final de la Eurocopa de 2008. Y volveríamos a hacerlo. Con el golazo de cabeza, tras saque de córner de Xavi, de Carles Puyol. Habían ensayado y les salió a la perfección. España entera no podía creérselo. Estábamos en la final. ¡En la final!

 

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   11 de julio de 2010. Enfrente, Holanda. La Naranja Mecánica estaba sedienta de triunfos. Ya había llegado a dos finales mundialistas y las dos había sucumbido. No hay dos sin tres, dicen. Salieron con rabia. Si no, que se lo expliquen a Xabi Alonso tras recibir la entrada, criminal, que le hizo De Jong. O que se lo expliquen a Iniesta, que no paró de recibir palos de su "amigo" Van Bommel.

   Lo cierto es que los holandeses tuvieron la victoria en la mano. Pero no contaron con Iker Casillas. El capitán de La Roja, el iluminado, el elegido de la diosa Fortuna, desbarató dos ocasiones a Arjen Robben que salvaron el partido. Este chico está tocado por lo divino.

   España fue mejor, sí, pero no fuimos capaces de anotar. Fuimos a la prórroga. Ya había gente que no podía ni mirar a la televisión. La tensión, los nervios y el corazón a mil revoluciones no les dejaba ver el tiempo extra. Y llegó el minuto 116. Llegó Iniesta. ¡Iniesta de mi vida! ¡Iniesta de España! Fue el que supo poner el temple necesario para enviar el cuero al fondo de la portería holandesa. Gol. El Gol. Lo mejor para describir ese momento son tus propios recuerdos. Sin palabras.

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   ¡Éramos campeones del mundo! ¡Sí! Somos de esos pocos privilegiados que pueden llevar una estrella en el pecho. De los pocos equipos que han ganado un mundial. Orgullo. Orgullo de nuestros jugadores. Orgullo de un país cantando al unísono las glorias del fútbol. Orgullo.

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