BARCELONA 8 Oct. (EUROPA PRESS) -
El ambiente festivo y la manifestación política se dieron la mano hoy en el Camp Nou con motivo de la disputa del partido entre las selecciones de Catalunya y Euskadi, un amistoso esperado que llegó 35 años después del último, disputado en Bilbao en 1971, y que convirtió el estadio del FC Barcelona en un gran escaparate para la reivindicación de nacionalistas catalanes y vascos, tanto para pedir la independencia de ambos pueblos como para reclamar la oficialidad de sus selecciones deportivas.
El presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, y el lehendakari, Juan José Ibarretxe, presidieron el partido en el palco del Camp Nou, repleto de personalidades políticas, como los presidentes de los Parlamentos catalán y vasco, Ernest Benach e Izaskun Bilbao, respectivamente, y varios consejeros de ambos Gobiernos, como los catalanes Francesc Baltasar y Ferran Mascarell y la vasca Miren Azkarate, y otros líderes políticos como Artur Mas (CiU) o Joan Puigcercós (ERC).
El partido, disputado bajo el lema 'Juntos por la paz', reunió a 56.300 espectadores, con público de todas las edades, y se jugó en un ambiente de fiesta, con actuaciones musicales previas y otras actividades, y en general de hermanamiento entre los aficionados catalanes y los hinchas llegados desde el País Vasco, unidos además por el deseo común de obtener el reconocimiento oficial de sus selecciones para jugar torneos internacionales, que también dio paso a otro tipo de reivindicaciones políticas.
La cita convirtió el Camp Nou en una gran manifestación de marcado carácter reivindicativo en que el público exhibió numerosas pancartas de contenido puramente político en favor de la independencia de Catalunya y Euskadi, entre ellas una gigante y ya famosa con el lema 'Catalania is not Spain' y también varias para pedir el acercamiento o la libertad de los presos de ETA, una de ellas dedicada al etarra Iñaki De Juana, que permanecieron colgadas en la grada durante todo el encuentro.
Una de las escenas de la jornada llegó en el descanso del partido, cuando la mayoría de aficionados se quitaron sus camisetas, en una acción promovida por la Plataforma Pel Dret de Decidir y que se deriva del polémico anuncio de la Plataforma Pro Seleccions Esportives Catalanas, en que un niño vestido de la selección española prohibía jugar en un partido a otro con la camiseta de la selección catalana, que se la acababa quitando para poder jugar.
Un mar de 'senyeras' catalanas y también muchas ikurriñas dieron un gran colorido a las gradas del Camp Nou, donde se repitió la ola en varias ocasiones, durante buena parte del partido trasladando una pancarta de la Plataforma Pro Seleccions Esportives Catalanas, y también se produjo la quema de varias bengalas al inicio del partido, cuando ambos equipos saltaron al terreno de juego, en el que los vascos posaron junto a una pancarta para pedir la oficialidad de su selección.
En una cita que Barcelona no acogía desde 1930, cuando la selección vasca ganó por 0-1 en Montjuïc, el Camp Nou registró más de media entrada con la presencia de 56.300 espectadores, la cual fue anunciada por megafonía como la tercera mayor asistencia de público de los partidos internacionales de selecciones disputados este fin de semana, después de que el 'speaker' repasase las cifras de todos los encuentros, entre ellos el Suecia-España, que fue recibido por la grada con una sonora pitada.