DESCONECTA, 15 May.
Gino Bartali, uno de los mejores ciclistas italianos de su época, tres veces campeón del Giro de Italia y dos veces ganador del Tour de Francia, pasó a la historia por sus triunfos deportivos, como él quería, hasta que se descubrió que este hombre fue uno de los héroes anónimos que salvó la vida a muchos judíos perseguidos por el Régimen de Mussolini.

Hasta su muerte en el año 2000, Gino había conseguido guardar su secreto sesenta años. Sin embargo, durante su vida no pasó desapercibido para Benito Mussolini, quien "creía que si un italiano terminaba triunfante el Tour, eso mostraría que los italianos también pertenecían a una raza superior".

Por ello, Mussolini quiso que "el hombre de hierro" le dedicara públicamente su victoria. Contra todo pronóstico, el ciclista rechazó tajantemente la invitación, poniendo su vida en peligro por considerarse un grave insulto hacia el Dictador.
El auténtico héroe de Italia no era el ciclista campeón que ellos pensaban.
Bartali era considerado un auténtico símbolo del fascismo italiano y gracias a ello, pudo desempeñar el que sería el papel de héroe de su vida, sin levantar sospechas. Bartali se unió a una organización dedicada a salvar la vida de los judíos, que por aquella época se refugiaban en Italia de los nazis alemanes que querían enviarlos a los campos de concentración judíos y a los hornos crematorios.

Tras aceptar un ofrecimiento del cardenal de Florencia y de Giorgio Nissim, Bartali cogió su bicicleta y empezó a recorrer las calles de Italia, sin levantar sospechas. Su única misión era transportar fotografías, falsos documentos y pasaportes elaborados en imprentas clandestinas y lo hacía escondido en el manubrio, el marco o debajo del sillín de la bicicleta.

Entre 1943 y 1944, se recorrió cientos de kilómetros haciendo como que entrenaba, recibiendo los entusiastas saludos de los soldados italianos afines al Régimen, para los que suponía un ídolo.
En un momento dado, el ciclista fue detenido e interrogado por parte de la policía secreta fascista en Florencia, donde tenía su residencia, por resultar sospechoso de ayudar a los judíos. De hecho, tenían más de un motivo para arrestarle y es que, también dio cobijo a una familia judía.
Según cuentan, Bartali salió airoso de aquellas acusaciones sin pruebas, pidiendo que su bicicleta no fuera registrada ya que estaba diseñada y calibrada para obtener la mayor velocidad posible.
El mundo conocía su historia 3 años después de su muerte.
En 2003, los hijos de Giorgio Nissim descubrieron un diario de su padre en el que no se perdía detalle de cómo funcionaba la organización clandestina que formaron. En él, se explicaban los misteriosos viajes, dónde escondía los documentos y el momento en que se opuso a Mussolini.
Y también se revelaba el hecho de que gracias a Gino Bartali, 800 judíos pudieron evitar su fatídico desenlace en algún campo de concentración alemán gracias a su bicicleta.
