MADRID 23 Ene. (EUROPA PRESS) -
Aplicarse perfume en el cuello es un gesto casi automático para muchas personas desde hace años. Sin embargo, algunos profesionales sanitarios advierten de que esta práctica, tan extendida como aparentemente inofensiva, puede no ser la opción más recomendable desde el punto de vista de la salud.
Así lo explica el enfermero y divulgador sanitario Jorge Ángel, conocido en redes sociales por compartir consejos de autocuidado y salud. Según señala, el cuello es una zona especialmente sensible del cuerpo y conviene tener en cuenta cómo interactúa con determinadas sustancias químicas presentes en perfumes y colonias.
POR QUÉ EL CUELLO NO ES LA MEJOR ZONA
Tal y como detalla el enfermero, la piel del cuello es muy fina y está altamente irrigada, lo que facilita la absorción de las sustancias que se aplican sobre ella. Además, en esta zona se localizan estructuras clave relacionadas con la regulación del metabolismo, la temperatura corporal, el estado de ánimo y los niveles de energía.
Los perfumes y colonias contienen compuestos químicos que, al ser absorbidos por la piel, pueden actuar como disruptores hormonales. Esto significa que podrían interferir en el funcionamiento normal del sistema endocrino, especialmente si la exposición es frecuente y prolongada.
¿HAY QUE PREOCUPARSE O CAMBIAR HÁBITOS?
El propio enfermero aclara que no se trata de generar alarma ni de pensar que usar perfume en el cuello sea peligroso de forma inmediata. "Siempre lo hemos hecho así y no hay que rayarse", señala, subrayando que el riesgo no es urgente.
No obstante, recomienda evitar exposiciones innecesarias cuando existen alternativas sencillas. "Si podemos evitar gestos tan simples como este, todo suma", explica, en referencia a reducir la carga diaria de sustancias potencialmente disruptoras.
DÓNDE APLICAR EL PERFUME DE FORMA MÁS SEGURA
Como alternativa, el enfermero aconseja aplicar el perfume sobre la ropa, de forma ligera, o en zonas como las muñecas, donde la piel es algo más resistente y la absorción es menor. Estas opciones permiten disfrutar del aroma sin concentrarlo en áreas especialmente sensibles.
De este modo, pequeños cambios en hábitos cotidianos pueden contribuir a un mayor cuidado del organismo sin renunciar a gestos habituales, como el uso de fragancias, que forman parte del día a día de muchas personas.