MADRID 17 (EUROPA PRESS)
El mundo de los quesos puede resultar complicado para aquellos que empiezan a adentrarse en las especialidades de los lácteos. Sin embargo, el color de la corteza puede servir como punto de referencia para diferenciar las diferentes categorías.
En el caso del camembert, el brie u otras variedades regionales, estos son fácilmente identificables por su exterior blanco y sedoso. Sin embargo, a diferencia de otros quesos con exteriores de cera o cortezas naturales, esta superficie tiene una particularidad que sirve para más que la estética.
QUÉ ES LA CAPA BLANCA
La superficie blanca y aterciopelada en quesos como el brie y el camembert es un hongo llamado penicillium. De acuerdo con el carnicero Albert Ribot, conocido como Sagaribot en redes sociales, a menudo se utiliza la variedad Penicillium camemberti en estos quesos blandos para crear esa corteza distintiva.
Estos hongos degradan las proteínas y las grasas del exterior del queso, lo que suaviza su textura. El carnicero señala que, además de ser seguro para su consumo, este moho suele ser el mismo que se utiliza en el fuet, aunque la variedad es diferente.
¿PARA QUÉ SIRVE?
Esta capa de hongos cumple una función muy importante: protege el queso y su textura. Ribot explica que su presencia evita que el queso pierda demasiada humedad durante el proceso de maduración, lo que conserva su textura cremosa.
Además de actuar como una barrera protectora contra bacterias no deseadas, esta corteza también aporta matices de sabor y aroma característicos de estos quesos. A diferencia de las variedades azules que también contienen penicillium, como el roquefort y el cabrales, la acción del moho es desde el exterior al interior, en lugar de a la inversa.
No obstante, en el caso de que empiece a aparecer moho no deseado sobre la superficie del queso, se recomienda tirarlo por completo en lugar de retirar la parte afectada. Lo mismo se aplica si empieza a tener un olor desagradable, ya que indica que puede estar contaminado.